Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1988/08/15 00:00

EL TIGRE DE PAPEL

Oliver North, el Rambo de Reagan, es objeto ya de dos biografías polémicas.

EL TIGRE DE PAPEL

El próximo 20 de septiembre cuando el juez Gerhard Gesell reabra el juicio público contra el ex teniente coronel Oliver North, millones de norteamericanos que estarán mirando el proceso por televisión, coincidirán con uno de los biógrafos del controvertido personaje, quien afirma que el ex militar es un Ronald Reagan en miniatura y que el actual presidente, en numerosas ocasiones, interpretó en el cine personajes que son calcados de la vida cotidiana de North. Es como un juego de espejos que sirve a hacer más confuso todo este escándalo del Irán-contra, escándalo en el cual este hombre que usa el pelo al rapé, zapatos muy brillantes y habla con un lenguaje frío y calculado, ha sido la pieza clave, con el trasfondo de una administración que le ha mentido a los norteamericanos en asuntos muy delicados.
Cuando el juez Gesell contemple la figura de North sentada en el estrado de los acusados, seguramente ya se habrá leído los dos libros y habrá miradó los dos especiales de televisión que sobre North han sido realizados y lanzados. Uno de los libros se llama Cuts and Glory, the rise and fall of Oliver North (algo así como "Intestinos y gloria, ascenso y caída de North", aunque la traducción puede ser más explícita y vulgar), fue preparado por un periodista del Boston Globe, Ben Bradlee Jr., para quien North es un caso excelente para un siquiatra ya que es incapaz, en numerosas ocasiones, de separar la ficción de la realidad. Adora tanto al presidente y su nación que no tiene reparos en destruir y producir daño a los demás con tal de provocar reacciones favorables a la imagen norteamericana. O sea, un patriota enloquecido, a la manera de Rambo. El otro libro que aparece durante este caluroso verano en Estados Unidos, se titula "North, entre la verdad y la mentira" y fue redactado por un grupo de periodistas jóvenes de Los Angeles.
No ha sido fácil el juicio que se adelanta a North porque está de por medio la seguridad nacional. Es que los documentos secretos, si son entregados a los abogados defensores y utilizados posteriormente en público, encierran problemas constitucionales. Si el procurador Walsh no puede entregarlos antes del 20 de septiembre entonces el juez fallará sobre inculpaciones que no necesiten la presentación de esos documentos. Entre éstos se encuentran, nada más y nada menos que los informes diarios sometidos al presidente Reagan sobre las actividades de los servicios secretos y, especialmente, las actividades de North. Reagan ha seguido insistiendo en que nunca se enteró del tema. Uno de los recursos que utilizará la acusación en este juicio es el de la intención criminal de North, es decir, que el ex oficial intentó disimular deliberadamente sus actividades a sus superiores del Consejo Nacional de Seguridad.
Según los dos libros y los dos programas especiales de televisión, en medio de este tira y afloje de abogados, funcionarios, acusadores y defensores, North permanece tranquilo y a nadie se le ocurre pensar que haya ideado algún plan audaz para escapar, tan audaz como el intento de asesinato del líder libio Khadafi. Precisamente uno de los capítulos más atractivos de Guts and Glory es la reconstrucción del encuentro de Reagan, North y sus funcionarios de Defensa y Seguridad, discutiendo los pormenores de ese atentado y cómo se falla porque las indicaciones de North no son aceptadas al pie de la letra. El libro sigue el rastro de la convicción que tenía North sobre las relaciones entre los líderes de los contras y narcotraficantes latinoamericanos, introduciendo droga en Estados Unidos y vendiéndola para conseguir fondos destinados a la lucha contra los sandinistas. También se informa detalladamente cómo North aprobó el que un empresario texano, Ross Perot, financiara la campaña empredida por el candidato Jesse Jackson para liberar a Jeremy Levin, uno de los rehenes norteamericanos en el Libano.
Impulsivo, arrogante, amigo de disparar primero y preguntar después, nacionalista hasta la muerte, disciplinado, con un ego superdesarrollado, con un excelente ojo para escoger mujeres hermosas, en el libro son citados numerosos y agrios enfrentamientos entre North y sus superiores, algunas veces en presencia de Reagan. Para obtener toda esta información, Bradlee realizó más de 300 entrevistas con amigos, oficiales y algunos superiores del acusado. Ni éste, ni Reagan ni Bush aparecen como entrevistados en el libro.
Para muchos observadores, North estaba tan desesperado por defender y promover los valores norteamericanos que no dudó en mentir, trampear y excederse en sus atribuciones, tomando decisiones irreversibles, arrastrando a otros en sus desmanes y en todo momento viviendo de nuevo sus aventuras militares cuando se dedicaba a rescatar rehenes en países salvajes. El que viviera con una pildora envenenada en el bolsillo, por si acaso, demuestra qué clase de personaje es North y los libros ayudan a escarbar en una de las figuras más atractivas y escandalosas de estos años.





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