Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2005/05/15 00:00

El terrorista de los buenos

Luis Posada Carriles, ex agente de la CIA implicado en actos de violencia indiscriminada, pide asilo en Estados Unidos. Su caso es un dilema insoluble para Bush.

Un oscuro personaje de la Guerra Fría va a protagonizar las relaciones de Estados Unidos y Cuba de las próximas semanas. Se trata de Luis Posada Carriles, de 77 años, quien busca asilo en Estados Unidos por medio de su abogado mientras permanece oculto en Florida. Está viejo y cansado, tiene cáncer y aspira a que el país al que tanto le sirvió le remunere una vida de esfuerzo y sacrificios.

Pero la hoja de servicios de Posada Carriles no es como las otras. Es más bien el prontuario de un hombre turbulento que aparece implicado en actos de terrorismo y asesinato que incluyen el atentado perpetrado en 1976 contra un DC-8 de Cubana de Aviación, en el que murieron 73 personas.

Aparentemente Posada Carriles ingresó subrepticiamente a Estados Unidos hace unas siete semanas, traído en barco desde México. Su abogado, Eduardo Soto, anunció que su cliente aparecería en cualquier momento para pedir asilo, pero al cierre de esta edición ese hecho aún no se había producido.

La presencia de Posada Carriles en Estados Unidos plantea un problema insoluble al gobierno de George W. Bush. Muchos comentaristas han sostenido que Bush tiene que entregar a Posada Carriles a Venezuela, donde se fugó de su encarcelamiento por el atentado del avión. Porque si no lo hiciera pondría en duda su compromiso contra el terrorismo, al que ha declarado la guerra "viniera de donde viniere". Pero hay muchos factores que pesan a favor de que Bush le dé asilo al extraño personaje.

Uno es el temor a enfurecer a la comunidad cubana de la Florida, que sigue siendo muy importante en el estado que le dio la presidencia en 2000. Otro es que no hacerlo sería entregarle un triunfo en bandeja de plata a la dupla que lo trasnocha en Latinoamérica: los presidentes Fidel Castro y Hugo Chávez. Y una tercera es que Posada Carriles podría revelar hasta dónde el padre del presidente, George H.W. Bush, entonces director de la CIA, sabía de la participación de su agencia en las correrías de Posada Carriles y sus compañeros, en una ola de terrorismo anticomunista en los años 60 y 70.

La relación de Posada Carriles con la CIA data de 1961, según documentos desclasificados recientemente y publicados por el National Security Archive. Se unió a la Brigada 2506 de la Agencia en la invasión de Playa Girón, pero no llegó a desembarcar. Entre 1963 y 1965 se convirtió en instructor en explosivos, y su relación formal terminó en julio de 1967, aunque fue reenganchado meses más tarde y siguió "como un activo" hasta 1974 y con contactos hasta 1976.

Los documentos revelados por el FBI muestran cómo en esos años de vinculación directa con la CIA, Posada Carriles participó en varios atentados contra barcos soviéticos financiados por Jorge Mas Canosa, que más tarde se convertiría en cabeza de la organización cubano norteamericana más poderosa. Entre 1969 y 1974 Posada vivió en Venezuela, donde se nacionalizó para entrar a la Disip, la policía política, por entonces una entidad fuertemente anticomunista. En ese último año, con el cambio de gobierno, se retiró y abrió una agencia de detectives por cuya nómina pasaron varios personajes que se verían implicados en actos de barbarie.

En medio de una ola de violencia anticomunista se produjeron dos hechos que rompieron el molde. En Washington, el ex canciller chileno Orlando Letelier y su secretaria Ronnie Moffit fueron asesinados el 21 de septiembre de 1976, cuando una bomba explotó bajo su Peugeot. Era hasta entonces el peor atentado terrorista de la historia de Estados Unidos. Y sólo dos semanas más tarde un DC-8 de Cubana fue explotado sobre Barbados. Hoy día ese desastre, en el que pereció el equipo juvenil cubano de voleibol, es considerado por los habitantes de la isla como su propio 11 de septiembre.

Analistas como Robert Parry, autor de libros sobre el tema, han revelado cómo la CIA obstaculizó la investigación del crimen de Letelier para ocultar la participación del gobierno de Augusto Pinochet, que usó a la organización de Posada Carriles. Según Parry, en 1978 el FBI logró demostrar la participación en el crimen del norteamericano Michael Townley, ex miembro de la CIA, y de Guillermo Novo Sampol, uno de los cubanos de la agencia de detectives de Posada.

En cuanto al avión, Posada siempre ha negado haber participado en el atentado. Pero Freddy Lugo y José Vásquez García, venezolanos que trabajaban en la firma de Posada, se bajaron de la aeronave en Barbados, antes de la explosión. Y en el apartamento de Posada aparecieron itinerarios de los vuelos de Cubana. El documento más reciente revelado (ver facsímil) muestra a Posada con Orlando Bosch, otro personaje involucrado en múltiples hechos terroristas, en reuniones preparatorias del atentado con varias personas en el Anaúco Hilton de Caracas.

A pesar de los rumores que vinculaban a altas personalidades del gobierno de Venezuela, los indicios contra Posada eran tan fuertes que fue apresado y duró nueve años tras las rejas sin que se decidiera su juicio, hasta que se escapó a punta de soborno en 1985. Posada reapareció en El Salvador trabajando, bajo el alias de 'Ramón Medina' y a órdenes del teniente coronel Oliver North, como abastecedor de los contras que libraban una guerra contra el gobierno sandinista de Nicaragua. Cuando estalló el escándalo Irán Contras, Posada saltó a Guatemala, donde volvió a trabajar como funcionario de inteligencia del gobierno. En 1990 sufrió un intento de asesinato que atribuye a sicarios de Fidel Castro. Aunque se recuperó, su rostro quedó desfigurado.

En 1998 fue entrevistado en un lugar secreto de Aruba por la periodista de The New York Times Anne Louise Bardach. Posada alardeó de haber participado en una serie de recientes atentados en La Habana contra la infraestructura turística de la isla, en uno de los cuales murió un visitante italiano.

Aún faltaba el último capítulo, que tuvo lugar en Panamá en noviembre de 2000. Allá llegó Posada acompañado de varios implicados en hechos de violencia: Novo Sampol, que había salido de la cárcel por un tecnicismo, Gaspar Jiménez y Pedro Remón. Agentes de contrainteligencia de La Habana los acusaron de planear el asesinato a Fidel Castro con una bomba en una conferencia universitaria que iba a pronunciar en el marco de la Cumbre Iberoamericana. Todos fueron apresados y condenados a ocho años de prisión. Pero la saliente presidenta Mireya Moscoso, que reside en Key Biscayne y tiene fuertes vínculos con la comunidad cubana de Florida, les otorgó un indulto por razones humanitarias. Los otros tres regresaron a Miami, donde fueron recibidos como héroes. Posada Carriles volvió a deambular por Centroamérica.

Pero los días se acortan para él. Clama que el país que le pagó durante años ahora lo reciba para sus últimos. Y la forma como ha sido tratado su caso muestra que para Estados Unidos hay dos clases de terroristas: los suyos y los de los demás. El FBI no lo está buscando, y los diarios apenas en los últimos días han planteado su caso. Mientras tanto en Cuba se planean gigantescas manifestaciones para pedir justicia y desde Caracas Hugo Chávez exige que sea extraditado. En la era pos-9-11, el terrorismo debería ser visto como un mal universal. Pero el caso Posada Carriles podría demostrar que ello no es más que un recurso retórico.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.