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| 3/2/2016 4:41:00 PM

Elecciones en EE.UU.: las dos caras de la moneda

Trump y Clinton avanzan, pero mientras el primero causa angustia entre muchos copartidarios, la segunda parece consolidarse. Sin embargo, aún nada está escrito.

A medida que avanzan las elecciones primarias de Estados Unidos, se configuran dos panoramas opuestos en los dos partidos mientras Donald Trump y Hillary Clinton dan pasos de gigante en busca de sus respectivas candidaturas a los comicios de noviembre

Entre los republicanos, Trump sigue tomando ventaja sobre sus dos contendores que se mantienen como opciones viables, Ted Cruz y Marco Rubio. En otras circunstancias, vale decir, si el puntero fuera otro, una ventaja así debería estar convirtiéndose en un factor de unidad en torno a la figura del candidato inevitable.  Pero en esta oportunidad, Trump ha logrado ofender y atropellar a tantos grupos sociales, para no mencionar a sus adversarios, y ha proyectado una imagen tan impredecible, que los propios dirigentes tradicionales del Grand Old Party están alarmados. Creen, y en ello las encuestas están de su lado, que Trump no ganaría a nivel nacional en ninguna hipótesis, y que por ello una candidatura suya, tras 8 años de presidencia demócrata, sería el comienzo del fin para esa agrupación histórica de la política norteamericana.

Trump, como dicen los aficionados al fútbol, tiene viento en la camiseta. Ganó siete estados. Alabama, Arkansas, Georgia, Massachussets, Tenesseee, Vermont y Virginia y de paso logró lo que era considerado una verdad de a puño en la política electoral del país del norte: que un neoyorquino difícilmente se llevaba los estados del sur.

Por su parte, Cruz ganó en Alaska, Oklahoma y, sobre todo, en su natal Texas, mientras Rubio superó los pronósticos al ganar su primer estado, Minnesota.  De ese modo el primero quedó mejor colocado para el objetivo que ambos buscan en este momento: convertirse en la mejor opción para detener el avance de Trump. Sin embargo, Rubio aún tiene un as bajo la manga, su estado de Florida el 15 de marzo, que representa una buena cantidad de delegados y le mantendría al menos en carrera.

En todo caso, la situación comienza a ser tan angustiosa para los detractores del puntero, que para algunos analistas Cruz y Rubio ya no estarían buscando derrotar a Trump en número de delegados, sino evitar que llegue a la convención de Cleveland con una mayoría absoluta que le evite sorpresas.  No hay que olvidar que, si ninguno llega con esa ventaja insuperable, la convención puede barajar de nuevo e incluso proponer un candidato que no haya estado en competencia.

En todo caso, el propio Trump se encargó de ofrecerles a las filas de sus enemigos motivos para el optimismo: Para nada le ayudó que un dia antes de las votaciones el multimillonario no pudo o no quiso rechazar el respaldo que le dio la organización racista Ku Klux Klan en boca de su dirigente histórico David Duke, un oscuro personaje que ha sido convicto varias veces.  Con ello reforzó entre el establecimiento republicano la idea de que una candidatura suya podría ser una catástrofe histórica, cuando aún quedan tres cuartas partes de los delegados por determinar.

Por el lado demócrata, las cosas tienen otro cariz, pues la aspiración de Hillary Clinton, que pareció tambalear en las primeras oportunidades, comienza a parecer inevitable. La ex secretaria de Estado ganó y amplió su ventaja con estados importantes por el número de delegados como Texas, Virginia, Massachussets y Georgia. Su contendor, el senador por Vermont Bernie Sanders, tuvo un buen desempeño relativo, pues ganó no solo en su estado, sino en Oklahoma, Colorado y Minessota. Pero tiene el problema de que no ha logrado ampliar el universo de sus seguidores, que siguen siendo principalmente los millenials, jóvenes, educados y liberales, aunque cada vez más multirraciales.  Su aspiración pende de un hilo, pero nadie espera que se retire hasta el final de la contienda, la convención de Filadelfia en julio.

En cualquier caso, la campaña de los aspirantes demócratas no ha sido, ni con mucho, comparable con la de los republicanos en pugnacidad. Por eso sería esperable que el partido en el gobierno encuentre con facilidad la forma de agruparse en pleno en torno a una figura como Hillary, que tiene más puntos positivos que negativos.

De ese modo, la carrera por la presidencia de Estados Unidos se pone apasionante en el lado republicano, mientras en el demócrata comienza a volverse predecible.  Pero en política una semana es una eternidad, y aún faltan muchas para el final. Así que, como vamos, aún pueden pasar muchas cosas que modifiquen este panorama.

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