Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1988/04/11 00:00

EL SUPER BUSH

El esperado supermartes de las primarias norteamericanas sólo definió el asunto por el lado de los republicanos.

EL SUPER BUSH

Las primeras consecuencias del llamado "supermartes" del 8 de marzo no se hicieron esperar:dos de los candidatos más vapuleados en las recientes "primarias" y "Caucuses" norteamericanos decidieron el fin de semana anterior retirar sus nombres en medio de escenas emotivas que ya algunos habían previsto, aún antes de entrar en calor este carnaval que algunos medios han criticado.
Un republicano, el congresista por Nueva York, Jack Kemp y un demócrata, el senador por Colorado Gary Hart anunciaron con 24 horas de diferencia que se marginaban de una campaña que ha sido la más costosa y también la más derrochadora en cuñas de televisión en los canales regionales de los Estados donde se celebraban las contiendas.
De esta manera quedan cuatro demócratas (Michael Dukakis, Richard Gephardt, Jesse Jackson y Albert Gore), y tres Republicanos (George Bush, Robert Dole y Pat Robertson).De ese martes tenso y no tan sorpresivo para algunos candidatos (los delegados ganados por Bush y Jackson, lo mismo que los de Gore eran previsibles), queda ahora la sensación de que el vicepresidente tiene las riendas de su partido (ver recuadro) mientras en las filas de los Demócratas una solucion no tan descabellada de buscar en el gobernador de Nueva York, Mario Cuomo, un candidato impuesto por la misma Convención que se realiza en Atlanta, comienza a ganar más adeptos ante el espectáculo de unos precandidatos que no tienen un apoyo monolítico.
En medio de los nuevos pronósticos para las primarias de Illinois el martes 15 de marzo, la figura del reverendo Jesse Jackson ha crecido no sólo ante sus electores sino también ante los mismos Demócratas, para quienes como escribió un comentarista, después de tantas peleas y cicatrices, Jackson por fin comienza a ser alguien, a tener una identidad que podria superar las simples referencias religiosas y raciales.
Jackson ganó cómodamente en Alabama, Georgia, Luisiana, Misisipi, Missouri, Carolina del Norte, Tennesse, Virginia y quedó segundo entre los Demócratas en otros Estados, afianzando así otra teoría en un país donde todos los medios y todos los analistas se sienten con derecho a propalar sus interpretaciones: la de una fórmula Dukakis-Jackson para aseguar la nominación a Presidente y vicepresidente. Sin embargo, como comentaba el diario Usa Today, a pesar de la fuerza cada vez más creciente demostrada por Jackson, queda la duda sobre el verdadero alcance nacional de un negro en ese país y cuando la pregunta se formula en cualquier círculo, la respuesta siempre es la misma, "No, todavía no".
Las cosas han cambiado mucho en Estados Unidos en estos últimos años, respecto al tema del racismo, la segregación y la política. En 1958 una encuesta de la Gallup demostraba que un 53% de la población en edad de votar, afirmaba que jamás votaría por un candidato negro. En 1984 otra encuesta revelaba que el porcentaje era de 16, cifra a la cual hay que añadir un 7% de votantes indecisos para un total de 23% de electores que no votarían por Jackson, por ser negro. Un experto en temas políticos afirma que un candidato de color necesitaria un 65% de la masa de electores no racistas para ganar y esa situación, a pesar de los avances de los negros en Estados Unidos, es improbable.
Que los norteamericanos conocen suficientemente a Jackson lo demuestra el que hubiera alcanzado porcentajes notables de votación blanca en las primarias celebradas hasta el momento, votación que viene directamente de la que manejaba antes Walter Mondale. Además, bien asesorado política y estratégicamente, el precandidato ha evitado pronunciarse sobre temas relacionados con la segregación y ha preferido concentrarse en los problemas y soluciones que afectan por igual a negros y blancos, como el desempleo, los créditos para los pequeños granjeros y los asalariados que trabajan en pésimas condiciones. Lo que nadie puede ocultar es que últimamente, el precandidato ha evitado fotografiarse al lado de revolucionarios como Fidel Castro o Yasser Arafat, como una forma de tener tranquilos a los más moderados.
¿Cuáles son las bases del programa de Jackson? Atacar las multinacionales como peligrosas para la democracia; pedir que aumenten los impuestos a los ricos; un nuevo sistema de salud pública; oposición total a las armas nucleares, entre otros temas. Pero, como dice uno de sus asistentes, si el Reverendo fuera blanco, la situación sería diferente. Otra de las consecuencias directas del supermartes es que se demostró que la aureola triunfalista del gobernador Michael Dukakis no es tan firme como se pensaba porque ahora tiene un rival muy serio, el senador Albert Gore quien quedó muy bien ubicado y se ha convertido, según sus allegados y algunos analistas, en la más inquietante alternativa a la candidatura de Dukakis. Con 39 años de edad, el más joven de los precandidatos se alzó con el voto de los indecisos, los que al momento de votar dudaban ante los otros contendores. Para muchos, el papel jugado por Gore es importante y ya nadie, de aquí en adelante,puede desconocer su potencial. Otros piensan que al final podría imponerse una "llave" con el mismo Dukakis pero, con éste como candidato a la vicepresidencia.
Paralelamente a Dukakis, Gore y Jackson (el candidato Simon es como si no existiera), la candidatura de Gephardt puede extinguirse durante los próximos días. Un populista que se gastó un millón de dólares en la zona de Missouri con mensajes en la televisión regional que incluian ideas como ésta: la economía norteamericana tiene que cambiar porque estamos perdiendo terreno ante los competidores extranjeros. Aficionado a los gestos extravagantes como retratarse con overoles y cascos, Gephardt espera que las próximas "primarias" lo ayuden a decidir lo que para otros ya está decidido, su final en esta campaña.

Y LO QUE FALTA
"Yo voy a ser el próximo presidente de los Estados Unidos". Esas palabras, pronunciadas por un emocionado George Bush resumieron, en opinión de muchos analistas, el resultado del "supermartes" escenificado en una veintena de Estados norteamericanos la semana pasada.
Gracias a su triunfo absoluto, el actual vice-presidente aseguró en términos prácticos la nominación a la candidatura presidencial por el Partido Republicano. Tal como están las cosas, Bush cuenta con 705 delegados de un total de 1.139 que necesita para la nominación. Su más inmediato seguidor, el senador Robert Dole, lo sigue de lejos con tan sólo 163 delegados.
Ese veredicto, en cambio, está lejos de dictarse en el caso demócrata. Los precandidatos del actual partido de oposición siguen dividiéndose los votos en las primarias y de los 7 nombres que comenzaron la contienda en enero, 4 continúan con buenas posibilidades.
Hasta el momento, la camiseta de líder le sigue perteneciendo al actual gobernador de Massachusetts, Michael Dukakis. Gracias a sus triunfos iniciales en febrero y a una organización que tiene dinero y marcha como un "relojito", este liberal del nor-este acabó imponiéndose en Estados conservadores del Sur tan importantes como Florida y Texas. Desde ya, la mayoría de los analistas sostienen que Dukakis deberia acabar siendo el candidato, si la lógica se impone.
El problema, no obstante, es que a veces la lógica pierde en este tipo de "competencias". Hoy por hoy, Dukakis se está viendo enfrentado a una larga carrera que sólo acabará el próximo 18 de julio, cuando se celebre la convención Demócrata en la ciudad de Atlanta.
Por lo tanto, Dukakis y sus adversarios saben que hay que seguir la pelea hasta el final. En el horizonte hay todavía primarias que pueden mover dramáticamente el fiel de la balanza. La más cercana de éstas es Illinois, donde este martes estarán en juego 173 delegados. Más adelante viene Michigan el 26 de marzo (138 delegados), Nueva York el 19 de abril (255 delegados), Pennsylvania el 26 del mismo mes (178 delegados), Ohio el 3 de mayo (159 delegados) y, finalmente, el premio gordo: California y Nueva Jersey el 7 de junio, donde estarán en juego 314 y 109 delegados respectivamente.
Ya en esas alturas, George Bush debe estar hablando prácticamente como candidato republicano. Indudablemente, el vice-presidente se va a beneficiar del espectáculo que va a dar un Partido Demócrata fragmentado, en el cual van a imperar los ataques entre los diferentes adversarios.
Mención especial merece Jesse Jackson, el predicador negro que ha acumulado cerca de 400 delegados y que triunfó en 5 primarias durante el supermartes.
Teniendo en cuenta el handicap de Jackson, los 3 demócratas restantes van a jugársela toda para ver quién de ellos gana. Para los observadores, el de mejor perfil es Gore, senador de 39 años, quien es lo suficientemente conservador para arrastrar una buena porción del electorado de centroderecha. Sin embargo el de mejor organización y más dinero sigue siendo Dukakis, lo cual le da mejores armas en el campo de batalla.
El gran problema de los demócratas, no obstante, consiste en que ninguno de esos 3 nombres alcanza a movilizar al electorado. Tal como resumiera un analista la semana pasada: "la competencia demócrata es reñida no porque los que quedan son buenos, sino porque todos serían candidatos mediocres".
Esa mancha alcanza a afectar un poco a los republicanos. Atacado por ser un supuesto "pelele", George Bush no es tampoco el líder ideal de las derechas y como orador es realmente flojo. La gran diferencia, sin embargo, está en que Bush se ha beneficiado del aura que todavía proyecta Reagan. Indirectamente, las primarias han sido un referendo en el cual los votantes republicanos han dejado en claro que están y quieren continuar con e] estilo que hoy impera en la Casa Blanca.
Son esos factores los que le dan peso a las palabras de Bush, cuando éste dice que será el próximo inquilino de la Casa Blanca. Gracias a un presidente popular y a una oposición que por el momento se está destrozando internamente, Bush confía en llevarse el triunfo en las elecciones de noviembre. Aunque todavía hay tiempo para que las cosas cambien, lo cierto es que se necesitará un esfuerzo muy grande para que los demócratas vuelvan a ganar la presidencia por segunda vez en los últimos 20 años.

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