Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1986/12/15 00:00

EL SOVIETICO `DR. NO'

Muere Molotov, el 1693ltimo representante de la era de Stalin

EL SOVIETICO `DR. NO'


Para un hombre que alternó con los más poderosos de la Tierra durante treinta y cinco años y permaneció junto a las jerarquías soviéticas, como secretario del Partido, ministro de Relaciones, Primer Ministro y finalmente como Primer Ministro alterno, el final de su vida a los 96 años fue más que melancólico y solitario. Al morir Vyacheslav Mikhailovich Molotov desaparecía uno de los grandes y últimos testigos de los principales acontecimientos de la Revolución bolchevique.

Pocos casos en la historia contemporánea de acumulación de poder y decisiones como el de Molotov: conspirador cuando todavía era un estudiante en 1905, participó activamente en la insurrección de 1917, se convirtió en un burócrata que compartía el poder con Stalin mediante intrigas, crueles políticas económicas, purgas que eliminaron políticamente a millones de personas y luego la guerra contra la Alemania nazi. Y cuando la guerra pasó, vino entonces el período que se recuerda ingratamente como la "Guerra Fría", con más purgas internas, la muerte de Stalin, las revelaciones de todas las atrocidades cometidas durante su mandato y la rebelión de algunas de las naciones satélites: Molotov resistió todos esos acontecimientos sin inmutarse y los diplomáticos que lo recuerdan de esas épocas tensas, tienen la imagen de un hombre imperturbable, que pocas veces dejaba traslucir lo que pensaba.

No hubo acontecimiento importante de todos esos años en el cual, de una u otra forma, no participara este hombre. Fue Molotov quien, empujado por un iracundo Stalin, acudió a la radio el 22 de junio de 1941 para informar a los soviéticos que los alemanes habían invadido al amanecer parte del territorio y por eso estaban en guerra. Veintidós meses atrás, el mismo Molotov le había contado al pueblo, también por radio, que el Ejército Rojo había invadido Polonia con el fin de liberar la Ucrania y la Bielorrusia occidentales.

La muerte de Stalin fue la iniciación de su ocaso político. Cuando los soviéticos repudiaron públicamente los métodos empleados por el dictador para por medio del miedo, la sospecha y la opresión mantener su dominio, Molotov se opacó y fue apartado de cualquier acceso al poder. Denunciado como cómplice de Stalin fue expulsado del Partido en 1962. Casi olvidado por todos, alcanzó sin embargo a probar la dulzura de la rehabilitación cuando en julio de 1984 fue readmitido en el Partido, él, quien a los 16 años ya había sido aceptado en las filas de Lenin. Los conocedores de los laberintos del Kremlin adjudican esa rehabilitación a un hombre que sólo tuvo poder absoluto durante dos años, Konstantin Chernenko, y quien era su admirador. Durante los sesenta, los setenta y parte de los ochenta, el aislamiento de Molotov era interrumpido por ocasionales apariciones en funerales o visitas prolongadas a la Biblioteca Lenin donde se sentaba a escribir sus Memorias, las cuales, dicen observadores occidentales, por simple disciplina de Partido, ya no podrán ser conocidas.

Como ministro de Relaciones Exteriores entre 1939 y 1949, y después entre 1953 y 1956, actuó como negociador y se hizo famoso entre los líderes mundiales por su poco sentido del humor y porque con frecuencia, como recursos tácticos, utilizaba la palabra rusa Nyel, es decir, No. Aunque reconocían su habilidad y terquedad, quienes tenían que negociar con él recordaban que fue Molotov quien firmó el tratado soviético-alemán de no agresión, en 1939, con su colega Joachim von Ribbentrop, quien sería colgado en Nuremberg en 1947. El tratado fue atacado por numerosas naciones. Miles de comunistas dejaron el Partido y apoyándose en ese papel, soviéticos y alemanes invadieron Polonia y dividieron su territorio, poniéndose de acuerdo en zonas vitales para el Ejército Rojo como Estonia, Latvia, Lituania y parte de Rumania.

Cuando alguien censura ese tratado, los soviéticos lo justifican afirmando que lo aceptaron sólo para ganar tiempo y prepararse para una guerra que era inevitable.

Aun los menos enterados de la política soviética e internacional conocen el nombre de Molotov por el artefacto explosivo inventado por las tropas de Finlandia para detener a los soviéticos durante la guerra invernal de 1939. Era una botella llena de líquido inflamable y con una mecha encendida, que era arrojada contra los tanques. Ese "coctel Molotov" sería usado por los soviéticos contra los alemanes.

Hábil y duro durante las negociaciones, defensor de los intereses soviéticos por encima de todo, era apodado "Pantalones de Hierro" porque era capaz de estarse sentado durante horas y horas ante una mesa de discusiones sin reflejar el menor gesto de cansancio. Lenin alguna vez lo calificó como el mejor oficinista del país. El mismo John Foster Dulles, secretario de Estado durante la administración Eisenhower, reconoció públicamente que nunca había presenciado una eficacia y una perfección diplomática tan completas como en Molotov. Y Winston Churchill después de describirlo físicamente ("sangre fría, cabeza de bala de cañón y bigotes negros"), coincidía en señalar sus cualidades de negociador y líder. Averell Harriman, quien había sido embajador norteamericano en Moscú, pensaba que Molotov era arbitrario e irracional cuando se trataba de salvar diferencias de opinión.

El haber firmado ese tratado con los alemanes no le impidió después representar a Stalin en las negociaciones con ingleses y norteamericanos contra Alemania y Japón. Mientras los ejércitos de Hitler invadían parte de la Unión Soviética, él estaba en Londres, negociando, buscando bombas bajo la cama y durmiendo con un revólver.

Después de firmado ese pacto viajó a Estados Unidos, durmió en la Casa Blanca durante tres noches, consumió la comida llevada desde Londres y siguió durmiendo con su revólver bajo la almohada. Stalin, quien le conocía estas manías, se burlaba y en una ocasión, en son de broma, le dijo a De Gaulle que la única forma de acabar con Molotov era disparándole, matándolo.

A pesar de su fama de conspirador y la leyenda de negociador internacional que arrastraba a todas partes, Molotov era un hombre dedicado a su familia, compuesta por la esposa y dos hijas, una de ellas adoptada. Se había casado con Polina S. Zhemchuzina en 1920, todo un personaje como funcionaria activa y cabeza de la industria de cosméticos y perfumes, llegando a ser ministra de Pesca. Estuvo varias veces en Estados Unidos conociendo los adelantos norteamericanos en estos campos. Como era judía y tenía un hermano en Connecticut, fue víctima de la paranoia de Stalin después de la Segunda Guerra e internada en un campo de trabajos forzados, lo cual, no impidió que Molotov permaneciera fiel a Stalin. Cuando éste murió, según cuenta Kruschev en sus Memorias, Beria, jefe de la Policía secreta, quien sería ejecutado después, ordenó su liberación. Cuentan que creyéndola muerta, Molotov se alegró mucho cuando se reencontraron en Moscú.

Pariente del compositor y pianista Scriabin, Molotov estudió violín y era notorio su amor por la música y durante su niñez tuvo las primeras imagenes del mundo contradictorio que le tocaría vivir: cerca a su casa en Kukarka, veía pasar las largas caravanas de prisioneros que marchaban hacia Siberia. Al iniciar sus estudios marxistas en la clandestinidad y sus relaciones con el ala bolchevique del Partido Social Democrático, la cual se convertiría después en el Partido Comunista con Lenin, el muchacho se cambió el apellido por el de "Molotov": es una palabra rusa que significa "martillo", el mejor símbolo para quien estuvo siempre al lado de Lenin, Stalin y los jerarcas soviéticos. Astuto, duro, inflexible en sus decisiones, los siguientes años presenciarían el ascenso irreversible de un hombre que supo imponer el criterio soviético en el mundo, a cualquier precio.--

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