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| 5/26/1997 12:00:00 AM

EL TRIUNFO DE LA AUDACIA

El presidente peruano, contra todos los pronósticos, se anotó un nuevo 'fujimorazo', esta vez contra la guerrilla.

Alberto Fujimori sabe muy bien que en juego largo hay desquite. Cuando 126 días atrás un comando de 14 guerrilleros del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru Mrta se tomó en una operación increíble la residencia del embajador japonés en Lima con más de 500 personas en su interior, las críticas llovieron sobre sugobierno. Se decía que la complacencia del presidente por la aparente derrota de los grupos subversivos se había contagiado a los servicios de inteligencia y que las fuerzas armadas habían bajado la guardia en un momento todavía peligroso.
Pero el martes de la semana pasada los servicios de inteligencia militar del Perú le devolvieron a Fujimori la gloria que por su negligencia le habían quitado. Apoyado en un flujo de información obtenido mediante los sistemas de espionaje más sofisticados y en tropas altamente especializadas, Fujimori tomó la decisión más difícil de su carrera política al lanzar un comando de unos 140 hombres sobre la residencia, donde 72 personas, entre las cuales había ministros, generales, embajadores y empresarios, ya habían batido de lejos el récord de permanencia establecido en 1980 en la toma de la embajada dominicana en Bogotá por el M-19. La operación salió a pedir de boca, pues a pesar de los riesgos todos los guerrilleros fueron dados de baja, a tiempo que sólo murieron dos militares y un rehén. Para muchos, los hechos de Lima se convirtieron en una victoria antiterrorista sólo comparable con la del comando israelí que liberó a 104 personas en Entebbe (Uganda) en 1978 (ver recuadro).

SIN SALIDA
Fujimori sabía que si cedía en las pretensiones del comandante guerrillero Néstor Cerpa Cartolini, y liberaba a más de 400 guerrilleros, echaría por la borda el logro más presentable de su gobierno, esto es, la victoria sobre dos grupos subversivos, sobre todo porque el Mrta siempre ha sido considerado como el débil comparado con Sendero Luminoso. Pero también sabía, por información de los sicólogos militares, que el perfil de Cerpa señalaba a un hombre tan terco como él, dispuesto a salir de la residencia como héroe o como mártir.De ahí que Fujimori hizo de la espera un arte y de la escogencia del momento preciso un ejercicio matemático. Durante la toma el presidente incluso viajó en busca de alternativas, consiguió que Cuba aceptara recibir a los guerrilleros y dejó la impresión de que su posición era conciliadora. Pero, como se supo después, la operación de rescate estaba siendo planeada cuidadosamente, incluso mediante la construcción de una casa idéntica, para que cuando llegara el momento preciso nada fuera dejado al azar.
Y ese momento llegó, como dijo el propio presidente en una rueda de prensa, "el lunes 20, a las 6:00 horas, cuando comenzó la cuenta regresiva". El presidente había detectado desde el sábado anterior que Cerpa comenzaba a dar muestras de un comportamiento errático y cada vez más peligroso. Sus informaciones de inteligencia le indicaban que el guerrillero pasaba largas horas durmiendo, y ese día redujo las visitas médicas diarias a una semanal. El embajador de Bolivia, Víctor Gumucio, confirmó después que Cerpa parecía deprimido y que varios de sus compañeros comenzaban a presionarlo para que cediera y aceptara el exilio en Cuba. Una y otra cosa configuraban un coctel explosivo, y la hora evidentemente se acercaba.

PREPARACION TOTAL
Y nada había sido dejado al azar. Un comando mixto del Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea se había estado entrenando en por lo menos dos construcciones semejantes a la casa con apoyo israelí. Varios túneles fueron excavados para acceder a los predios de la mansión y las autoridades se aseguraron de que las prendas suministradas a la Cruz Roja para su entrega a los rehenes fueran de colores claros, a efecto de diferenciarlos de los guerrilleros. Por otra parte, los servicios de inteligencia habían logrado introducir micrófonos minúsculos, del tamaño de una cabeza de alfiler y con baterías de 20 horas. Para ello no sólo utilizaron una guitarra y un cuadro de Cristo, sino los botones de algunas prendas entregadas a los rehenes.
De esa forma las autoridades sabían muy bien qué pasaba en el interior de la residencia y habían establecido que la rutina se había apoderado de los guerrilleros. Sabían que después del almuerzo los subversivos jugaban fútbol en el salón de banquetes y que Cerpa probablemente estaría en una de sus cada vez más frecuentes siestas. Y poco después de las tres de la tarde pudieron determinar que había comenzado el partido de la fecha. Fue entonces cuando los soldados escondidos bajo el piso detonaron nueve libras de explosivo plástico y se oyó el estruendo inicial. Los primeros guerrilleros murieron de inmediato, a tiempo que los soldados comenzaban a salir de los túneles y se precipitaban al interior de la casa. Según Fujimori, Cerpa estaba en el primer piso y trató de correr escaleras arriba para parapetarse en el lugar donde estaban los rehenes, pero fue recibido por comandos que ya habían alcanzado el segundo piso. Uno de los guerrilleros trató de asesinar al canciller Francisco Tudela, pero su disparo mató a uno de los soldados. Para ese momento ya la suerte estaba echada y la victoria era del presidente Fujimori.

TRIUNFO DE LA AUDACIA
En ese partido de póker se jugaba el todo por el todo y no podía haber sino un solo ganador. Cerpa perdió la vida y su grupo, aunque desafiante, no parece capaz de volver a levantar cabeza. Fujimori, en cambio, ascendió de nuevo a las alturas de la popularidad no sólo en Perú sino en América Latina. Los presidentes de todas las latitudes lo han felicitado, y hasta el propio primer ministro del Japón, Ryutaro Hashimoto, quien había presionado por una solución pacífica, le agradeció "desde lo más profundo de mi corazón".
Pero Fujimori habría podido ser el malo de la historia si la operación no hubiera dado el resultado casi quirúrgico que obtuvo. El presidente peruano corrió el enorme riesgo de entrar en un territorio técnicamente extranjero, sin pedirle permiso a nadie y violando un compromiso escrito con los japoneses en que se obligaba a consultarles antes de tomar una medida de fuerza. Se trataba además precisamente de la residencia nipona, cuyo país es la mayor fuente de ayuda externa del Perú. Se necesitaba una gran dosis de presencia de ánimo y seguridad en sí mismo para tomar una decisión de esa envergadura.
Para sus críticos, si bien Fujimori se benefició políticamente de la operación Chavin de Huantar, reforzó la sensación de dependencia de los militares y la impresión de que la autoritaria es la única manera de gobernar que conoce, sin que, por otra parte, su victoria garantice que el terrorismo no renazca con más fuerza en su país. Para ellos, su actitud reforzó la tendencia internacional a negociar cada vez menos en circunstancias parecidas. Para sus defensores, sin embargo, el 'Chinito' estableció un importante precedente de lucha contra el terrorismo.
En cualquier caso las críticas no le hacen mella en un momento en el que saborea las mieles de la gloria. Porque el presidente peruano, a tiempo que atrae las miradas de todo un continente, para bien o para mal ha demostrado una capacidad envidiable para producir hechos de trascendencia histórica.

¿Fusilados?
Dudo que hayan tenido la Convención de Ginebra en la cabeza cuando se enfrentaron a los rebeldes", dijo Sandy Markwicle, integrante del grupo de Control de Riesgos del gobierno norteamericano, luego de que se hiciera público que ninguno de los 14 miembros del comando del Mrta que se tomaron la residencia del embajador del Japón quedó vivo. Para la mayoría de los analistas este fue el resultado lógico de una acción contundente en la que el objetivo número uno era liberar a los 72 rehenes. Sin embargo algunos manifestaron su preocupación por los rumores que señalan que varios de los guerrilleros fueron ajusticiados por las fuerzas militares peruanas. En efecto, después de las manifestaciones de júbilo por el éxito de la operación militar, circularon dos versiones que sembraron dudas en la opinión pública peruana e internacional.
Una versión, presuntamente difundida por algunos de los funcionarios japoneses liberados, señalaba que por lo menos una de las guerrilleras se rindió, levantó los brazos y, en esa posición, fue acribillada por los comandos que ingresaron a la casa del embajador. La otra versión, entregada por un supuesto guerrillero del Mrta en la clandestinidad a una cadena radial, decía que cuatro de los subversivos se habían rendido y, en estado de completa indefensión, habían sido ajusticiados por los soldados. De comprobarse cualquiera de las dos versiones las autoridades tendrían en sus manos un caso de violación al Derecho Internacional Humanitario (DIH).
Según los expertos en el tema, desde el día en que los miembros del Mrta se tomaron la residencia del embajador nipón, este lugar se convirtió en un objetivo militar. Por tanto, ahí no se podía hablar de violaciones de los derechos humanos sino de violaciones al DIH, el código que regula la guerra y los conflictos armados. Hasta la semana pasada, cuando ocurrió el asalto militar, no se había infringido ninguna de las normas del DIH. La bomba colocada debajo del piso sobre el que jugaban fútbol los guerrilleros, que mató a la mayoría de ellos, es considerada, a la luz de este código, como una acción válida para neutralizar al enemigo. Lo que no es válido es que se mate a un combatiente desarmado, que tiene las manos levantadas en señal de rendición. Esto es, según el DIH, una ejecución sumaria. Mientras se investiga qué sucedió en realidad al interior de la residencia del embajador japonés, miembros de organizaciones de derechos humanos se muestran pesimistas después de lo ocurrido. "Nada cambió respecto a las condiciones de los presos políticos y a la posición del presidente Alberto Fujimori en relación al terrorismo y todo aquello que se oponga al gobierno peruano", dijo Roger Rathman, portavoz de Amnistía Internacional.

Contraste sangriento
Frente a la 'limpia' operación de rescate de Lima es inevitable la comparación con el drama del Palacio de Justicia de Bogotá en 1985, donde murieron más de 400 personas.
Según el politólogo Juan Tokatlian, en Bogotá la toma tenía un propósito mucho más amenazante contra el Estado, que era hacerle un juicio político al Presidente, y eso condujo a una reacción impulsiva e improvisada. No estaban de por medio ni la extraterritorialidad de una embajada ni la presión de los países afectados y la relación cívico-militar era muy diferente. Belisario Betancur tenía, como dice Armando Borrero, ex consejero de seguridad nacional, poca ascendencia sobre el Ejército. Fujimori, en cambio, evidenció un control político total de la situación.
Y, por lo demás, la toma del Palacio fue una operación militar enorme, perpetrada por un grupo que en ese momento estaba en expansión, que provocó una reacción militar basada en la defensa del honor y en el poder de fuego. En Lima, en cambio, se trataba de una guerrilla enflaquecida, de sólo 14 efectivos, y Fujimori usó fríamente el paso del tiempo a su favor. Tanto que, para Tokatlian, la negociación era un instrumento para conseguir información de inteligencia.

A las buenas
A toma de la embajada de República Dominicana en Bogotá, realizada por el M-19 en 1980, que es el episodio más comparable con el que acaba de terminar en Lima, demuestra que también por la vía de la negociación es posible llegar a un desenlace favorable, pues en su momento el presidente Julio César Turbay ganó un importante prestigio nacional e internacional.
Pero hay diferencias que explican los resultados tan divergentes. En la toma de Bogotá Turbay señaló desde un principio su intención de llegar a una salida negociada y su ministro de Defensa, el general Luis Carlos Camacho Leyva, era un hombre pragmático e inteligente que, como dice Armando Borrero, "tuvo cabeza fría para manejar la situación sin recurrir a las armas". Camacho era consciente de que los militares colombianos no estaban preparados para una operación de esa naturaleza y de que, en esas condiciones, el peligro para la vida de los embajadores era muy alta. Sobre todo si se tiene en cuenta que entre ellos estaba el de Estados Unidos, Diego Asencio, y que el gobierno de Turbay no se distinguió por tomar la independencia de sus decisiones frente a los norteamericanos.
Y, por otro lado, el líder del M-19 era Jaime Bateman, un hombre que, a diferencia de Néstor Cerpa Cartolini, era conciliador y no tuvo inconveniente en ceder a sus pretensiones originales.

Operación en Entebbe
En 1976 un comando terrorista compuesto por una pareja de alemanes y dos palestinos desvió un avión de la compañía Air France que hacía el vuelo entre Tel Aviv y París. Después de una escala el avión aterrizó en el aeropuerto de Entebbe, en las afueras de Kampala, capital de Uganda. Los 254 pasajeros, 83 de los cuales eran israelíes, fueron confinados en un hangar en desuso y el funesto dictador ugandés Idi Amin Dada se hizo presente como 'mediador'. Pronto se conocieron las demandas: la liberación de 53 guerrilleros palestinos y su envío por aire a Entebbe a cambio de no matar a los rehenes.
El gobierno israelí, que curiosamente estaba dirigido por Yitzhak Rabin como primer ministro y Shimon Peres como ministro de Defensa (quienes repetirían muchos años más tarde), consiguió ganar tiempo al declararse dispuesto a negociar. En sólo tres días, y contando con la información de algunos rehenes liberados, los militares israelíes planearon una operación que sorprendió al mundo.
En la noche del 3 de julio cuatro aviones Hércules israelíes y un Boeing 707 de vigilancia llegaron a Entebbe. El primer Hércules aterrizó en la estela de un vuelo británico de carga para evitar ser detectado, y sus tripulantes pusieron luces portátiles para el aterrizaje de los demás. De uno de los aviones salieron un Mercedes-Benz blanco idéntico a los de Idi Amin y dos Land Rover para simular la caravana del dictador. Sin despertar sospechas los vehículos llegaron llenos de militares al hangar, donde los rehenes fueron liberados.
Entre tanto otros comandos controlaban a las tropas de Idi Amin, guiadas por el avión espía. Al salir el último avión no había pasado ni media hora. De los 104 rehenes que quedaban sólo cuatro murieron. Cuando la operación estaba terminada uno de sus comandantes fue alcanzado por las balas de un francotirador. Se trataba del teniente coronel Yonatan Netanyahu, hermano del actual primer ministro israelí.
La operación Entebbe fue una reafirmación de seguridad colectiva de los israelíes e inspiró la creación de unidades militares especializadas en muchos países del mundo que no se habían atrevido hasta entonces a reaccionar contra el terrorismo.
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