Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2016/10/03 00:00

La semana terrible de Donald Trump

El papelón del magnate en el primer debate y una investigación según la cual hizo negocios con Cuba durante el embargo frenó su subida en las encuestas y le despejó el camino a Hillary Clinton cuando más lo necesitaba.

Hillary Clinton no se dejó interrumpir ni intimidar por Donald Trump. La nueva edición de 'Newsweek' incluye un reportaje sobre los intentos del magnate por hacer negocios en Cuba a pesar de que hacerlo violaba el bloqueo. Foto: A.P.

Si el próximo 8 de noviembre los estadounidenses eligen a Hillary Clinton para ser su presidenta, esta semana será recordada como el lapso en que las elecciones se decidieron a su favor. Su buen momento comenzó el lunes, en el primer debate presidencial. Durante los casi 100 minutos que duró el encuentro, la candidata demócrata brilló no solo por la calidad de sus respuestas, su comportamiento pausado y su seguridad en sí misma, sino también porque hizo quedar a Trump como un ignorante, un grosero y –sobre todo– como un tipo que no es tan inteligente ni tan hábil como pretende.

Aunque Trump comenzó con pie derecho y se anotó un par de puntos al recordarle que ella había defendido los tratados de libre comercio, antes de que se cumpliera la primera media hora los papeles se invirtieron y la estrategia del magnate se derrumbó. Tanto las pullas de la demócrata como su falta de preparación lo pusieron a la defensiva y en varias ocasiones lo llevaron a perder el hilo de la argumentación. Y al final del encuentro, los 80 millones de telespectadores lo vieron frustrado por el curso que había tomado un acto de campaña en el que todos los tiros le salieron por la culata.

Sin embargo, Trump no reconoció que había tenido una mala noche ni aceptó sus errores. Más bien al contrario. Hacia el final del debate, este se felicitó por no haber hecho un comentario “muy duro sobre Hillary y su familia”. Luego, al abandonar el estrado insinuó que le habían dado un micrófono defectuoso para perjudicarlo. Y a la mañana siguiente acusó al moderador de favorecer a su contrincante y la emprendió contra la exreina de belleza venezolana Alicia Machado, una víctima de los insultos de Trump que Clinton puso como ejemplo del matoneo de este (ver recuadro). Como si lo anterior fuera poco, el jueves afirmó que Google se había sumado a una supuesta conspiración mediática en su contra al filtrar los enlaces que perjudican a su rival.

Aunque esa reacción refuerza la idea de que el candidato republicano es un mal perdedor, es claro que este tiene buenas razones para preocuparse. Como dijo a SEMANA Arthur Lupia, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Michigan, “el debate no solo generó dudas sobre el temperamento de Trump, sino que hizo que muchos se pregunten si el magnate ha pagado todos los impuestos que le corresponden, y puso en el ojo del huracán la manera como trata a las mujeres. En plata blanca, eso significa que la atención mediática se ha desplazado de los problemas de Clinton a los de Trump”.

¿La sorpresa de octubre?

Aunque las encuestas posteriores al debate muestran un repunte de la candidata demócrata, en las elecciones estadounidenses lo que cuenta no es el voto popular, sino los que otorga el Colegio Electoral. Y en ese campo la competencia sigue muy apretada. Así lo demuestran los cálculos del portal Real Clear Politics, según los cuales Clinton tiene 294 votos electorales y Trump, 246.

Esa diferencia puede parecer cómoda, pero oculta un escenario volátil. Aunque algunos estados históricamente votan por un partido –y los sondeos dan por descontado que en esta ocasión harán lo mismo–, en otros (conocidos como swing states) cualquiera puede ganar, y un puñado de sufragios puede inclinar la balanza. Teniendo en cuenta que algunos de esos estados otorgan un gran número de votos electorales, es apenas comprensible que la carrera se haya concentrado en ellos.

Florida es el más preciado, pues debido a su elevada población otorga 29 votos electorales. Y allí desde principios de septiembre los candidatos están en un cerrado empate que esta semana podría, sin embargo, romperse debido a una noticia potencialmente devastadora para la campaña del magnate. Según la nueva edición de la revista Newsweek, Trump trató de burlar el bloqueo para hacer negocios con Cuba a finales de los años noventa, cuando el Congreso acababa de aprobar la Ley Helms-Burton y los norteamericanos tenían estrictamente prohibido tratar con la isla.

Según el reportaje, en 1998 Trump Hotels & Casino Resorts le encargó a una empresa consultora viajar a La Habana para explorar las eventualidad de hacer negocios ante la posibilidad de que el gobierno de Bill Clinton levantara el embargo. “Trump participó en las discusiones sobre el viaje de Cuba y sabía que este ocurrió”, le dijo al semanario un exempleado del magnate. A su vez, la investigación cita documentos de la corte e informes internos de la compañía de Trump, que revelan que el viaje costó 68.000 dólares y que la propia consultora le sugirió maquillar la operación para que pareciera un esfuerzo caritativo con el fin de darle un manto de legalidad.

La campaña del magnate no negó los hechos, pero sí desautorizó al periodista que realizó la investigación y le restó importancia al reportaje asegurando que se trataba de una farsa de la campaña de Clinton para desprestigiarlo. Sin embargo, Trump no logrará zafarse tan fácilmente de esas acusaciones. Por un lado, porque la operación viola las leyes estadounidenses y la Justicia podría abrirle un proceso a su empresa. Y por el otro, porque haber tratado de hacer negocios con los Castro contradice su discurso cada vez más duro sobre la política de Washington hacia La Habana, una de las claves del voto de la numerosa comunidad cubana en Florida.

De hecho, la semana pasada el magnate dijo que rompería relaciones con Cuba y el martes, en un encuentro con un grupo de hispanos en el Miami Dade College, afirmó que iba a renegociar el acuerdo alcanzado por Barack Obama y Raúl Castro. Durante los próximos días, tendrá que explicarle a los floridanos cómo es posible mantener el embargo y al mismo tiempo construir casinos y hoteles. 

No hay enemigo pequeño

En 1996 Donald Trump llamó Miss Piggy y Miss Housekeeping a Alicia Machado, la Miss Universo de ese año. Esta semana la exreina se desquitó.

Uno de los momentos más intensos del debate llegó cuando Hillary Clinton le dijo al magnate que había llamado a las mujeres “cerdas, haraganas y perras”, y le recordó la forma como había humillado a una reina de belleza venezolana, Alicia Machado, a la que había exhibido como una “máquina de comer”. Visiblemente sorprendido, el magnate solo atinaba a preguntar: “¿De dónde sacaste eso?, ¿de dónde sacaste eso?”. Sin embargo, la referencia a Machado no fue ninguna ocurrencia de última hora, sino una operación de campaña de Clinton y la exreina de belleza, que había dado varias entrevistas a varios medios con la condición de que solo se publicaran después del debate. Lo cierto es que el caso de Machado es particularmente ilustrativo del matoneo de Trump, pues además de humillarla por ser mujer y latina, la despreció por ser una persona con sobrepeso. Y en un país donde una de cada tres personas sufre de esa condición, las palabras del magnate pondrán a pensar a más de uno si alguien tan cruel es la persona apropiada para ocupar la oficina Oval. Trump quedó mal con las mujeres, con los latinos y con las personas con sobrepeso. Toda una moñona.

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