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| 6/6/1988 12:00:00 AM

EL TIO

¿Por qué ganó Francois Mitterrand las elecciones francesas y por qué perdió Jacques Chirac?

Cuando se comenzó a configurar la victoria de Francois Mitterrand en las elecciones presidenciales francesas del domingo pasado, muchos observadores pensaron que había pasado lo que en el fondo de su corazón todos los franceses querían, aun los que votaron contra él. La reelección del veterano socialista confirmó que el otrora fogoso candidato de izquierda ha pasado a ser algo así como el tío colectivo de los franceses.

No de otra forma puede interpretarse el resultado, que a la hora de escribir esta nota no había sido revelado en su totalidad. Mitterrand, candidato en múltiples ocasiones en la época del general De Gaulle, cuando escandalizaba a los franceses con sus tesis de izquierda, ha adquirido el aura de los patriarcas históricos.

Según parece, para muchos franceses la persistencia de Mitterrand, su capacidad para manejar el país en la década de los 80, su seguridad del triunfo, que le permitió ocuparse de los asuntos de Estado más que de las elecciones, y sus tesis moderadamente liberales de "una Francia unida que continúa su marcha" pesaron mucho más que la agresividad, no siempre bien expresada, de su contendor, el primer ministro conservador Jacques Chirac, detrás de quien muchos veían sin querer el fantasma ultraderechista de Jean Marie Le Pen para quien la masacre de'judíos de la Segunda Guerra Mundial no fue más que "un episodio sin importancia".

Pero no fue solamente la radicalización que produjo el fenómeno Le Pen lo que mató las aspiraciones de Chirac. Pasado el debate, muchos analistas políticos galos se preguntan cuáles fueron las fallas que tuvo la imagen de Chirac, que alejaron de su nombre a muchos votantes potenciales. "El no tiene la apariencia de un presidente", decía antes de las elecciones un legislador francés del grupo de Chirac. "Los franceses quieren sentir reforzada su seguridad y Chirac no tiene la capacidad para hacer eso". Con esa franqueza brutal, el congresista anunciaba lo que consideraba la segura derrota de su jefe político. Un ejercicio de honra dez intelectual que reflejaba, según se demostraría más tarde, el sentimiento de la mayoría de los franceses hacia e candidato de oposición.

NUBES DE DERROTA
Ya desde la semana anterior se experimentaba un aire de derrota en las toldas conservadoras, motivado por la creciente certeza de que la imagen de su candidato no daba la talla. En una campaña con una connotación tan intensamente personal, los analistas habían comenzado desde mucho antes a observar cómo ciertos aspectos del trato de Chirac repelían hasta a sus más asiduos simpatizantes.

Paradójicamente, esos análisis iban con frecuencia precedidos de alabanzas hacia el primer ministro, que había sido capaz de limar ciertas asperezas de su carácter, impulsivo y cortante, para acomodarse a sus necesidades. Hasta sus más recalcitrantes enemigos debieron conceder que Chirac logró una excelente presentación ante las cámaras cuando el jueves de la semana anterior a las elecciones libró un debate con su contendor.
"Su mejor presentación de la vida", llegó a comentar uno de los asesores de su rival. Chirac hizo gala de gran seguridad, manejó sus argumentos con sabiduría y llegó a poner a Mitterrand a la defensiva. Pero al día siguiente las encuestas ponían, para sorpresa de todos, a Mitterrand como el más seguro triunfador.

Aun en su propio bando, el análisis fue contundente. Jean Michel Goudard, uno de los asesores claves de Chirac, dijo que su candidato "dirigió el debate, hizo las preguntas para que Mitterrand las contestara, pareció físicamente relajado, con la mirada fija en las cámaras como hablando a los franceses, mientras Mitterrand le contestaba a él. Pero al final a nadie le pareció que hubiera ganado el debate".
Para muchos, la clave estuvo en que Mitterrand, aunque pareció corto de argumentos en algunos pasajes, se las arregló para irradiar dignidad y calma, con lo que logró neutralizar la agresiva energía de su contendor.
"Chirac se sentó con los pies cruzados bajo el asiento, y uno de sus pies golpeó frenéticamente el suelo durante dos horas. Se trata de un problema de serenidad interior", comentó uno de los asesores del candidato derrotado.

Esa fisura de la personalidad del candidato no resultó sin embargo sorpresiva para muchos periodistas franceses que le han acompañado en años de actividad política. Para ellos, Chirac es una persona simpática y serena en privado, pero cuando está ante las cámaras, por un extraño mecanismo de defensa, convierte su parte timida en una combatividad muy poco atractiva para el espectador.

RAICES EN EL PASADO
Según el comentarista francés Paul Amar, Chirac fue criado como un "niño perfecto por su madre, que había perdido su anterior bebé al nacer". Desde entonces, la vida del político ha estado rodeada por una necesidad de perfección. Como lo expresa el comentarista, "si le falta serenidad, es porque siempre está corriendo detrás de un universo perfecto ".

Pero otros observadores atribuyeron su falta de atractivo ante sus compatriotas a que su imagen se aleja demasiado de lo que ellos consideran debe caracterizar a quien maneje los destinos de su nación. Para algunos su estilo demasiado gerencial, frío y "americanizado" no ofrecía suficiente confianza al electorado, y sus veleidades "modernas", como el jogging, le hacian flaco favor a la hora de cotejar imágenes.

Curiosamente, los franceses demostraron que prefieren el gobierno de los viejos. Franz Olivier Gisbert quien escribió la biografía de ambos candidatos, recordo que el propio Mitterrand debió esperar muchos años para sacudirse la imagen de oportunista y superambicioso que lo mantuvo alejado de la victoria hasta 1981. Por otra parte, refiriéndose a Chirac, dijo algo que parece sorprendente a este lado del océano sobre todo si se tiene en cuenta que el candidato tiene 55 años: "Es demasiado joven para tener la imagen de un Presidente de la República. Necesita una barriga prominente y algo de pelo blanco, tomarse su tiempo, dar caminatas. El es el Mitterrand de la derecha, y va a tener que cruzar un largo desierto". --
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