Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2009/07/25 00:00

El 'show' de 'Mel'

El anunciado regreso de Manuel Zelaya tuvo tintes de comedia y no ayudó a solucionar la crisis política del país centroamericano.

Manuel Zelaya alzó victorioso la cadena que divide a Honduras y Nicaragua, pero apenas cruzó la frontera por un par de horas

La segunda no fue la ven-cida. En un episodio más histriónico que otra cosa, el depuesto presidente de Honduras, Manuel 'Mel' Zelaya, volvió a pisar su país el viernes pasado. Pero su tan anunciado regreso fue efímero. Zelaya partió por tierra desde Managua, capital de la vecina Nicaragua, llegó hasta la población de Los Pasos y, rodeado de cámaras y simpatizantes, le dio la mano al oficial del puesto fronterizo. Aparentemente, habló desde allí con el alto mando militar, el mismo que decidió sacarlo en pijama del país para ponerlo en un avión rumbo a Costa Rica hace un mes. Casi todo el tiempo estuvo pegado a su teléfono celular. Cuando finalmente cruzó la cadena que divide los dos países, la alzó en un gesto triunfal. Sin embargo, todo terminó en un papelón. Zelaya a duras penas pasó un par de horas en territorio nicaragüense, a pocos metros de la línea divisoria, dio media vuelta y se devolvió a Nicaragua.

Desde cuando fue expulsado del país, Zelaya ha apelado en más de una ocasión a su hombría y prometió regresar desde el primer momento. El del viernes fue otro intento fallido, como el del 5 de julio, cuando su avión sobrevoló Honduras pero las fuerzas militares del país le impidieron aterrizar en Tegucigalpa. Ese día, el Ejército reprimió a sus simpatizantes, con el saldo trágico de por lo menos dos muertos.

Con ese antecedente, muchos advirtieron a Zelaya que su regreso podría provocar un baño de sangre. Desde el gobierno de Estados Unidos, hasta el propio José Miguel Insulza, secretario general de la OEA, quien ha respaldado decididamente su restitución en el poder (ver siguiente artículo), criticaron la idea. El gobierno de facto liderado por Roberto Micheletti dijo que si llegaba, le esperaba la cárcel. Pero 'Mel', como lo apodan, decidió ignorar los riesgos en un gesto temerario.

El depuesto Presidente emprendió su aventura después de que sus representantes dieron por fracasada, el miércoles pasado, la negociación en la que mediaba el presidente costarricense, Óscar Arias. Y el regreso de Zelaya fue muy a su estilo, con su característico sombrero y rodeado de una cadena humana de sus seguidores. La escena recordaba, precisamente, la que originó la crisis hace poco más de un mes, cuando las cortes, la Fiscalía y el Congreso declararon ilegal su "consulta" para reformar la Constitución y 'Mel' llegó hasta la base aérea en la que se encontraban confiscadas las urnas con un grupo de simpatizantes, para tomarlas por la fuerza.

En Honduras, el intento de Zelaya confirmó una vez más que el país está profundamente dividido. Mientras seguidores de 'Mel' que se dirigían a la frontera eran dispersados por las fuerzas militares, pues el gobierno declaró un toque de queda de 18 horas en las fronteras con Nicaragua y El Salvador, en San Pedro Sula miles de hondureños declaraban su apoyo a Micheletti en una concentración multitudinaria.

No es fácil medir el ánimo popular. Los representantes de Zelaya aseguran que las fuerzas golpistas manipulan los medios, que censuran las protestas contra el gobierno y que los asistentes a las marchas lo hacen obligados por sus empleadores. Pero el apoyo a Zelaya ciertamente no parece mayoritario, y las últimas encuestas antes del golpe le daban una aceptación de apenas el 30 por ciento.

"Lo que hay internamente es una sociedad polarizada. Hay resistencia de sectores populares que dicen que no van a parar hasta que Zelaya vuelva, gente pobre que no tiene acceso a medios, pero las movilizaciones a favor del golpe reúnen miles de personas. El pueblo esta harto de la crisis, nadie pensó que fuera a durar tanto, quieren que se resuelva pronto y culpan a los políticos. Todo el mundo está perdiendo", dijo a SEMANA desde Tegucigalpa un periodista político hondureño que pidió mantener su nombre en reserva. "La crisis no se soluciona si los políticos no se sientan con verdadera sinceridad a dialogar sin intereses ideológicos. A lo mejor están esperando una masacre, más muertos, para correr a ponerse de acuerdo".

Es difícil anticipar si la estrategia de Zelaya, con sus mediáticas apariciones, ha conseguido abrir fisuras en la cúpula que detenta el poder, que desde el principio se ha mostrado monolítica. Sus representantes sostienen que en Honduras se mantiene la división de poderes y que el gobierno de facto es legítimo y cuenta con el apoyo de las cortes, los partidos y las Fuerzas Armadas.

Para los analistas, el regreso fugaz de Zelaya a Honduras no contribuye a solucionar la crisis, sino que confirma por qué algunos países centroamericanos son considerados repúblicas bananeras. "Esto fue un puro 'show' de medios y una verdadera payasada", le dijo a SEMANA el ex vicepresidente de Costa Rica Kevin Casas-Zamora, investigador de The Brookings Institution, uno de los think tanks más célebres de Washington. Según él, "si Zelaya quisiera regresar, lo haría con coraje en vez de pisar Honduras por 15 minutos para volver a irse, y si Micheletti hubiera querido detenerlo, lo habría hecho".
Según Casas-Zamora, ha quedado demostrado que ninguno de los dos quiere negociar ni pelear con seriedad y que deben regresar a la mesa de diálogo. "Creo que fue el escritor paraguayo Augusto Roa Bastos el que dijo que la única salida de un callejón sin salida es el callejón, y aquí el callejón es negociar", agregó. Según este investigador, la solución a la debacle hondureña pasa por cuatro requisitos. El primero sería el regreso de Zelaya siempre y cuando garantice que no reformará la Constitución. El segundo, que el hoy depuesto Presidente se distancie de Hugo Chávez, cuya influencia aterroriza a vastos sectores de Honduras. El tercero, la firma de lo que en inglés se llama power-sharing agreement, es decir, un pacto para que el poder, hasta la convocatoria de nuevas elecciones, sea compartido por Zelaya y por los amigos de Micheletti. Y el cuarto, una amnistía para que no sean procesados judicialmente ni Zelaya, ni Micheletti, ni los militares que propinaron el golpe.

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