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| 3/2/2013 6:00:00 AM

Elecciones en Italia, un circo romano

El país vive una suerte de tragicomedia, pero con el escenario teñido de negro. Los italianos podrían volver a las urnas.

No hay tregua para Italia. Los resultados de las últimas elecciones la dejan sin la añorada estabilidad que tanto necesita. Vuelve a estar en la mira de la comunidad internacional y de los mercados financieros, pues sin un partido o una coalición con una mayoría clara en el Parlamento las reformas se verán empantanadas. En estas elecciones ganó la ingobernabilidad. Tres frentes a años luz de distancia se dividieron los votos y una vez más, como decía el escritor italiano Ennio Flaiano, “la situación política en Italia es grave, pero no es seria”.

Los dos grandes polos tradicionales demostraron su fragilidad. La coalición de centroizquierda guiada por Pier Luigi Bersani, destinado a ser el primer ministro, fue incapaz de obtener una mayoría absoluta en el Parlamento. En el Senado se hizo con un 31,6 por ciento (120 escaños) y en la Cámara con un 29,5 por ciento (340 escaños). Una campaña sin corazón le arrebató al partido de Bersani, el PD, más de 3 millones de votos desde las últimas elecciones en 2008.

Por su parte la centroderecha, capitaneada por el inoxidable Silvio Berlusconi, condujo una campaña más efervescente y divertida, y demostró una vez más sus habilidades para seducir a los medios de comunicación. Pero ni siquiera sus ilusorias promesas electorales, como la abolición del odiado impuesto a la finca raíz, lograron darle la victoria. Il Cavaliere obtuvo el 30,7 por ciento de los votos en el Senado (117 escaños) y el 29,1 por ciento en la Cámara (124 escaños). 

El verdadero ganador es el Movimiento 5 estrellas (M5S), inspirado en las arengas sulfúricas del cómico genovés Beppe Grillo. Con apenas tres años de existencia, sedujo adeptos de todas las tendencias, y en su primera campaña nacional, se convirtió en el primer partido en la Cámara con el 25,5 por ciento de los votos (108 escaños) y el tercero del Senado con el 23,7 por ciento (54 escaños).

Grillo lideró por toda Italia su tsunami tour, en el que propuso barrer, acabar e incluso bombardear la clase política italiana. Ofreció transparencia, honestidad, pero también propuestas polémicas como acabar con los sindicatos. Tampoco usó dineros del Estado para financiarse. Decidió no mojar prensa, manejó su comunicación a punta de trinos y megáfono, y eligió a sus representantes por vía Twiter. Se convirtió en el líder del pueblo.

Y con eso le bastó para convencer a los jóvenes, cansados de las intrigas de palacio, la corrupción y del mal gobierno. Así, la revolución pacífica de Grillo reunió 850.000 personas en su cierre de campaña en el centro de Roma en la plaza San Juan de Laterán. Pero no solo convocó multitudes, sino que le arrebató a la izquierda su lugar histórico de concentración. El exdueño de la plaza, Pier Luigi Bersani, cerró su campaña sin pena ni gloria en un pequeño teatro. 

Pero el gran perdedor de la jornada fue Mario Monti, el actual primer ministro. Aunque le devolvió credibilidad internacional al bel paese, después de años de ‘bunga bunga’, solo sacó 3 millones de votos. Los demás quedaron asustados con la austeridad que lideró, con alzas de impuestos y recortes que, para muchos, empantanaron aun más el crecimiento. 

El M5S, que se lanzó solo y sin coalición, es ahora la aguja de la balanza. En los próximos meses tendrá que escoger entre mantener con vida la centroizquierda y apoyarla con proyectos de reforma o hacer una oposición dura, lo que llevaría a repetir las elecciones. Por ahora sus integrantes han dicho que no le dan su confianza a ninguna coalición, pero que eventualmente se asociarían con los partidos tradicionales para votar proyectos puntuales. 

“Ríndanse, están rodeados por el pueblo italiano. Les prometo que no usaremos la violencia, los acariciaremos con delicadeza, como se hace con los locos”, fue una de las frases del tsunami tour de Grillo. Pero como le dijo a SEMANA Lucia Anunziata, directora del Huffington Post en Italia, “este país teme los cambios porque está fuertemente anclado en el Medioevo”.
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