Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2009/03/28 00:00

El sobreviviente

El gobierno japonés acaba de certificar que Tsutomu Yamaguchi salió con vida de las bombas de Hiroshima y Nagasaki. Y lo más sorprendente: sigue vivo a los 93 años.

El sobreviviente

En otras circunstancias tendría motivos para celebrar, pues el gobierno japonés le acaba de duplicar los beneficios a los que tiene derecho. Pero Tsutomu Yamaguchi ha cargado durante su larga vida unos recuerdos tan aterradores, que nada es capaz de compensarlos.

El hombre portaba desde 1957 el folleto entregado a los sobrevivientes de la bomba atómica, que les instruía sobre cómo sobrellevar las horribles secuelas del contacto con la radiactividad y certificaba su condición de beneficiario de mesadas mensuales, chequeos médicos y seguro funerario. Pero el documento no incluía la totalidad de su historia increíble, porque Yamaguchi estuvo a menos de tres kilómetros de las dos explosiones que destruyeron en 1945 a Hiroshima y Nagasaki.

En la mañana del 6 de agosto de ese año, Yamaguchi se encontraba en Hiroshima, a donde había llegado por su empleadora, Mitsubishi Heavy Industries, a trabajar en los astilleros de esa ciudad. Tenía previsto tomar el tren para regresar a casa, pero el destino tenía dispuesta otra cosa. Poco después de las 8:15 de la mañana, el bombardero norteamericano B-29 que había sobrevolado la ciudad por varios minutos dejó caer la bomba atómica. Cuando el artefacto explotó a 580 metros de altura, Yamaguchi estaba cerca de su oficina. Con graves quemaduras pasó la noche en un refugio dantesco y al otro día, fiel a su disciplina nipona, logró tomar uno de los trenes que, sorprendentemente, seguían operando desde esa ciudad, para regresar a la seguridad de su casa.

Sólo que ésta quedaba en el peor lugar del planeta: Nagasaki. Al llegar se reportó en su lugar de trabajo, y en éste se encontraba dos días después, el 9 de agosto, cuando sucedió lo impensable: una nueva bomba atómica arrasó también esa ciudad. De nuevo sobrevivió, esta vez con su esposa y su bebé, pero su vida nunca sería la misma. Ella murió poco después, y su hijo falleció a los 59 años, víctima de cáncer. Las explosiones atómicas mataron a cerca de 140.000 personas en Hiroshima y 70.000 en Nagasaki, pero muchos de los sobrevivientes, conocidos como los hibakusha, murieron a lo largo de los años por enfermedades causadas por la radiactividad. Eso es tal vez lo más increíble de la historia de Yamaguchi. Hoy, a los 93 años, goza de una salud buena para su edad, y sólo se queja de sordera.

Casos como el de Yamagushi, que asombran al mundo, reviven de tiempo en tiempo la polémica sobre la necesidad de los ataques perpetrados por el gobierno de Harry S. Truman sobre esas dos ciudades japonesas. La justificación oficial sostenía que sólo de esa manera era posible doblegar la voluntad guerrera del pueblo nipón y que una invasión convencional habría costado un millón de muertos estadounidenses. Pero esa versión ha sido cuestionada por historiadores revisionistas para los cuales Washington habría tenido dos razones: una, que la Unión Soviética se disponía a atacar a Japón por el norte, lo que habría dejado la isla a merced de los comunistas. Y otra, impresionar a Moscú, en vista de la inevitable confrontación que se avecinaba.

Ninguna de esas explicaciones es suficiente para los hibakusha, que vivieron el resto de sus días recordando siempre aquella fatídica mañana que, en el caso de Yamaguchi, fueron dos.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.