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| 12/2/1985 12:00:00 AM

ELENA PREPARA MALETAS

La autorización a la esposa de Sakharov para salir de URSS, otro golpe publicitario de Gorbachev.

Comenzó como un rumor, como un chisme del diario Bild Zeitung, de Alemania Occidental. Después lo confirmó el embajador soviético en Bonn, Vladimir Semionov. Elena Bonner, la esposa del disidente soviético, Andrei Sakharov, podrá viajar a Occidente para recibir tratamiento médico. Poco antes, el periodista soviético, Víctor Louis, conocido popularmente en el medio como la voz cantante del Kremlin, había también asegurado lo mismo, con un detalle adicional: que la Bonner está autorizada para entrar en contacto con sus familiares de Estados Unidos para "decidir las modalidades" de su salida.
Una larga lucha de la pareja Sakharov es lo que ha precedido esa decisión de Moscú. El 16 de abril de 1984, el célebre disidente, uno de los padres de la bomba atómica soviética, emprendió una huelga de hambre para presionar a las autoridades. Su esposa Elena sufría de un glaucoma y estaba en peligro de perder la vista. Las gestiones para conseguir una visa habían sido una y otra vez rechazadas, bajo la excusa de que ella -quien ya había salido antes a Occidente- aprovecharía esa oportunidad para realizar contactos con grupos antisoviéticos. La huelga de hambre de Sakharov fue finalmente interrumpida, cuando él empezó a ser alimentado a la fuerza en un hospital de Gorki. Los brutales forcejeos de esos días produjeron en el disidente un derrame cerebral, que lo dejó parcialmente paralizado, mientras Occidente sólo recibía con cuentagotas informaciones al respecto, suministradas con enorme cautela por amigos y familiares de la pareja.
Según la prensa europea, un tratamiento con toda suerte de drogas modificatorias de la personalidad, le habría sido aplicado al científico en esos meses, sin que éste pudiera ser vencido en su decisión de mantenerse en sus posiciones. La pareja fue, además, confinada en Gorki, una ciudad a la que no pueden llegar los extranjeros. En julio pasado, Moscú utilizaría los buenos servicios de Víctor Louis para entregar a periodistas de Alemania Occidental un video en el que Elena Bonner y Andrei Sakharov se ven en buena forma despidiéndose al pie de un auto blanco, en compañía de un par de enfermeros. Atrás quedaban los días de 1980 cuando ella daba, en su apartamento de Moscú, conferencias de prensa ante los corresponsales extranjeros de Occidente. Un año atrás, había podido viajar por tercera vez a Italia para hacerse operar de los ojos. Médica de profesión, Elena Bonner tiene 61 años y es hija de un dignatario judío de la Internacional Comunista que fue fusilado por Stalin en 1937, pero rehabilitado en 1954. Su madre fue arrestada durante esos años y sobrevivió a su esposo.
Segun el diario Bild, la señora permanecerá dos o tres meses en Occidente (probablemente en Estados Unidos) y luego regresará a su hoga en Gorki, donde vive con Sakharov desde abril de 1984. Separada de él en enero de 1980, cuando Sakharov fue internado en Gorki,Elena Bonner pidió en abril a la Embajada norteamericana en Moscú, mediante una carta, asilo político, motivo por el cual, según fuentes occidentales, fue detenida y trasladada a Gorki con su marido.
El caso Sakharov se convirtió en los últimos años en asunto internacional. Múltiples campañas por la liberación de la pareja se vienen efectuando en Europa y Estados Unidos. Durante su visita a París, Mikhail Gorbachev escuchó el mismo reclamo de parte de los funcionarios franceses, y el presidente Reagan incluyó ese punto en su discurso en las Naciones Unidas, la semana pasada. Al parecer, estas presiones, y la proximidad de la reunión de noviembre, han dado resultado.
Tatiana Yankelevich, quien es hija de la Bonner y vive en Newton, Massachusetts, comentó que si la noticia sobre su madre era cierta, "tiene sentido pensar que el gobierno soviético, particularmente el señor Gorbachev se está preparando para la cumbre". En efecto, al mismo tiempo que se mencionaba la salida de Elena Bonner, Irina Grivnina, una militante soviética contra la utilización de la siquiatría con fines represivos, llegaba a Viena, pues las autoridades de su país le habían concedido permiso para salir.
Grivnina, tiene 39 años y es madre de un niño. Permaneció encarcelada más de dos años, a finales de los años 70, por sus actividades clandestinas, y antes de permitirle salir, la despojaron de su nacionalidad. Otro disidente "histórico", Mark Hashpitz, arribaba el 21 de octubre a Tel Aviv, cobijado por la misma ola de benevolencia gorbacheviana.
Los dirigentes moscovitas siempre han sostenido que es altamente riesgoso para la URSS permitir la salida de Andrei Sakharov, como fue otorgada la salida a Solhenitzhin, Pliluch, y otros notables de la disidencia rusa. El argumento es que el físico Sakharov, quien obtuvo el Premio Nobel de la Paz en 1975, conoce gran cantidad de secretos sobre el complejo atómico del país, los cuales podrían fácilmente terminar en manos norteamericanas si el disidente es expulsado del país.
Como quiera que sea, la medida respecto de la Bonner, constituye un nuevo golpe de publicidad para Gorbachev, quien pretende al parecer remover cualquier excusa que pueda invocar Reagan en Ginebra para evitar llegar a acuerdos de importancia con el líder soviético. También el hecho refleja que es Moscú la que conserva la iniciativa en la pelea por ganarse al público internacional, antes del 19 y 20 de noviembre.
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