Viernes, 24 de octubre de 2014

| 2013/01/22 00:00

El valor de la hermandad, de la reconciliación

Tras enfrentarse en la II Guerra Mundial, Francia y Alemania firmaron el Tratado del Elíseo, que cumple 50 años. Lección: la paz es posible entre adversarios.

Angela Merkel y FranÇois Hollande en la celebración del 50 aniversario del Tratado del Elíseo, suscrito por Konrad Adenauer y Charles de Gaulle, base de la amistad entre Francia y Alemania. Foto: Christian Charisius/EFE

Durante siglos, nuestros dos países han sido rivales, adversarios e incluso “enemigos hereditarios”. La relación entre ambos conoció su época más dramática durante las dos guerras mundiales, en especial con los crímenes cometidos por la dictadura nazi. Hay que ser consciente de esta dimensión histórica para saber medir la valentía, la audacia de la que dieron prueba Konrad Adenauer y Charles de Gaulle firmando, el 22 de enero de 1963, el Tratado del Elíseo.

El texto del Tratado es corto y denso, pero su contenido es casi revolucionario: Alemania y Francia se comprometen ni más ni menos que a “llegar, en la mayor medida posible, a una postura análoga” en todas las cuestiones económicas, políticas y culturales importantes. Cincuenta años después el Tratado sigue siendo igual de actual. Las orientaciones de su preámbulo – reconciliación, juventud, solidaridad y Europa – describen la esencia de nuestra asociación. A lo largo de los años ha permitido, más allá de las vicisitudes del día a día, crear una cercanía y una amistad que pocos pueblos comparten.

Una enemistad secular puede cederle el sitio a una amistad profunda: ése es el mensaje del Tratado del Elíseo, cuyo alcance es universal. Porque hemos llevado a cabo la reconciliación de alemanes y franceses. Los sondeos revelan hoy que más del 85 % de nuestros ciudadanos tiene una buena o muy buena imagen del país vecino. Tenemos un manual de historia común, una brigada franco-alemana, una cadena de televisión binacional – Arte – y muchas otras instituciones de diálogo e integración de nuestros dos pueblos. A esto se le añaden los estrechos lazos existentes entre municipios de ambos países. Hoy hay más de 2000 hermanamientos de localidades alemanas y francesas, que contribuyen de forma decisiva en la intensidad de los intercambios sociales y culturales. Nuestras economías también están estrechamente ligadas.

Sin embargo, no debemos ceder ante la ilusión de que todo ello cae automáticamente por su propio peso. Lo que ayer era verdad sigue siéndolo hoy: la juventud es la clave de nuestro futuro común. Nuestra misión sigue consistiendo en hacer que los jóvenes de ambos países comprendan la importancia de conocer a su vecino. La Oficina Franco-Alemana de la Juventud es la que tiene el mérito de haber permitido que millones de jóvenes alemanes y franceses se conozcan. Mantenemos dicha acción.

Nuestra amistad radica en una sólida base de valores compartidos. Tanto en nuestros países como a nivel internacional, actuamos por la libertad, la tolerancia, la ayuda a los más débiles y la diversidad cultural. Sin embargo, a lo largo de los últimos 50 años, Alemania y Francia han tenido a veces posturas divergentes a la hora de solucionar cuestiones importantes de interés común. Pero hemos demostrado que somos capaces de entender la postura del otro y estamos dispuestos a hallar una solución que cada uno pueda aceptar. En un espíritu de solidaridad y de compromiso, Alemania y Francia quieren seguir enfrentándose juntas a los grandes desafíos de nuestra época para garantizar el crecimiento y la prosperidad, para alentar la innovación y la educación, para proteger el medio ambiente, para garantizar un suministro energético seguro y duradero, para responder a las nuevas cuestiones de la era informática y para poner en marcha nuestro compromiso por la paz, la seguridad y la estabilidad en el mundo. Alemania y Francia comparten la misma determinación a la hora de obrar por un Mali libre y democrático, que defina su destino. Junto a nuestros socios de la Unión Europea, haremos una importante contribución al futuro de este Estado africano.

Ahora más que nunca, Europa se sitúa en el centro de nuestra cooperación. Los éxitos de la Unión Europea, del mercado único a la moneda común pasando por la libre circulación de personas y bienes, habrían sido inimaginables sin nuestra voluntad y nuestra acción común. Queremos seguir poniendo la amistad franco-alemana al servicio de este proyecto e invitamos a aquellos que lo deseen a sumarse a nosotros. Dentro del Triángulo de Weimar, Polonia se ha comprometido plenamente con nosotros por la integración europea. Un primer círculo de países voluntarios, muy útil, podrá dibujarse, pero la Europa “a la carta”, que vería cómo algunos pretenden obtener las ventajas de la Unión Europea sin respetar sus obligaciones, no es una opción que se pueda considerar.

Los desafíos a los que debemos enfrentarnos son inmensos. A nivel económico, la prioridad sigue siendo superar la crisis y las mutaciones económicas, consolidando las finanzas públicas así como favoreciendo el crecimiento y la solidaridad, para permitir que la economía europea se recupere y consolidar la posición de Europa frente a la competencia mundial. Para poder afirmarnos en el mundo multipolar del siglo XXI debemos estar dispuestos a modernizar nuestras economías y nuestras sociedades continuamente, y también, llegado el momento, a proseguir la construcción de la casa Europa y a hacer que sea más apta para resistir las crisis.

Pretendemos luchar contra el riesgo de erosión de la UE. La tendencia populista y nacionalista ha aumentado preocupantemente con la crisis económica. Le contraponemos el compromiso franco-alemán por Europa. Nuestra relación, en general excelente, puede ser ahora más que nunca un motor para Europa. Como ministros de Asuntos Exteriores y ciudadanos europeos, estamos convencidos de que, en otro contexto, el “reflejo europeo” de la generación de la guerra y de la posguerra debe mantenerse y prolongarse. Frente a los peligros a los que debemos enfrentarnos, y contrariamente a lo que a veces se pretende, Europa no es el problema, debe ser la solución. Para ello resultan imprescindibles mejoras y debemos proponerlas nosotros. Deseamos actuar por una Europa que responda plenamente a las expectativas de los pueblos, para que no se presente como un coste, sino, primero, como un progreso del que nuestros ciudadanos disfruten a diario bajo forma de una libertad, una prosperidad y una seguridad mayores. Es lo que Konrad Adenauer y Charles de Gaulle nos dirían hoy.

Es lebe die deutsch-französische Freundschaft! ¡Viva la amistad franco-alemana!

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