Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 11/17/1986 12:00:00 AM

ELIE WIESEL, VICTIMA Y TESTIGO

El Premio Nobel de la Paz para un superviviente del exterminio nazi que sabe que el holocausto no ha concluido.

ELIE WIESEL, VICTIMA Y TESTIGO ELIE WIESEL, VICTIMA Y TESTIGO
Los premiados con el Nobel de la Paz se dividen tradicionalmente en dos categorías, complementarias y contradictorias: actores y testigos. A veces se ganan el premio los actores, como Henry Kissinger o Menahem Begin: los que hacen las guerras. A veces se lo ganan los testigos, las víctimas, como Nelson Mandela, eterno preso político de Africa del Sur y eterno candidato al premio, o, el martes pasado, Elie Wiesel,superviviente de los campos nazis de exterminio: los que padecen las guerras. Si la causa de la paz, que es la razón del premio, resulta más favoreclda o menos cuando se lo ganan los unos o cuando se lo ganan los otros es cosa difícil de saber; pero no hay duda de que una cierta idea de la imparcialidad inspira al Parlamento noruego, que es el que otorga el premio.
Así como las vidas de otros hombres más felices se dividen en infancia, adolescencia, madurez, la de Elie Wiesel, el ganador del Nobel de la Paz este año, tiene también tres etapas: víctima, testigo, y finalmente, activista por los derechos humanos de otras víctimas. Nacido judío en la aldea húngara (hoy rumana) de Sighet, conoció en su adolescencia la más terrible cara de la guerra, sufriendo -como señala el Parlamento noruego- "la propia experiencia de la humillación total y del atroz desprecio por la humanidad que se practicaba en los campos de exterminio de Hitler". De Auschwitz, donde murieron sus padres y su hermana, Wiesel pasó a Birkenau y finalmente a Buchenwald, viendo a sus compañeros de pesadilla perecer por cientos de millares en los hornos crematorios de la "solución final": el holocausto (el propio Wiesel sería luego el primero en popularizar esta palabra) en que la Alemania nazi pretendió aniquilar a las "razas inferiores": judíos, gitanos, eslavos.
Fue rescatado en 1945 por las tropas norteamericanas que encontraron los campos de exterminio, y su rostro figura entre los primeros documentos fotográficos de ese hallazgo terrible, uno más entre el hacinamiento de cadáveres vivientes de ojos desorbitados de Buchenwald. Desde entonces, Wiesel se describe así mismo como "un sobreviviente". Refugiado en Francia, pasó a ser algo más: un testigo, venciendo lo que él llama "el miedo de hablar", que atenazaba a los supervivientes para imponerse "el deber de hablar". Su primer testimonio, apenas novelado, fue publicado en Francia en 1960 bajo el título de La Nuit ("La noche"), y se ha ampliado desde entonces en dos docenas más de libros -ensayos, novelas, teatro- y cientos de conferencias.
Se ha ampliado no sólo el volumen de su testimonio, sino también su ámbito. "Su compromiso -dice el Parlamento noruego- que tuvo en su origen el sufrimiento del pueblo judío, se ha extendido a todos los pueblos y razas oprimidos". Elie Wiesel encabezó el año pasado las protestas cuando el presidente Ronald Reagan quiso hacer una "visita de homenaje" a un cementerio SS en Alemania, pero también denuncia el genocidio cometido en Camboya por los khmers rojos, lucha por arrancar presos políticos a las cárceles de Pinochet o por hallar desaparecidos de la "guerra sucia" argentina. Y siendo judío, y teniendo hoy nacionalidad norteamericana, tampoco vacila en expresar su solidaridad con el sufrimiento de los palestinos perseguidos y desterrados por el Estado de Israel.
Es que Wiesel, que lo vivió en su propia carne, sabe que el holocausto no ha terminado, sino que sigue repitiéndose y ampliándose al planeta entero como si -como lo piensan muchos- la guerra la hubiera ganado Hitler. Por eso tampoco ha terminado el deber de testigo de Wiesel: ese deber "casi imposible de decir lo indecible". Su reacción ante el premio de la Paz fue decir: "Espero que ahora me escuchen más".











EDICIÓN 1861

PORTADA

Prieto en la mira

La imputación de cargos al exgerente de la campaña de Santos sorprendió. Pero esta no tiene que ver con el escándalo de Odebrecht ni con la financiación de las campañas. ¿Por qué?

Este contenido hace parte de la edición impresa. Para leerlo, debe iniciar sesión:

Les informamos a todos nuestros lectores que el contenido de nuestra revista impresa en nuestro sitio web será exclusivo para suscriptores.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en SEMANA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com