Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1990/04/02 00:00

El segundo milagro

El mundo se prepara para el nacimiento de una nueva superpotencia mundial.

El segundo milagro

Hasta hace poco tiempo parecía un imposible histórico. Hoy, tras los múltiples y acelerados cambios que ha experimentado Europa Oriental en los últimos meses, la reunificación de Alemania aparece como una posibilidad real. "Somos alguien nuevamente" es el slogan que se repite aquí y allá. Los alemanes piensan que han ganado, en franca lid, el derecho a la unidad. En Occidente llevan cuatro décadas de democracia, y en el Este han derrocado a una dictadura. Ahora, los cuatro poderes aliados deben abrirles paso. Todo parece indicar que los perdedores de la Segunda Guerra Mundial surgen como los ganadores de la guerra fría.
Con cerca de 80 millones de habitantes y unas fuerzas militares combinadas que alcanzan 1.8 millones de hombres entre soldados regulares y reservistas, Alemania será mucho más que la suma de sus dos partes: una nueva superpotencia en Europa. De ahí que el canciller de Alemania Federal, Helmut Kohl, haya apresurado conversaciones con Moscú y Berlin, para poner en marcha, cuanto antes, el proceso de la reunificación. Con una variante, sin embargo. Si antes se había diseñado un plan gradual que implicaba la reconstrucción económica de Alemania del Este cuyo resultado sería la reunificación, ahora la reunificación se plantea como el punto de partida y sobre la base de una propuesta de unificación de la moneda. Esto ha sido determinado fundamentalmente por las fuertes presiones políticas internas y la amenaza de una crisis económica en la República Democrática Alemana, que ve como cada día dos mil ciudadanos emigran hacia Occidente. Y es precisamente por este paulatino colapso de la economía por lo que algunos alemanes piensan que la unión significara más costos que beneficios.
"Lo que se va a producir es una anexión de la pobreza", dicen. Y algunas cifras indicarían que esto no es una exageración. Para que Alemania del Este alcance los niveles de la República Federal, se necesitarían entre 300 y 650 millones de dólares. De acuerdo con algunos estudios, solo los servicios sociales le costarían al gobierno de Bonn un extra de 6 mil millones de dólares anuales, en parte porque la reconstrucción de la economía de Alemania Oriental dejará inicialmente a cerca de 1.4 millones de personas sin empleo. Por otra parte, los salarios de los alemanes occidentales permaneceran estancados en el mejor de los casos, porque algunos estiman que se tendrán que producir recortes hasta del 30%, mientras los trabajadores estealemanes son absorbidos.
¿NUEVO MILAGRO?
A largo plazo, sin embargo, la unificación podrá significar un nuevo "milagro alemán". La tasa de crecimiento para la década del 90 será del 3.3% anual, comparado con el 2% de Estados Unidos. La mayor parte del dinero que se utilizará en los planes económicos será privado, y con los grandes excedentes comerciales que se proyectan -en el 89 fueron 80 mil millones de dólares, en comparación con el déficit norteamericano de 108 mil millones- Alemania Federal tendrá plata contante y sonante para invertir. Los más grandes nombres de la industria alemana, como Volkswagen y Siemens, por ejemplo, están buscando asociarse como miles de pequeñas firmas para ampliar su capacidad industrial hacia el Este. Si a esto se suma la apertura de nuevos mercados en Europa Oriental, la posición de Alemania resulta francamente positiva. No sólo presenta una localización geográfica ideal, sino que hay algo que los alemanes hacen mejor que todo el mundo, incluídos los japoneses: la fabricación de bienes de exportación. Su capacidad industrial fuertemente inclinada a la producción de maquinaria y sistemas industriales, químicos y alta tecnología, que es lo que Europa Oriental necesita, su tendencia exportadora y su fuerza de venta -la mayor del mundo- le confieren características excepcionales frente al resto de los países de Europa y la pueden convertir en el mayor poder industrial europeo.
Una Alemania unida constituye el más fuerte reto para Europa. Por eso la Comunidad Económica Europea está preocupada no sólo por las implicaciones que tiene la unificación de la moneda alemana, que puede interrumpir el proceso de unificación de la moneda de la Comunidad, sino porque Alemania puede enfocar más sus intereses hacia sus vecinos del Este, que hacia los países europeos de Occidente.
Un aspecto técnico crucial en el proceso es el de cuál será la tasa de conversión del marco estealemán. Una tasa cercana a la real del mercado negro (7-1) sería grave para la República Democrática Alemana, pues prácticamente borraría de un plumazo los ahorros. Una tasa más favorable, cercana al cambio oficial (3-1) facilitaría la transición a una economía de mercado competitiva, pero dispararía la inflación y determinaría un alza en las tasas de interes de Occidente. Se ha dicho, sin embargo, que el gobierno de Bonn se ira por el camino del medio, que sería una escala gradual que daría una tasa más favorable para los marcos estealemanes destinados para adquirir vivienda e inversión.
Pero la moneda unificada también pondría a la vieja y obsoleta industria de Alemania del Este a competir con el poder industrial de sus viejos hermanos. Esto llevaría, inevitablemente, a incrementar los precios y a un cierre masivo de fábricas ineficientes. El desempleo, que un sistema de economía central planificada previene podría ascender del 2% estimado a 15% en el primer año de la reforma.
LOS VIEJOS FANTASMAS
La idea de Alemania como una nueva superpotencia con dominio en todos los campos, desde el militar hasta el deportivo, ha sacado del baúl algunos fantasmas. Sus vecinos, principalmente la URSS y aquellos que sufrieron la ocupación y las atrocidades del nazismo y la guerra, temen por la seguridad del continente. Y la gran pregunta es cómo podrá garantizarse mejor. ¿Con una Alemania neutral frente a la OTAN y al Pacto de Varsovia -que es la posición de Moscú y Berlín del Este- o con una Alemania vinculada a la OTAN, que es lo que defienden Gran Bretaña Francia, Polonia y Estados Unidos? El canciller soviético Eduard Shevarnadze ha dicho: "El mundo necesita garantías de que el peligro de una guerra no volverá a surgir en Alemania". Kohl, canciller alemán, ha contestado: "Para todos aquellos que dicen que los alemanes quieren crear un cuarto Reich, hay dos respuestas claras. Primero, después de 40 años nos hemos probado a nosotros mismos que somos serios y confiables compañeros en Europa y, segundo, somos un país preparado para fortalecer el Parlamento Europeo".
Los analistas aseguran que si Gorbachov permanece en el poder y Europa Oriental continúa moviéndose en la dirección de las democracias occidentales europeas, la OTAN empezará a jugar un papel cada vez menos importante en la medida en que desaparezcan las grandes viejas amenazas. Pero si las amenazas existen, los aliados querran toda la capacidad de la OTAN como hasta hace poco tiempo. Con Alemania fuera de la OTAN, el mayor peligro radica en que la seguridad se buscará armando a sus fuerzas y aún adquiriendo armas nucleares.
Sin embargo, no hay evidencia de ello, ni de que los alemanes quieran apoyar una decisión en ese sentido pues los dos estados alemanes han firmado un tratado de no proliferación de armas. Aún más, una vez lograda la reunificación, las fuerzas combinadas deberan disminuír su tamaño. Por lo pronto, Bonn planea reducir su personal militar de 495 mil hombres a 420 mil en 10 años, aunque hay quienes piensan que los recortes serán mayores. Alemania del Este, por su parte, también ha diseñado un plan para reducir su fuerza militar.
En teoría, Washington y Moscú también están preparados para reducir a 195 mil hombres cada uno sus tropas en Europa central. Inclusive Moscú ha pensado en un total retiro de Europa Oriental para 1995. Así, pues, lo que antes parecía una utopía, ahora parece convertirse en realidad.
"Nosotros los alemanes -afirma el canciller Kohl- tenemos ahora la oportunidad histórica de realizar la reunificación de nuestra madre patria. Nunca habíamos estado tan cerca de nuestra meta". Y a pesar de los muchos obstáculos que aún faltan por salvar, tres de cuatro alemanes apoyan esa meta: Alemania unificada.

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