Domingo, 22 de enero de 2017

| 2016/05/21 00:00

El talón de Aquiles de Hillary Clinton

Las debilidades de la aspirante demócrata son cada vez más visibles y su posibilidad de ganar la Casa Blanca puede verse minada, sobre todo con el temible fantasma de Trump en su espalda.

Según las últimas encuestas, Clinton empataría con Trump en los 'estados bisagra', lo cual podría robarle las elecciones del 8 de noviembre. Foto: A.F.P.

¿Por qué odian tanto aHillary Clinton?”, preguntó Jay Parini el 21 de marzo en CNN.com. El columnista planteó varios argumentos que explicarían la animadversión que crea la candidata demócrata y terminó afirmando que “no es perfecta, pero es inteligente y experimentada” y “aunque voté en las primarias por Bernie Sanders, no me cae mal Clinton para nada. Antes lo contrario. Votaré felizmente por ella en noviembre”. En efecto, no ha conquistado del todo al electorado, lo cual se ve en sus derrotas contra Sanders en 20 de los 42 estados que han realizado primarias. Sus debilidades cada vez la complican más, pues en las últimas encuestas casi empata con Trump en los llamados ‘estados bisagra’ que no son totalmente republicanos ni demócratas como Florida, Ohio y Pensilvania. Estos son los cinco talones de Aquiles de Hillary.

1- Representar al ‘establishment’

Primera dama entre 1992 y 2000, dos veces senadora por Nueva York entre 2000 y 2008, candidata presidencial y secretaria de Estado de 2008 a 2013. Clinton es sin duda una veterana de la política estadounidense. Sin embargo, en su último cargo tuvo dos errores que no le han perdonado: el escándalo del sistema de correo electrónico clasificado y los ataques de Benghazi en 2012 donde murieron cuatro norteamericanos. Además, es públicamente sabido que Clinton tiene grandes amistades con Wall Street, y que en dos años, según CNN Money, ganó más de 21 millones de dólares por dar discursos sobre macroeconomía a los grandes bancos, particularmente al grupo de inversión Goldman Sachs. El problema es que, en estas atípicas elecciones, ser el establishment no es una cualidad, sino un defecto, que los jóvenes le han cobrado caro.

2- “Ser mujer”

Donald Trump no ha perdido una sola oportunidad de mostrar su misoginia y Hillary es su blanco preferido. “Creo que la única carta que tiene es la de que es mujer. No tiene nada más. Francamente, si Clinton fuera hombre, no creo que obtendría ni el 5 por ciento de los votos. Y lo más lindo de todo es que las mujeres no la quieren”, dijo. Y aunque ella le respondió que sus comentarios eran una “diatriba absurda”, está teniendo problemas en recoger el voto de los hombres blancos de clase media y de los millennials, que no ven el tema de género tan relevante como en décadas pasadas.

3- Ser la esposa de Bill Clinton

Los republicanos odian al expresidente, y muchos piensan que una victoria de Hillary podría representar el regreso de Bill al poder; por eso, a Hillary le quedaría difícil recoger el voto republicano que no cree en Trump. Y una de las nuevas armas del magnate republicano es atacarla por los escándalos sexuales de su esposo. Trump se dedicó a poner a la esposa no como la víctima, sino como la villana y hasta se atrevió a decir que fue ella quien “facilitó totalmente” la promiscuidad de su marido.

4- Parecer falsa

“Se esfuerza tanto por parecer sincera, que se ve falsa”: los millennials, que ven en Sanders una alternativa al lejano y sospechoso establishment, no creen en la sinceridad de Hillary cuando trata de acercarse a sus intereses. Según varias encuestas, dos tercios de la población estadounidense no confía en ella y mucho menos ahora que el FBI investigó a su organización filantrópica, la Fundación Clinton, por actuar contra la ley federal y ayudar a sus allegados. No por nada sus números de popularidad son aún más bajos que cuando comenzó la campaña en 2015.

5- Pelear en tres frentes

Y para oscurecer un poco más el panorama, Hillary no puede defenderse por estar peleando en tres frentes contra Sanders, contra Trump y contra sus talones de Aquiles. De cara a su impopularidad, no ha buscado hacerle zancadilla a Sanders para no dividir más a su partido, pero el exsenador socialista no solo la está desplazando hacia la izquierda, sino que le está quitando fuerza para las elecciones generales. Esto mientras Trump, ya sin nadie a quien vencer, puede prepararse cómodamente a hacer campaña para el 8 de noviembre y a persuadir al escéptico Partido Republicano. Entonces, envuelta en un fuego cruzado, a Hillary Clinton solo le queda esperar que las debilidades de su adversario sean mayores que las suyas y así poder regresar a la Casa Blanca.

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