Martes, 2 de septiembre de 2014

Hasta el miércoles las autoridades mexicanas habían reportado un total de 80 víctimas mortales tras el paso de la tormenta tropical 'Manuel'. Foto: Archivo SEMANA

| 2013/09/19 00:00

El día que Acapulco quedó bajo el agua

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BBC

Miles de personas padecen el mayor desastre en la historia reciente de esa ciudad mexicana.

Esther Jiménez supo que algo andaba mal cuando desde el departamento donde se hospedaba en Acapulco, Guerrero, vio pasar a un automóvil arrastrado por el agua.

"No dejaba de llover, no teníamos electricidad, ni teléfono, el internet estaba inservible", cuenta a BBC Mundo.

"Era muy desesperante porque no sabíamos lo que estaba pasando, pero cuando regresó la energía fue peor porque supimos que todo estaba cerrado y no podíamos salir de Acapulco".

Todo había empezado dos días antes, cuando la mañana del viernes 13 de septiembre el puerto amaneció con una llovizna pertinaz que en pocas horas se convirtió en la tormenta tropical Manuel. La caída de agua no cedió en los siguientes días, hasta que el domingo se consumó el desastre:

El aeropuerto internacional cerró porque las salas y estacionamiento se inundaron. La Autopista del Sol, la principal vía de comunicación terrestre del puerto sufrió varios deslaves y el servicio de internet y telefonía fija se interrumpió.

El segundo balneario más importante de México quedó bajo el agua, totalmente incomunicado. Unos 40.000 turistas permanecieron varados y la mitad de los barrios sufrieron inundaciones de acuerdo con el alcalde Luis Walton.

Organizaciones empresariales y de hoteleros comparan el desastre con lo ocurrido en 1997, cuando el huracán Paulina devastó la ciudad y causó la muerte a 207 personas.

Ahora la cifra de víctimas es de 27 fallecidos pero la diferencia es que hace 16 años el puerto se mantuvo comunicado, lo cual no ocurrió ahora con la tormenta tropical Manuel, que ahora en su ruta hacia el norte frente a la costa del Pacífico mexicano se convirtió en huracán en la noche del miércoles.

Desabasto

Para el momento en que Esther vio pasar al automóvil arrastrado por el agua, Acapulco se había dividido en dos partes debido a las inundaciones y el desbordamiento de la Laguna Tres Palos: una el área conocida como el puerto tradicional y la otra llamada zona Diamante, donde se encuentra el aeropuerto civil.

Y en medio miles de personas que viven en barrios populares, muchas de ellas que trabajan en la zona hotelera.

Completamente aislados, cientos escaparon en lanchas o a pie mientras que otros permanecieron en el techo de sus casas a la espera de ser rescatados por helicópteros civiles y militares.

El cierre del aeropuerto y las carreteras provocaron un desabasto casi inmediato, especialmente de alimentos. En los hoteles racionaron la comida y el agua.

Fue un momento de enorme angustia, le cuenta a BBC Mundo Rafael Gutiérrez, quien viajó al puerto para aprovechar el fin de semana largo por el festejo de Independencia.

"Al principio no me preocupé porque otras veces me ha tocado lluvia, pero cuando no se quitó y quise regresarme ya fue imposible. En el hotel nos recomendaron que mejor nos quedáramos porque todo estaba inundado", recuerda.

"Si hubiera sabido que se acercaba la tormenta me quedo en mi casa, pero cuando salí del Distrito Federal en los noticieros de la televisión sólo hablaban de los maestros", dice en referencia al desalojo de profesores que el viernes 13 realizó la Policía Federal en el Zócalo de la capital mexicana.

No fue el único. Los medios locales han documentado varios testimonios de personas que no fueron informadas del riesgo que representaban la tormenta Manuel en el Pacífico y el huracán Ingrid, en el Golfo de México, que entraron al país casi al mismo tiempo.

Un fenómeno "inédito, histórico", según el secretario de Gobernación, Miguel Osorio, que cubrió de lluvia a 29 de los 32 estados del país.

Puente aéreo

Para Rafael Gutiérrez el susto fue mayor cuando salió del hotel, cuenta. "Las calles estaban llenas de lodo, algunos árboles cayeron sobre autos, otros estaban destrozados por el agua. Creí que no podría escapar".

El joven debió quedarse tres días más de lo planeado, incluida una espera de diez horas para abordar un avión que le regresó a Ciudad de México.

María Esther tuvo más suerte: sólo esperó seis horas porque se hospedó más cerca del aeropuerto, aunque también tuvo que librar varias calles inundadas.

"En la Expo Mundial (donde se hizo el registro de los pasajeros) había muchísima gente. Algunos discutían porque no los dejaron subir sus maletas pero desde el principio se dijo que sólo lleváramos equipaje de mano".

Los jóvenes fueron parte de los primeros 3.000 turistas que lograron salir al inicio del puente aéreo que establecieron el Ejército, la Marina y aerolíneas particulares para evacuar a las personas varadas.

La medida ha resultado insuficiente pues la mayoría de los visitantes llegaron por tierra, y para salir de Acapulco deberán esperar hasta el viernes cuando la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) repare la Autopista del Sol y la carretera federal que comunican al balneario con Ciudad de México.

Lo que viene

Hasta ahora no está claro el momento en que Acapulco recupere su vida normal. La secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles Berlanga, reconoció que hay desabasto de agua y alimentos, aunque el problema más grave son las personas "que no han podido salir de sus casas".

El presidente de la Asociación Mexicana de Hoteles, Armando Uribe aseguró que un barco con 1.500 toneladas de víveres zarpó de Salina Cruz hacia el balneario.

Pero Acapulco es sólo una parte del problema. El gobernador de Guerrero, Ángel Heladio Aguirre, ha reconocido que la magnitud real del daño causado por la tormenta tropical en el estado aún no se conoce pues muchas comunidades rurales siguen incomunicadas.

En algunas partes no ha dejado de llover, pero ahora ése no es el mayor problema sino el escurrimiento de los ríos que bajan de las montañas, así como el desfogue obligado en algunas presas.

Un ejemplo de lo que se espera ocurrió en Atoyac de Álvarez, un municipio en la región montañosa conocida como Costa Chica donde el deslave de un cerro dejó 58 desaparecidos.

Además, desde el Caribe se espera la llegada de una nueva tormenta tropical que aumentará su peligrosidad en cuanto entre al Golfo de México. Aunque su trayectoria esperada es hacia el noreste puede arrojar más agua en la región, especialmente en la zona montañosa de Guerrero.

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