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| 11/2/2013 2:00:00 AM

Elecciones en Nueva York al rojo

La Gran Manzana va a dar un revolcón. Bill de Blasio, progresista y populista, va a reemplazar al exitoso alcalde Michael Bloomberg, un magnate amigo de Wall Street.

Nueva York cambia este martes de color. Después de tres alcaldías seguidas del multimillonario republicano Michael Bloomberg, la Gran Manzana se prepara a recibir el choque de un tsunami izquierdista. El culpable de esta revolución es Bill de Blasio, un demócrata que critica a Wall Street, que dice representar el 99 por ciento y que se define como el “anti-Bloomberg”. 

Aunque las elecciones son el próximo 5 de noviembre, los sondeos indican que un histórico 68 por ciento de los neoyorkinos votaría por él. Lo suficiente como para predecir un knockout del candidato continuista, Joe Lotha.

La historia de De Blasio comenzó hace 52 años en Manhattan. Fue bautizado Warren Wilhelm, como su padre, un héroe trágico de la Segunda Guerra Mundial, que regresó a Estados Unidos alcohólico y sin parte de una pierna. Bill creció cerca de Boston, en un ambiente deplorable por los problemas sicológicos del veterano. Cuando el muchacho tenía 18 años, su padre se pegó un tiro en el corazón. Bill decidió entonces cambiarse el apellido y adoptar el De Blasio de su familia materna, napolitana de origen. 

Mientras estudiaba, las ideas de izquierda contagiaron a este gigantón de casi dos metros.  En 1988 viajó a Nicaragua para apoyar la causa sandinista y recaudó fondos para apoyarlas. En Nueva York, trabajó en un centro de justicia social y en 1989 militó en la campaña demócrata de David Dinkins, el primer alcalde negro de la ciudad. Ahí conoció al amor de su vida y uno de los elementos centrales de su campaña: Chirlane McCray.

Afroamericana, poeta y feminista, McCray había salido del clóset en 1979 con un artículo que tituló ‘Soy lesbiana’. Pero, según explicó años más tarde, “haber conocido a Bill cambió mis ideas sobre la forma y el empaque en el que viene el amor”. La pareja se fue de luna de miel a Cuba, un país “antidemocrático” para De Blasio, pero que ha conseguido “cosas buenas en salud”. La familia, que tiene dos hijos adolescentes, quiere ser el símbolo de los Estados Unidos de la era Obama: postraciales, mestizos, progresistas, desacomplejados y modernos.

Y ese es el discurso que De Blasio, quien fue director de la campaña de Hillary Clinton al Senado, concejal y defensor del pueblo, le ha vendido a Nueva York.  Se presentó como el “único con los pantalones para romper con los años Bloomberg”, que describe como un millonario elitista, que gobernó para los ricos y defendió a Wall Street mientras las desigualdades en Nueva York aumentaban. Dice querer acabar,  parafraseando a Charles Dickens, con esta “historia de dos ciudades”, pues mientras “400.000 millonarios dicen que Nueva York es su hogar, la mitad de nuestros vecinos se acerca a la línea de pobreza”. 

De Blasio promete subir los impuestos a aquellos que ganen más de 500.000 dólares por año, financiar jardines infantiles gratis, salvar los hospitales públicos y darles una identificación a los inmigrantes indocumentados. Esas propuestas le han dado urticaria a Bloomberg, alcalde reelegido dos veces, con una exitosa carrera en el mundo de las finanzas y de los medios, y a la cabeza de una fortuna de 31.000 millones de dólares. Dijo que la campaña de De Blasio era populista, de guerra de clases y racista. Pero eso no ha sido suficiente para detenerlo y Bloomberg, a pesar de tener un balance positivo, no logró posicionar sus fichas. 

De Blasio reemplazará a uno de los alcaldes más emblemáticos de la Gran Manzana en los últimos tiempos. Republicano moderado, el magnate apoya el aborto, el matrimonio gay, el control armamentístico, logró equilibrar los presupuestos de la ciudad y tomó las riendas de una ciudad golpeada por los ataques del 11 de septiembre para volverla a posicionar como la capital del mundo.

Como lo demuestra su cruzada contra el tabaco o las gaseosas, sus banderas han sido abrazadas en muchos países, y Bloomberg las ha asumido como una cruzada global.  Tanta es su influencia, que es un candidato obvio para la presidencia en 2016. 

Pero eso deberá esperar. Por ahora el rebelde reemplazará al millonario. ¿Será que, como lo predice el portal The Daily Beast, se trata del ascenso de la “nueva izquierda” y que el cambio podría “volcar tres décadas de pensamiento político estadounidense?”. De todos modos, este año volvió a quedar demostrado que las elecciones de Nueva York son todo menos locales.
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