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| 4/29/2006 12:00:00 AM

El reino perdido

Su crisis política ha puesto en el centro de la atención mundial a un país como Nepal, sólo conocido por el Everest. Estas son las claves para entender ese lejano drama.

En las últimas semanas, las protestas lideradas por la oposición y la guerrilla maoísta hicieron tambalear a la monarquía nepalesa que, tras tres semanas de levantamientos, tuvo que comprometerse a restaurar la democracia. Desde el exterior, la presión internacional de Estados Unidos, China, Reino Unido y la ONU también fue determinante para ello.

El lunes el rey Gyanendra prometió "proteger la democracia multipartidista y restaurar la paz". Restableció el Parlamento, que el viernes empezó a sesionar, y nombró a Girija Prasad Koirala como primer ministro. La guerrilla decretó una tregua de tres meses y desbloqueó los accesos de las ciudades. Prachanda, líder del grupo, anunció que seguiría la lucha por convocar una asamblea constituyente. Aunque en el ambiente hay optimismo, también está fresco el fracaso del anterior proceso de paz, roto en 2003, y tras el cual estalló como nunca la violencia.

Algunos opositoresdesconfían del rey, quien en febrero del año pasado decidió repetir su actitud de 2002: disolver el Parlamento, apresar a los líderes partidistas y asumir el poder. Esta vez el rey se justificó por la corrupción administrativa y el fracaso del primer ministro, Sher Bahadur Deuba, para acercarse a los rebeldes maoístas que han ganado terreno en los últimos años.

Mientras el pueblo se muere de hambre, la idea de formar una 'República Popular de Nepal', inspirada en el modelo de China, toma fuerza entre las castas más excluidas. El temor de los aristócratas es que los maoístas logren la meta de destronar al rey, como se lo propusieron desde 1996, cuando el Partido Comunista de Nepal lanzó su 'guerra popular'. Resulta extraña la influencia del grupo guerrillero peruano Sendero Luminoso en la ideología de los maoístas nepaleses. Como los suramericanos, pretenden tomarse el poder por la violencia, que ha dejado cerca de 15.000 muertos.

Esta violencia ha provocado que se hayan reducido las posibilidades de crecimiento del país, que ocupa los primeros puestos en las listas de los menos desarrollados. Una de cada tres personas vive bajo la línea de pobreza y el sector productivo se reduce al agro, que sostiene tres cuartos de la economía. El turismo se ha venido a menos por la guerra. El número de exploradores que buscan conquistar la cima del monte Everest es cada vez menor.

Se espera que tras la decisión del monarca las cosas mejoren, sin embargo, su capacida está en tela de juicio. Al parecer, ninguna de sus decisiones se da sin previa consulta a un astrólogo. Según la revista The Economist, al inicio de la crisis se negó a dejar uno de sus palacios porque un eclipse le pareció un mal auspicio. Cuando se le preguntó al vocero si era cierto que el rey consultaba astrólogos, respondió: "Yo también lo hago (...) si usted viviera en Nepal por un tiempo, también lo haría".

Y es que en ese país perdido en las estribaciones del Himalaya muchas cosas parecen irreales. Una muestra de ello es la llegada de Gyanendra al trono. El primero de junio de 2001, Nepal saltó a las primeras planas mundiales, cuando el rey Birenda fue asesinado junto a varias personas de la corte, entre ellas la reina, a manos del príncipe heredero, Dipendra. Éste luego intentó suicidarse y fue proclamado rey por tres días y en estado de coma. A su muerte, su hermano menor, Gyanendra, asumió el poder.

Hoy el panorama luce incierto para Nepal. Entre la monarquía y el comunismo, la situación parece irreconciliable y la solución parece tan inverosímil como una de las tantas historias que suceden allí.
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