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| 6/11/2016 12:00:00 AM

Lo que le espera a Perú con Kuczynski

El nuevo presidente del Perú deberá buscar acuerdos con Keiko Fujimori, quien dominará el Congreso. El país seguiría la senda conservadora impuesta desde el gobierno de Alberto Fujimori.

Como en una carrera de purasangres, la elección presidencial en Perú se definió en el último momento. Finalmente se impuso Pedro Pablo Kuczynski, de Peruanos por el Kambio (PPK), con 50,12 por ciento de los votos válidos, frente a 49,87 por ciento de Keiko Fujimori, la candidata de Fuerza Popular e hija del expresidente Alberto Fujimori.

El final de infarto de las elecciones peruanas arroja varios datos sorprendentes: el salto de Keiko Fujimori, quien en su segunda oportunidad por la Presidencia pasó de perder por más de 500.000 votos con el actual presidente Ollanta Humala en 2011, a hacerlo por escasos 39.000 votos en esta ocasión, una prueba de que el fujimorismo sigue vivo y pujante.

El otro dato es el crecimiento de Kuczynski, un hombre de 77 años que renunció a la ciudadanía de Estados Unidos y habla mejor inglés que español. Educado en las universidades de Oxford y Princeton, concertista de flauta, primo del cineasta francés Jean-Luc Godard y casado con una prima de la actriz norteamericana Jessica Lange, pasó de ser un candidato minoritario, a convocar a su alrededor todo el arco antifujimorista. En la primera vuelta del 10 de abril, Keiko lo había superado casi por el doble de votos (39,55 por ciento contra 22,11 por ciento).

Decisivo fue el sorprendente y clave apoyo a Kuczynski, un rancio político tradicional, de Verónika Mendoza, la joven cusqueña de 35 años que representó al izquierdista Frente Amplio, y emergió como la sorpresa en la primera vuelta, al colocarse en tercer lugar con un 18,8 por ciento de los votos.

Un país, dos mitades

Cuando asuma el cargo el 28 de julio de manos de su antecesor, Kuczynski recibirá un Perú polarizado y deberá buscar la gobernabilidad con un congreso donde Fujimori tendrá una fuerza decisiva. “El país se ha partido a la mitad” y “el actor principal para que esto ocurra es el antifujimorismo, que explica gran parte de esta situación”, dijo el politólogo Fernando Tuesta, exdirector de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (Onpe) de Perú.

La campaña electoral se resolvió en el apoyo o el rechazo a Keiko, personificada como la continuadora del reinado de su padre Alberto (1990-2000), un periodo violento de lucha contra el terrorismo de Sendero Luminoso y Tupac Amaru y plagado de denuncias de violaciones a los derechos humanos y corrupción por las cuales Fujimori purga una condena de 25 años de cárcel. Con solo 19 años, Keiko se convirtió de hecho en la primera dama tras el divorcio de sus padres. Su madre Susana Higuchi denunció a hermanos y familiares de Alberto Fujimori por hacer negocios con donaciones provenientes de Japón, por lo cual, según afirmó, los servicios de inteligencia la torturaron y drogaron.

Con su padre en prisión, Keiko reorganizó a sus partidarios y llegó al Congreso en 2006, con la votación más alta en todo el país, para luego perder en su primer intento a la Presidencia en 2011. Desde entonces, comenzó a modificar su imagen para desligarse de los peores rasgos del gobierno de su padre, y comprometerse con el respeto a los derechos humanos. Pero no le alcanzó para contrarrestar el enorme movimiento que sus adversarios desplegaron contra ella en las últimas semanas de la campaña.

Aun así el presidente, con escasos 18 curules en el Parlamento y poca presencia nacional, deberá buscar alguna forma de cohabitación con Keiko y su Fuerza Popular, que tiene más de 70 parlamentarios, lo que la convierte en la mujer más poderosa del país.

“La popularidad de Keiko se basa en que la retórica de mano dura, orden, progreso, es fuerte en América Latina, sobre todo en momentos de crisis económica y porque es una fuerza política con arraigo territorial y estable, mientras que los que apoyaron a PPK son de Lima y sin organización nacional”, explicó a Semana Adrián Bonilla, secretario general de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, Flacso. “A Keiko le queda un papel decisivo. Con (su fuerza en el Congreso) tiene la responsabilidad de garantizar, o no, la gobernabilidad del Perú, y de demostrar, con hechos, si de verdad aprendió las lecciones de la democracia, o si se lanzará a la venganza contra el nuevo presidente”, escribe la columnista Patricia del Río en El Comercio de Lima.

A pesar del panorama dividido, existen más coincidencias programáticas que diferencias entre PPK y Fujimori. Como escribe el editorialista de El Comercio, “son varias las coincidencias programáticas entre ambos partidos. De hecho, van más allá de todo lo que toca al esencial mantenimiento del marco macroeconómico y el modelo de crecimiento basado en el fomento a la empresa privada que han permitido al país reducir la pobreza a un tercio en poco más de una década”. También coinciden en temas como el combate a la inseguridad y el respaldo a mantener los planes sociales del actual gobierno de Ollanta Humala.

“El caso peruano es excepcional, porque la lucha se dio entre dos opciones que representaron la misma visión económica y social de derecha. La polarización fue entre las propuestas más populistas de Keiko y quienes se propusieron evitar que ella accediera al poder”, agrega Bonilla.

Lo paradójico del caso es que PPK triunfó en parte gracias al apoyo del Frente Amplio de Izquierda y a el llamado de Verónika Mendoza a votar por él en la segunda vuelta, que, según Bonilla, tuvo mucho éxito en el sur del país. Por eso, para Bonilla no repitieron los escenarios de la Argentina, donde triunfó la derecha con Mauricio Macri, ni de Brasil, donde la presidenta del PT Dilma Rousseff dio paso por un proceso de impeachment al gobierno reaccionario de Michel Temer. En el caso de Perú, el triunfo de Kuczynski se da con apoyo de la izquierda, lo cual “configura un escenario muy distinto al de otros países de América Latina”, dice.

La particularidad de Perú es que nunca se alejó definitivamente del modelo económico impuesto por Fujimori. Para Bonilla, en Perú no se ha dado este movimiento de péndulo de derecha a izquierda y viceversa, porque el anterior gobierno de Ollanta Humala, “si bien ganó con una retórica populista, hizo un gobierno liberal en lo económico y lo social antes que un gobierno izquierdista y terminó muy distanciado de la izquierda que lo apoyó al principio”.“En el Perú, los gobiernos han estado consistentemente en la derecha en las cuatro últimos periodos presidenciales y esto se mantiene”, concluye.

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