Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1995/12/11 00:00

EL SALARIO DEL MIEDO

En las elecciones presidenciales de Argelia se espera que corra la sangre.

EL SALARIO DEL MIEDO

LAS ELECCIONES PRESIdenciales del jueves en Argelia no se parecen a las que tienen lugar en el resto del mundo. Son las primeras desde los fallidos comicios de 1991, cuando el gobierno del Frente de Liberación Nacional -FLN-, que gobernó al país como partido único desde la independencia de Francia en 1962, las canceló tras la primera vuelta para evitar la segura victoria de los fundamentalistas del Frente Islámico de Salvación -VIS-, que pretendían- y pretenden convertir a Argelia en una república islámica regida por las normas del Corán, al estilo de Irán o Sudán. Los comicios están destinados a legitimar ese orden de cosas, pero el FIS ha sido marginado del proceso, lo cual explica que haya llamado a sus seguidores a boicotear lo que consideran una farsa.
Por su parte los extremistas del Grupo Islámico Armado -GIA-, que reivindican los actos terroristas con coches bomba en Argelia y los asesinatos de turistas extranjeros y franceses residentes, amenazan de muerte a todo argelino que se acerque a las urnas.
Por eso es evidente que esta consulta no significa respiro alguno para Argelia, cuya población se encuentra desde 1991 entre el fuego cruzado del terrorismo islamista y de una presión gubernamental cada vez mayor, ejercida por militares y fuerzas paramilitares.
Esta guerra civil, que ha costado más de 30.000 vidas, no reconoce su propia existencia (hay poquísimas imágenes de su violencia porque el gobierno controla todas las fuentes de información) y elige sus víctimas no sólo entre los combatientes. Mujeres son degolladas, jóvenes estudiantes y escolares son secuestradas y asesinadas por personas que se dicen del Grupo Islámico Armado, para mostrar el castigo a las que aceptan asistir a la escuela que no sea coránica, músicos célebres caen por 'violar' la austeridad coránica que rechaza esa 'degenerada' expresión cultural de Occidente.
Europa observa con temor este polvorín que estalla a sus puertas y desde sólo hace unas semanas la lucha contra el terrorismo argelino escondido en Suecia, Bélgica, Alemania y, sobre todo, en Gran Bretaña, está recibiendo una respuesta enérgica o por lo menos una respuesta que se hace pública.
Después de la reunión del presidente francés Jacques Chirac con el primer ministro británico John Major hace dos semanas, la nueva Scotland Yard procedió a varias detenciones, entre ellas la de Abu Fares, acusado de ser el cerebro de varias operaciones terroristas este verano en Francia.

620.000 ARGELINOS VOTAN EN FRANCIA
El plan Vigipirata de alerta máxima sigue vigente en Francia, en especial cuando los 620.000 argelinos mayores de 18 años domiciliados en el país comenzaron a votar el sábado 11; 300 policías franceses responden por la seguridad de las 22 mesas electorales en todo el territorio. La mayoría de los inmigrantes argelinos irá a votar, justamente, porque espera de las urnas un poco de paz para el torturado país de origen.
Tendrán que elegir entre el presidente actual, general Liamine Zeroual, militar de carrera y candidato del Ejército; Mahfoud Nahnah, el jefe del Hamas, considerado como un islamista "moderado' y conservador; Said Saadi, responsable de Reunión Cultural y Democrática -RCD-, el más antiislamista, el más laico, y Nureddine Bukruh, un outsider, un liberal presentado como hombre de la reconstrucción y de la reconciliación a la cabeza del Partido de la Renovación Argelina. Pero ninguno de estos hombres pudo hacer campaña en Francia, el Ministerio del Interior francés lo prohibió.
El centro de París en su vida cotidiana parece muy ajeno a esta cita con las urnas, pero con sólo viajar 10 minutos en metro, en Barbes Rochechouar, uno de los barrios del norte de la capital donde el árabe parece el idioma nacional, donde el té a la menta sustituye al café, donde el couscous (la sémola de trigo con legumbres y carne de cordero) reemplaza al poulet frites, donde el kashabia, de pardo pelo de camello esconde casi, con su capucha el rostro marcado como con buril de algún viejo inmóvil o el largo chador que deja sólo visibles manos y rostro de la mujer recoge el polvo de la calle parisiense... es suficiente llegar hasta allí, Barbes Rochechouar, para sentir un mundo en ebullición esperando los resultados de una elección en la cual el terrorismo oculta la falta de proyectos para el mañana de una guerra que no quiere confesar su nombre.-

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