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| 6/6/1994 12:00:00 AM

EL TUNEL DEL AMOR

Se inaugura el túnel bajo el canal de La Mancha. Las relaciones de las islas británicas con el continente ya nunca serán las mismas.

AL INAUGURARSE LA SEmana pasada el túnel del canal de La Mancha (conocido entre los británicos como "Chunnel"), que une a Francia con la isla de Gran Bretaña, la historia de una larga relación de amor-odio ha llegado a su punto culminante. La gigantesca obra ha sido terminada después de ocho años de trabajos efectivos (se inició con todas las de la ley en 1986), con un costo de 13.500 millones de dólares y con la participación de 10.000 obreros que desplegaron lo más refinado de las técnicas de construcción del fin de siglo. Lo que fue el sueño delirante de generaciones de visionarios hoy es un hecho. Cuarenta y cinco kilómetros subacuáticos para un recorrido en tren portaautomóviles que tardará 35 minutos.
De esa forma, la que pasará por una de las principales obras de ingeniería del presente siglo ha borrado de un tajo la brecha que separó durante milenos a Gran Bretaña del continente europeo, y las implicaciones no son pocas.
La idea de atravesar el canal de La Mancha ha tenido muchas vertientes, como la de los hermanos Montgolfier, quienes propusieron en 1804 iniciar servicio con un globo gigante apto para 3.000 personas. O el primer proyecto de túnel que se reeuerde, que fue ideado en 1751 por un tal Nicolás Desmarets, geólogo y físico. En 1802, el francés Albert Mathieu le propuso a Napoleón Bonaparte la construcción de un proyeeto parecido, una idea que refinaría Aimé Thomé De Gramond en la época de Napoleón III. Hubo varias propuestas para la construcción de un gigantesco puente de 38 kilómetros de largo, como en el proyecto del inglés Charles Boyd, y otras mixtas, mediante la combinación puente-túnel, como la debida a la imaginación del funesto aventurero francés Phillipe Buneau-Varilla, quien años más tarde tendría una amarga participación en el robo de Panamá.
Los proyeetos siempre se habían estrellado con la desproporción entre sus pretensiones y las posibilidades técnicas de las respectivas épocas. Pero, por sobre todo, el mayor obstáculo había sido la sempiterna rivalidad entre anglos y galos, que terminaba siempre empantanando cualquier iniciativa. Lord Wolseley, comandante del ejército británico, echó a tierra el primer intento de excavar un túnel a finales del siglo XIX, cuando dijo que "un par de miles de soldados se podrían mezclar en un túnel nocturno, evadiendo toda sospecha por ir vestidos como pasajeros normales".
Al fin y al cabo, no habían cambiado mucho las cosas desde que el escritor inglés Samuel Johnson dijo en el siglo XVI que "lo que aprendí en Francia fue a apreciar mejor a mi propio paìs". Ni la realidad de lo que el general Charles De Gaulle le dijo en una ocasión al embajador británico: "Fundamentalmente nuestros dos países han estado siempre en guerra; excepto cuando han estado aliados contra un enemigo común". Los burgueses de Calais, una de las esculturas más famosas de Rodin se inspira en un macabro episodio de violencia inglesa en una de las tantas invasiones al puerto francés.
Pero esos tiempos parecen superados, si bien de lado y lado se hacen toda clase de chistes sobre la invasión mutua que espera a dos países que se han odiado amorosamente y se han amado con odio.
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