Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 2016/02/27 00:00

¿Adiós a la dinastía Bush?

Tras la derrota en Carolina del Sur, Jeb Bush suspendió su campaña por la nominación republicana. Trump y el rechazo a la dinastía hicieron que el país se quedara sin una presidencia del mejor de su familia.

Jeb Bush era considerado el candidato más viable para la nominación republicana. Foto: A.P.

“Por favor aplaudan”, pidió John Ellis Bush a su audiencia antes de las primarias de New Hampshire. El detalle, que los medios no le perdonaron, parecía una premonición que se cumplió con su derrota en Carolina del Sur. Allí, con un pobre 8,1 por ciento de los votos, alcanzó el cuarto lugar detrás de Donald Trump, Marco Rubio y Ted Cruz, con un 33, 22,3 y 21,7 por ciento respectivamente. Convencido ya de que el electorado no estaba de su lado, renunció a su aspiración a la candidatura republicana.

Hace unos meses, al comenzar la carrera, Jeb Bush era el candidato más viable para el Grand Old Party. Considerado el mejor de su familia, dos veces gobernador del ‘estado-bisagra’ de Florida y con una chequera de 150 millones de dólares, para los expertos era el favorito. No obstante, “la aritmética estaba contra él, pero, sobre todo, el rechazo a su dinastía y el estado de ánimo ‘anti-establishment’ de los votantes. Su campaña fue terriblemente inoportuna”, dijo a SEMANA Sherry Bebitch Jeffe, experta en política de la Universidad del Sur de California.

Todo jugó en su contra. “En estas elecciones no se trata de política pública, sino de confianza, autenticidad, rabia y frustración, lo que sea que eso signifique”, añadió la experta. Y aunque estos últimos factores tienen nombre propio –Hillary Clinton, Bernie Sanders y Donald Trump, respectivamente- no representan nada de lo que podía ofrecer el menor de los Bush.

Jeb se presentó como lo que es: un hombre digno, abierto al diálogo, que buscaba la unión del país desde un conservadurismo moderado, sin dejarse provocar. Pero ahí radicó el problema. “Su campaña fue muy noventera, claramente opuesta al actual ‘reality show’ que hay en el país”, explicó a esta revista Melissa Haussman, experta en política estadounidense de la Universidad de Carleton en Canadá.

Los eslóganes “Jeb puede arreglarlo” y “Liderazgo de confianza por unos Estados Unidos más fuertes” no contrarrestaron su supuesta debilidad. Al ser el candidato más serio, Bush fue el más afectado por la agresividad verbal de Trump, que puso a sus contendores a la defensiva. “Tuvo una piel muy delgada –que un político, simplemente, no puede tener– y demostró que Trump era un matón de colegio que no hacía más que molestarlo”, aseguró Haussman.

Irónicamente, la victoria del magnate en el caucus de Nevada con un impresionante 46 por ciento de los votos demuestra que su estrategia de matoneo ha sido exitosa. Como si fuera poco, el delfín de Jeb en Florida, Marco Rubio, que lo había traicionado al lanzarse también en campaña, quedó segundo en las votaciones. Desde todos los ángulos, Jeb vivió una tormenta perfecta.

Este año está clara la decadencia de la vieja guardia republicana y, por consiguiente, de la dinastía Bush. A pesar de que buscó desmarcarse al escribir simplemente “Jeb!” en su logo, su pesado apellido lo siguió como una sombra. La saga de los Bush es larga: en los años cincuenta su abuelo Prescott fue senador, luego su padre George H. W. ejerció la Vicepresidencia en los años ochenta y fue presidente en los noventa, y también su hermano George W. entre 2001 y 2009. Estos dos periodos resultaron fatales para Jeb. Los fantasmas de la invasión a Irak y la guerra en Afganistán lo perseguían. Aun así, cuando se vio perdido en Carolina del Sur, recurrió a su hermano, pero no había nada que hacer. Su madre Bárbara, de 90 años, lo había pronosticado en 2013: “Ya hemos tenido suficientes Bushes”.

Hoy muchos se preguntan si esta derrota marca el final de la dinastía. La posta podría pasar a George P., el hijo de Jeb, de 39 años, comisionado de Tierras en Texas. “George P. puede ponerse activo políticamente, probablemente no en el nivel presidencial pero sí local o estatal”, sostuvo Haussman. Sin embargo, hay quienes sueñan con un tercer Bush en el despacho oval, pero con un tinte latino, pues su madre Columba es mexicana.

La renuncia de Bush no aclara el panorama de cara al Supermartes. Precisamente, “Michael Bloomberg tiene hasta el 1 de marzo para decidir si se lanza, y si lo hace ciertamente cambiará la competencia. Él ha sido muy fuerte: un alcalde conservador, más rico que Trump y enormemente activo en la creación de un grupo antiarmas luego del tiroteo de Newtown”, afirmó la experta de Carleton. A lo mejor el outsider representará el giro que en 2016 el electorado pide a gritos… y a votos.

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