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| 2/6/2016 12:00:00 AM

Marco Rubio, la sorpresa de las primarias estadounidenses

El primer paso de las primarias en Iowa mostró un panorama inesperado y una bomba para los republicanos: el tercer lugar de Marco Rubio, el joven de origen cubano a quien comparan con Barack Obama.

Los que siguen la campaña presidencial en Estados Unidos tienen la respiración contenida. El pasado lunes 1 de febrero, en lo que constituía el primer peldaño de las elecciones primarias para que republicanos y demócratas escojan sus candidatos a las elecciones de noviembre, el resultado sorprendió a medio mundo. Nada salió como se esperaba. Fue en el estado de Iowa, en el Medio Oeste del país y donde viven algo más de 3 millones de personas cuya decisión es el pulso mismo de la opinión estadounidense.

Hillary Clinton, de quien se pensaba iba a consolidar su liderazgo en las encuestas, logró superar entre los demócratas a Bernie Sanders con un 49,9 por ciento de los votos sobre un 49,6 por ciento. Una diferencia ínfima. En la orilla opuesta, la republicana, no hubo una sorpresa sino dos. Donald Trump, que venía como una locomotora, sucumbió con un 24,3 por ciento ante el senador Ted Cruz, con un 27,6 por ciento, y Marco Rubio, que en los sondeos estaba en la mitad de la tabla, deslumbró al situarse a solo un punto de Trump y se convirtió en el hombre que atrae ahora todas las miradas.

La inimaginable votación por Rubio en Iowa se explica por varios factores. Para empezar, tal como escribe Chris Cillizza de The Washington Post, deja claro que el senador de Florida es “el candidato del establecimiento republicano, es decir, de los grandes donantes” de la derecha. Es lógico: la vieja guardia conservadora, alarmada por las locuras de Trump y por el ultraderechismo de Cruz, y ante la evidencia de que los otros tres aspirantes sensatos –Jeb Bush, Chris Christie y John Kasich– no tienen fuerza, se ha decantado por Marco Rubio. Otras razones que explican la victoria del cubano-americano en Iowa es que invirtió mucho dinero, ofreció numerosos mítines café en mano y de pie, y se robó el show en el único debate televisado al que no asistió Trump.

Pero lo que Rubio tiene por delante no es fácil. Con 44 años, sus rivales le critican los constantes cambios de parecer sobre la política migratoria (a veces quiere abrirles la puerta a los 11 millones de indocumentados; a veces, como ahora, no). Le critican, también, el manejo de sus finanzas personales, y le sacan en cara los presuntos nexos con el narcotráfico de uno de sus cuñados. Él, por su parte, confía en una elocuencia sobresaliente, en su historia de hijo de inmigrantes cubanos y en que su trayectoria lo convertirá en el Obama de los republicanos.

La siguiente prueba de fuego para Rubio será este martes 9 de febrero. Ese día, tras su buen resultado en los caucus de Iowa, deberá someterse a las urnas en las elecciones primarias de New Hampshire, un estado de menos de 2 millones de habitantes en New England, en el noreste del país. Las encuestas no lo favorecen. Según el promedio de todos los sondeos que lleva a cabo Real Clear Politics, el ganador será Donald Trump con un 32,4 por ciento de los votos, escoltado por Ted Cruz con el 15 por ciento y luego sí por Rubio con un 12,6 por ciento. Después vendrán las primarias de Carolina del Sur, y el 1 de marzo el Supermartes, donde más de una decena de estados seleccionarán a su aspirante. Rubio está jugado. Cree que el primer impulso de Iowa lo llevará a convertirse en el candidato oficial de los republicanos en la convención nacional del partido. Eso será en la tercera semana de julio, en Cleveland, que ahora mismo se ve lejos.

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