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| 7/17/2000 12:00:00 AM

El último gorila

La detención del general paraguayo Lino Oviedo en Brasil podría marcar el fin de una época en la política de su país.

Quienes lo vieron por televisión no daban crédito a sus ojos. Ese hombre pequeño, vestido de caqui, que parecía otro con su bigote y su pelo largo teñido de negro, sonreía y saludaba a las cámaras al llegar detenido a Brasilia como si se tratara de un triunfador. Vista fuera de contexto, la imagen no reflejaba la de un hombre preso a quien esperan horas muy duras. Con su actitud Oviedo demostró, para algunos, que es un amante de la figuración y un maestro de la imagen. Para otros, que es un sicópata incurable.

En cualquier caso el general Lino Oviedo, apresado en Brasil ante la solicitud de la justicia paraguaya por múltiples delitos, parece alejarse de cualquier posibilidad de reconstruir su actividad pública y, por el contrario, tiene en su futuro cercano varios años de prisión. El hombre que protagonizó el derrocamiento del sempiterno dictador Alfredo Stroessner para luego intentar suplantarlo como verdadero detentador del poder, ve cerrarse todas las puertas. Todo indica que, a pesar del recurso de habeas corpus interpuesto por su abogado brasileño Inemar Marinho, el gobierno de ese país está dispuesto a extraditarlo en el menor tiempo posible, incluso en cuestión de semanas.

De ser ello así, para muchos observadores paraguayos el capítulo de los gorilas estaría cerrado en ese país. “Lo que pasa es que los nuevos tiempos ya no permiten la existencia de personajes como Oviedo”, dijo a SEMANA el periodista Bernardo Neri Farina. “Y detrás de la detención de Oviedo está la larga mano de Estados Unidos, que junto con los integrantes del Mercosur decidió que era tiempo de acabar con su capacidad de desestabilización para un país con tantos problemas como Paraguay”, añadió.

Para muchos paraguayos la detención de Oviedo es el final de un capítulo negro protagonizado por él y su Unión Nacional de Colorados Eticos. Un capítulo en el que vivieron los delirios de grandeza de Oviedo, quien se hizo construir un escenario para sus desfiles político-militares, el intento de golpe contra el entonces presidente Juan Carlos Wasmossy cuando éste quiso ponerlo en cintura, la subida al poder de su correligionario Raúl Cubas, quien lo indultó de inmediato, el asesinato del vicepresidente Luis María Argaña cuando éste se opuso a su liberación, y la muerte de varios manifestantes que protestaban por el magnicidio, de todo lo cual se le responsabilizó.

Casi todos sus fieles están presos o fugitivos. Cubas está refugiado en Brasil, el general José Segovia está en Uruguay, cinco senadores y un jefe policial están presos. Y con la derrota del intento de golpe del 18 de mayo parece cerrada una etapa que amenazó con dejar a Paraguay del tren de la historia.
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