Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1995/05/22 00:00

EL TIRO POR LA CULATA

En otro hecho terrorista, ETA fracasa en asesinar a su peor enemigo, José Maria Aznar, y sin querer lo catapulta hacia la presidencia.

EL TIRO POR LA CULATA

Y COMO SI FUERA POCO CON los hechos de Oklahoma City en Estados Unidos y Yokohama en Japón (que luego serían seguidos por dos misteriosos bombazos en Gran Bretaña y Canadá), en la península Ibérica también los terroristas removieron los cimientos de la sociedad española.
Pero al contrario de los demás incidentes de la semana, cuyo origen y motivaciones permanecen sin ser aclaradas, el atentado de España tuvo una víctima concreta y una autoría definida. En la mañana del miércoles, un desprevenido José María Aznar tomaba de nuevo una ruta imprevista hacia el centro de Madrid, cuando un carro bomba explotó al paso de su automóvil. Pronto las autoridades supieron de quién se trataba: la ETA, la organización terrorista del separatismo vasco, acababa de intentar someter a España a un vacío político.
La razón es que Aznar, joven dirigente del conservador Partido Popular, se ha convertido en la verdadera alternativa de poder viable ante el presidente del gobierno, el socialista Felipe González. Aznar, desde una posición de centro derecha, sostiene que España debe tener un gobierno central fuerte, lo cual va en contravía de las aspiraciones de mayor autonomía de las regiones, y en particular, suena muy mal desde el punto de vista de la lucha independentista de ETA.
La organización separatista pensaba con la muerte de Aznar confirmar el camino iniciado con el asesinato, de un balazo en la nuca, de Gregorio Ordóñez, carismático y joven alcalde de San Sebastián, en el País Vasco. Ordóñez había osado enfrentarse abiertamente a ETA, y por añadidura era el político más votado en el supuesto fortín de los terroristas. Así que muerto Aznar, ETA no solo habría producido un terremoto político en el país, sino que hubiera demostrado que nadie se opone a sus designios y sobrevive en el intento.
Pero el fracaso del plan, producido tanto por la falta de cálculo del terrorista que accionó la carga, como por la eficacia del blindaje del carro de Aznar, produjo el efecto absolutamente contrario. El político de 43 años se apeó del automóvil completamente sereno, preguntando por la salud de sus acompañantes, y se dirigió por su propio pie a una clínica, donde luego de pugnar porque los médicos le permitieran seguir con su agenda del día, salió a saludar a sus seguidores que se habían agolpado en la puerta. Su mensaje a los medios de comunicación que hacían guardia: que el país tuviera la misma "calma que yo tengo en estos momentos".
Semejante presencia de ánimo hizo que quedaran sin piso los dos principales argumentos de los socialistas contra la figura de Aznar: que se trata de un sectario de extrema derecha, franquista y antidemócrata, y que en lo personal carece de condiciones para manejar las tensiones del gobierno. Por cuenta de ETA, hoy Aznar es la figura del momento en España, y ha dado un paso gigantesco hacia el poder.-

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