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| 12/19/1988 12:00:00 AM

EL VELO CORRIDO

Benazir Bhutto, joven, bella y elegante, sería la primera jefe de gobierno musulmán de la historia.


Para Benazir Bhutto el triunfo fue total. La hija del ex jefe de gobierno Ali Bhutto, derrocado con un golpe de estado en 1977 por Zia Ul-Haq, y posteriormente condenado a muerte y ahorcado, fue elegida, por ahora, diputada junto con su madre Nusrat, y su suegro Hakím Ali Zardari. Según los últimos resultados, su partido, el Partido Popular Paquistaní, obtuvo 95 de los 237 escaños del Parlamento. Exponentes de la Alianza Islámica Democrática, el Partido que apoyaba el desaparecido presidente Zia Ul-Haq, reconocieron la misma noche de las elecciones, el pasado 16 de noviembre, que Benazir ganó con un amplio margen, por lo cual podría ser nominada por el presidente, la primera mujer jefe del gobierno en la historia de Pakistán.

La jornada electoral, la primera en 11 años de dictadura, se desarrolló en un clima de calma. De los 48 millones de personas con derecho al voto, se presentaron sólo el 50%, después de la decisión de último momento de la Corte Suprema de permitir el voto sólo a las personas con un documento de identidad. Una decisión que golpeó sobre todo a las franjas más pobres de la población y al electorado femenino, el 40% del cual no posee papeles.

Las fuerzas armadas, que en estos años han manejado el país con mano dura y fuerte represión, guiadas por el difunto presidente Zia, están en estado de alerta. Y es que en estas elecciones, Pakistán se está jugando en realidad su futuro democrático. Porque más que escoger un partido u otro, cuyas propuestas, entre otras cosas, poco se diferencian, está escogiendo el camino que había elegido gracias a la independencia hace 40 años. En Pakistán todavía están frescos los recuerdos del tremendo período de violencia vivida antes y después de las elecciones de 1970 que desintegraron completamente el país, llevándolo a una dictadura de 11 años y a la imposición de severas leyes marciales hasta la muerte de Zia Ul-Hag en un accidente de aviación con visos de atentado, en agosto pasado.

"El pueblo está listo para el cambio y quiere la democracia", decía durante su campaña electoral Benazir Bhutto, mientras del otro lado Qazí Hassain Ahmad, su opositor, le recalcaba que "el país ha hecho el gran paso hacia la democracia y dará su veredicto el próximo 16 de noviembre".
Un veredícto que hasta ahora los partidos que tomaron parte parecen dispuestos a hacer respetar. Sin embargo, los temores no faltan. La calmada jornada electoral podría ser el anuncio de la tempestad. Y a las largas filas de ancianos y mujeres con el rostro cubierto por un velo delante de los puestos electorales, no ha faltado quien les diga que "un país gobernado por una mujer, no puede prosperar".

Si bien es cierto que la carismática Benazir Bhutto enloquecía a las masas y reunía en sus gigantescas manifestaciones gente de todos los estratos sociales, desde los ricos propietarios de tierras hasta humildes campesinos, no es tan claro si el poder será transferido pacíficamente al ganador de las elecciones. Y estas elecciones en realidad no son tan distintas a las de 1970 que se llevaron a cabo también después de un largo periodo de régimen militar y que también ponían en juego la democracia.--

Una niñita de Harvard
Es difícil imaginar una historia más llena de paradojas que la de Benazir Bhutto. Su mérito no radica en que a los 35 años pueda convertirse en la jefe de gobierno más joven del mundo sino en que además sería la primera mujer en la historia en dirigir un país musulmán, donde las costumbres relegan a las mujeres prácticamente a las labores domésticas. Su precocidad tampoco es cosa nueva. Fue precoz desde cuando ingresó antes de la edad permitida a la Universidad de Harvard donde, a más de convertirse rápidamente en una de las mejores alumnas, se codeó con lo más granado de la sociedad norteamericana, hijas de Robert Kennedy incluidas. Cuando se graduó en Ciencia Política a los 22 años, nada hacía pensar que la moderna joven, que vestía a la última moda y llevaba una vida completamente occidentalizada, se convertiría con el correr de los años en líder de un país densamente poblado donde por lo demás, las mujeres observan las costumbres musulmanas de usar velo y permanecer en casa alejadas de las actividades "de hombres" como la política.

Sin embargo, tras las apariencias, se escondía una muchacha fuertemente comprometida con su destino. Tras el derrocamiento y ejecución de su padre, quien la adoraba, se convirtió en perseguida política y líder de la oposición en el exilio. Cuando regresó a su país, para acomodarse a las costumbres, y siguiendo los consejos de su madre, dejó todo para casarse con un rico industrial a quien escasamente conocía y de quien tiene hoy un hijo de apenas un mes. Pero donde Benazir Bhutto se está labrando su entrada a la historia del siglo XX, es en el liderazgo que ejerce en Pakistán donde cuentan que es capaz de acallar los rugidos de una manifestación con un sólo gesto. Una personalidad forjada en la soledad de la prisión o en la amargura del exilio, donde el amor por su patria y por el recuerdo de su padre se constituye en el motor de su vida.
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