Lunes, 5 de diciembre de 2016

| 2016/01/23 22:00

La película que podría hacer perder a Hillary Clinton

Los republicanos esperan afectar a Hillary Clinton con una película sobre el incidente de Bengasi en el que murió el embajador norteamericano supuestamente por culpa de la entonces secretaria de Estado.

Donald Trump alquiló en lowa una sala de cine para proyectar gratis la película. Aunque en esta no se menciona a Hillary Clinton, la cinta retoma la tesis según la cual ella se desentendió del asunto. Foto: A.P. / A.F.P.

El consulado estadounidense está rodeado por un grupo de terroristas que le ha prendido fuego al búnker en el que se refugia el embajador. El humo amenaza con asfixiarlo. A pocas cuadras, un grupo de seis hombres bien armados y decididos quiere emprender una arriesgada misión para salvarlo. Pero nadie los autoriza. Por el contrario, su inepto jefe impide el rescate. “Stand down!”, les grita una y otra vez mientras el tiempo pasa y el oxígeno se le acaba al embajador. Y aunque después de varios minutos los arriesgados soldados deciden desobedecer la orden, llegan demasiado tarde.

La escena corresponde a la película 13 horas: los soldados secretos de Bengasi, del director Michael Bay, y no tendría nada de extraordinario si no fuera porque la motiva un cuidadoso cálculo político, comenzando porque fue estrenada a 15 días del comienzo de las elecciones primarias estadounidenses, que arrancan el próximo 1 de febrero en Iowa. Pues aunque cada quien está en su derecho de contar la ficción que quiera (Bay es conocido por sus exitosas adaptaciones de los Transformers), esta cinta se basa en la versión varias veces rebatida sobre la responsabilidad de la entonces secretaria de Estado Hillary Clinton en la muerte de cuatro funcionarios estadounidenses, entre ellos el embajador Christopher Stevens, durante el ataque al consulado de ese país el 11 de septiembre de 2012.

El hecho es recordado como una de las grandes tragedias de la diplomacia gringa, que en pleno aniversario del 11-S tuvo que tragarse un nuevo evento terrorista en su contra, y encajar la pérdida de su más alto representante en una de las regiones claves del planeta. Su actualidad política se debe únicamente a que Clinton es hoy la más opcionada para alcanzar la candidatura demócrata.

En efecto, los candidatos que lideran la competencia en el lado republicano se han encargado de hacer la mayor difusión posible de la cinta: Donald Trump alquiló una sala de cine para proyectarla gratis, Ted Cruz habló con admiración de sus protagonistas en el último debate televisado, y tanto Marco Rubio como Jeb Bush insistieron en que quien haya sido responsable de esos hechos no puede ser presidente de Estados Unidos.

El hecho es que 13 horas retoma la tesis republicana según la cual Clinton ignoró deliberadamente las amenazas que se cernían sobre Stevens y el consulado en general, se desentendió de la suerte de los funcionarios a pesar de saber que sus vidas corrían un peligro inminente, impidió el apoyo aéreo y, tras el desastre, trató de encubrir su incompetencia. Sin embargo, ocho investigaciones de alto nivel –siete de ellas emprendidas desde el propio Congreso y lideradas por republicanos– concluyeron que esos cargos carecían de fundamento. De hecho, los informes dicen de manera explícita que nunca existió la orden de detener la ayuda que podría salvar a Stevens. También, que no había en los alrededores aeronaves. Y afirman con contundencia que ni la Casa Blanca ni otras instancias gubernamentales trataron de ocultar los hechos.

Esta no es ni mucho menos la primera vez que Hollywood interviene para cambiar mediante la ficción una realidad incómoda, como lo demuestran decenas de películas que resaltan la inocencia de los cowboys que ejecutaron el genocidio de poblaciones locales en la conquista del Oeste, o las que reinterpretan en términos victoriosos la derrota del Ejército de Estados Unidos en la guerra de Vietnam. Pero, 13 horas marca un nuevo hito al aplicar esa fórmula a la guerra que desde hace años libran demócratas y republicanos, que la han usado como un panfleto para favorecer sus objetivos electorales.

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