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| 12/22/1986 12:00:00 AM

EL VIL METAL

Por primera vez desde 1921, el gobierno permite a los ciudadanos soviéticos ganar dinero aparte de su trabajo.

EL VIL METAL EL VIL METAL
Un fantasma recorre el mundo comunista de hoy: el de la iniciativa privada. Y aunque no sea admitida tal y como se practica en el mundo capitalista, las economías de países como China, Hungría y ahora la Unión Soviética han tenido que reconocer que la competencia de la mano de obra privada no sólo es sana sino indispensable en algunas áreas, en las cuales el monopolio del Estado no sólo ha resultado ineficiente sino además demasiado costoso.
Por primera vez, desde que en 1921 se establecieran en la Unión Soviética las leyes económicas que regirían el nuevo Estado comunista, el Soviet Supremo acaba de aprobar una ley por la cual se permite y se reglamenta la actividad productiva privada, en 29 campos distintos, la mayoría de ellos correspondientes al sector de servicios y a la producción artesanal. La ley, que empezará a regir a partir de mayo de 1987, según la agencia TASS "parte del criterio de que el trabajo particular es provechoso y es necesario conjugarlo con los principios de la gestión económica socialista". Hasta ahora, el trabajo colectivo, en las empresas y cooperativas socialistas había constituido el único tipo de actividad productiva permitido por el Estado y las personas no podían realizar individualmente trabajos remunerados.
No obstante, la poca eficiencia de las empresas estatales en la prestación de servicios menores como la reparación de un televisor o un automóvil o el arreglo de una tubería, para los cuales se podía llegar a esperar meses, había dado lugar a una especie de "mercado negro" de servicios que era ya prácticamente admitido como legítimo, en la medida en que era evidente que la gente prefería acudir al trabajador individual, quien en la mayoría de las ocasiones realizaba una mejor labor y en más corto plazo que el taller estatal, así cobrara más caro.
Aunque la Constitución de la Unión Soviética ciertamente dedica todo un artículo a la admisibilidad del trabajo individual, el hecho de que no existiera una ley que lo reglamentara, en la práctica lo convertía en una restricción tácita, frente a la cual reinaba un gran descontento. No sólo por lo que ello implicaba en materia de obtención de servicios y artículos de consumo básico, sino además porque coartaba la iniciativa de quienes quisieran obtener ingresos adicionales en su tiempo libre.
El argumento que esgrimió Ivan Gladki, presidente del Comité Estatal de la URSS para el trabajo y las cuestiones sociales, al justificar la nueva ley fue claro: las empresas estatales y cooperativas no satisfacen en pleno grado las necesidades de la población en mercancías de consumo y en servicios. Y por ende, es necesario el aporte del trabajo individual en ciertas áreas en que las redes estatales, no muy desarrolladas y en muchos casos anquilosadas a raíz de la ausencia total de competencia, han demostrado claramente su ineficiencia.
Aunque la nueva ley no introduce un cambio radical en la concepción del trabajo, que de ninguna manera podrá ser asalariado (nadie puede trabajar para alguien distinto de sí mismo o el Estado), sí permitirá a los soviéticos una cierta libertad de iniciativa e indiscutiblemente generará una mayor actividad productiva. Quienes lo deseen, podrán dedicarse en su tiempo libre a realizar trabajos relacionados con la confección de ropas, calzado, tejidos, muebles, construcción y reparación de viviendas, el trabajo en las parcelas cultivables, la reparación de utensilios domésticos y automóviles e incluso a la prestación de servicios como el transporte en vehículos privados, y la enseñanza en campos como la música o los idiomas. A la lista de trabajos permitidos, que puede ser completada en caso de necesidad según las distintas localidades, la ley agrega aquellos que de ninguna manera podrán realizarse como la fabricación de armas, medicamentos, sustancias venenosas y narcóticos, y la utilización de aparatos de reproducción como fotocopiadoras, que el Estado se sigue reservando para sí.
La ley beneficiará indiscutiblemente no sólo a la sociedad soviética en general, que ve en ella una posibilidad de mejorar la calidad de sus servicios y aumentar el consumo, sino además a millares de amas de casa, jubilados, inválidos, estudiantes, que se encontraban totalmente por fuera de la actividad productiva. Pero el gran beneficiado, en últimas, será el Estado mismo, que en el fondo ve en ello un respiro a las exigencias cada vez mayores de productos y servicios básicos que sus propias empresas han sido incapaces de proporcionarle a la mayoría, aunque haya algunos privilegiados del régimen (ver artículo sección Documento).
Una cosa es pretender mantener a la gente alejada del consumo de artículos que pueden verse como superfluos en el contexto de los países comunistas, y otra el no poder satisfacer una demanda de productos básicos como alimentos, ropa, calzado y artículos para el hogar tan simples y necesarios como cobijas, ropa de cama o alfombras, que habian llegado a convertirse para muchos en un lujo que no podían adquirir a ningún precio.
Si, como lo espera el gobierno y las circunstancias permiten preverlo hasta ahora, esta nueva ley contribuye a reactivar la creatividad adormilada de una sociedad que no conoce el estímulo al trabajo individual, y con ello a mejorar la producción, la Unión Soviética podria estar dando uno de sus primeros pasos a la "modernización económica" prometida por Gorbachev. Proceso que, tal como lo demuestra la experiencia de países como China, aparentemente está ligado de alguna forma al reconocimiento de valores que los ortodoxos han visto hasta el momento como propios del sistema capitalista, pero que en últimas parecen ser inherentes a la misma naturaleza humana y su ego individual.

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