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| 12/19/2004 12:00:00 AM

El vecindario en el segundo mandato de Bush

América Latina ha estado abandonada por Washington, pero la seguridad estadounidense y el paso a la historia del Presidente reelecto pasan por prestarle de nuevo la atención debida.

La promesa de que el xxi fuera el siglo latinoamericano que George W. Bush proclamó en su campaña de 2000, y que cumplió con gran energía durante los primeros ocho meses de su gobierno, pasó al olvido con los atentados de 2001. Hoy el Presidente tiene otra oportunidad para cumplir su palabra.

En el inicio del segundo mandato de Bush, el 20 de enero de 2005, no es previsible que se modifique la prioridad que el gobierno de Estados Unidos ha dado al combate al terrorismo, pero lo que sí se puede esperar como una variación en el camino es que el habitante de la Casa Blanca comenzará desde ese día a pensar en su lugar en la historia, y este pasa necesariamente por voltear a ver al vecindario.

En primer lugar hay un factor geográfico innegable de contigüidad. La seguridad territorial de Estados Unidos no lo será sin la colaboración de México al sur de su frontera y de los países centroamericanos desde los cuales actualmente pueden partir sin problema quienes les desean el mal, utilizando simplemente las funcionales redes de tráfico de personas.

No es sólo eso, América Latina es el socio comercial más importante de Estados Unidos. México obviamente se cuece aparte. Oscila entre el lugar número dos y el tres en intercambios comerciales, solo después de Canadá o China, pero todos tienen importancia, por sí mismos. Brasil compra más productos estadounidenses que Australia y casi tantos como China, mientras Argentina compra más que Rusia.

El presidente Bush tendrá que dedicar tanto tiempo como atención en los próximos cuatro años a la principal amenaza contemporánea en la región: la ingobernabilidad. El fenómeno se hace presente en mayor o menor medida en todos los países de la región surgido por el agravamiento de las condiciones económico-sociales. Bush tendrá que estar atento a que la ingobernabilidad latinoamericana no afecte la estabilidad de su país.

Y es que el que América Latina sea una zona exenta de amenazas en cuanto al terrorismo fundamentalista islámico no significa que esté exenta de amenazas a su seguridad. El narcotráfico y la actividad criminal común, que acosan a muchas de las naciones en la región, no pueden verse eternamente alejados del fenómeno terrorista que se nutre de la ilegalidad y el crimen organizado. A los nuevos retos de seguridad se deben de sumar las viejas agendas continentales que el presidente Bush no puede olvidar.

Cuba ya no representa un peligro porque no tiene el paraguas soviético de antaño, pero siempre representará un reto para las relaciones hemisféricas. Es obvio que la muerte de Castro (si ocurre en los próximos cuatro años) cambiará la dinámica de la relación continental con la isla, pero no puede dejarse todo a la 'solución biológica'. Una de las tareas pendientes para el cuatrienio será la de encontrar avenidas transitables para todos en cuanto a la preparación para una Cuba pos-Castro.

También en el Caribe, Haití plantea una oportunidad de cooperación hemisférica. Ante la extensión de las responsabilidades militares estadounidenses en otras zonas del planeta se abre el espacio propicio para una armónica 'división del trabajo' entre países medios y la potencia global. Brasil lo ha entendido así y ha procedido en consecuencia. Su actuación en Haití favorece una de las prioridades de política externa de Brasilia: la obtención de un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. Sin el apoyo decisivo de Estados Unidos eso no sucederá, pero ahí el segundo mandato de Bush tendrá que conciliar cuestiones de balance regional.

México no está de acuerdo en ceder un papel de liderazgo a los diplomáticos de Itamaratí sin obtener algo a cambio. La reforma global de la Organización de Naciones Unidas es una de las prioridades de la presidencia de Vicente Fox, como lo es también algún tipo de reforma a las leyes migratorias de Estados Unidos. El fenómeno de la migración hacia el norte es de interés para toda América Latina, pero en particular para el vecino sureño de la unión americana, que tiene cerca de ocho millones de ciudadanos emigrados y trabajando bajo condiciones denigrantes debido a su situación de indocumentados. La realidad demográfica de ambos países, mezclada con sus asimetrías económicas, establece una unión de conveniencia entre los mexicanos jóvenes que buscan un trabajo y los empleadores estadounidenses que lo ofrecen. Reformar algunas leyes para permitir a los indocumentados, no solo a los mexicanos sino a los latinoamericanos en general, salir de las tinieblas es una tarea por hacer en el segundo mandato

En general, el nuevo gobierno de Bush puede impulsar algunas medidas concretas para prestar mayor atención a América Latina mediante iniciativas especificas:

Designar un nuevo representante especial para la región: es particularmente importante porque es improbable que la secretaria de Estado o el consejero de Seguridad Nacional otorguen tiempo a la región en su abultada agenda. Más aún, el antecedente de este tipo de posición, ocupada por Mac MacLarty en el gobierno de Clinton, fue muy positivo.

Fortalecer la Iinstitucionalidad Hemisférica: la Organización de Estados Americanos (OEA) sufrió indirectamente por la salida forzosa de su director y urge encontrar un nuevo y mejor candidato para guiar su destino. Igualmente, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en donde no hay un problema de liderazgo, merece un apoyo más decidido en cuanto a recursos.

Revigorizar las negociaciones comerciales: la mejor manera de hacerlo es reiterando la vocación estadounidense de propiciar un acuerdo de alcance regional (Alca) y no solo un conjunto de acuerdos bilaterales o subregionales.

Revitalizar la Cumbre de las Américas El comercio por sí solo no es una política hemisférica. Hay 23 iniciativas más, identificadas por los dirigentes en la Cumbre de Miami de 1994, que pueden fortalecer las relaciones.

Retomar la doble vía de los intercambios estudiantiles: No hay mejor política exterior que la de la cercanía entre los pueblos. Generaciones de ciudadanos tanto estadounidenses como latinoamericanos recuerdan con cariño sus experiencias en programas de intercambio académico que les ayudaron a despejarse de los estereotipos mutuos que tanto perjudican nuestras relaciones.

Estados Unidos y América Latina suelen disentir en cuanto a la táctica usada en el complejo mundo de las relaciones internacionales, pero los países comparten valores fundamentales como son el compromiso con la democracia y el crecimiento económico, idealmente de base amplia orientado al libre mercado, así como el interés en la estabilidad de la región.

Sin embargo hay que reconocer que las relaciones pasan por un momento no solo de abandono sino hasta de tensión por el rechazo de las mayorías a la actitud unilateral de Washington evidenciada en los últimos tres años. Desde el río Bravo hasta Tierra del Fuego, George W. Bush no era el candidato de las masas, aunque hay que reconocer que las élites criollas se encuentran cómodas tratando con el tejano.

El reto para el jefe del ejecutivo de Estados Unidos en su segundo mandato es buscar a través de acciones concretas despejar la muy extendida opinión pública de que estaríamos mejor si otros fueran nuestros vecinos.

*Subdirectora de la revista Foreign Affairs en español
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