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| 9/27/2008 12:00:00 AM

Empate a última hora

La crisis de Wall Street le causó a John McCain la peor semana de su campaña. Pero al final, en el debate del viernes, logró salvarse de la debacle.

En los últimos días, la crisis financiera de Estados Unidos no sólo se ha llevado por delante las dos firmas más grandes de hipotecas, Freddie Mac y Fannie Mae, a la histórica banca de inversión Lehman Brothers y a la gigantesca aseguradora American Insurance Group (AIG). También tiene en veremos, bastante maltrecha, la candidatura presidencial del senador republicano John McCain, que en poco más de un mes se enfrentará en las elecciones a su rival demócrata Barack Obama.

Desde hace una semana, McCain ha sido objeto de críticas feroces por parte de columnistas muy prestigiosos, buena parte de ellos conservadores. El electorado tampoco se ha mostrado muy contento con McCain recientemente. Dos encuestas difundidas por importantes medios de comunicación han constatado el desplome de su popularidad. Para rematar, tanto su compañera de fórmula, Sarah Palin, como su jefe de campaña, Rick Davies, han sido blanco de serios reparos.

Aunque desde el inicio de la campaña McCain se ha situado casi siempre por debajo de Obama en los sondeos, su posición no estaba nada mal a comienzos de este mes. Tras haber escogido el 29 de agosto a Sarah Palin como su candidata a la vicepresidencia, llegó incluso a sobrepasar en más de 2 puntos porcentuales a su rival demócrata. La selección de la gobernadora de Alaska agitó la campaña, le robó el show a Obama, que hasta ese instante era la estrella para la prensa, y puso a McCain en un lugar privilegiado del partidor.

Pero las cosas han cambiado. La semana pasada, un sondeo de The Washington Post y ABC News le dio al aspirante demócrata un respaldo del 52 por ciento frente al 43 por ciento de McCain. Otra consulta de la CNN le otorgó al senador de Illinois una ventaja semejante sobre el republicano. Lo interesante del asunto es que todo se debe a la situación económica. “Sólo el 14 por ciento de los encuestados dice que la economía va bien, y sólo el 9 por ciento cree que el país va por el camino correcto”, dijo The Washington Post. La CNN dio una explicación parecida.

Para nadie es un secreto que la economía es la mayor angustia en un país como Estados Unidos, que está al borde de la recesión. “Más de medio millón de personas informaron la semana pasada que se habían quedado sin empleo, lo cual contrasta con las 50.000 de hace un mes. Y en lo corrido del año la venta de vivienda ha caído un 35 por ciento con respecto al mismo período de 2007”, indicó el viernes el diario The Boston Globe.

Y lo que ha perjudicado a McCain es su actitud frente a esa circunstancia y a la crisis de Wall Street. Porque la verdad es que el candidato republicano ha dado bandazos impropios de un hombre que aspira al cargo más influyente del planeta. El primero se produjo sólo 10 días después de que el 7 de septiembre el gobierno del presidente George W. Bush intervino Freddie Mac y Fannie Mae que habían dejado un boquete de cinco billones de dólares (cinco millones de millones de dólares). Ese día, McCain no tuvo empacho en afirmar que “los cimientos de la economía norteamericana” eran fuertes. Pero al caer en cuenta, aclaró que con esa expresión se refería a “los trabajadores” estadounidenses. Y sembró el desconcierto.

Luego, con la solicitud de quiebra hecha por Lehman Brothers, una venerable firma con 158 años de historia que sobrevivió a la crisis de 1929, y con el descalabro de AIG, McCain volvió a patinar. El miércoles, cuando el desastre financiero llevó al presidente George W. Bush a citar a los dos candidatos para discutir un ambicioso plan para salvar la economía, McCain dijo que suspendía la campaña para ir a Washington y le pidió a Obama que aplazaran el debate televisado previsto para el viernes en la Universidad de Mississippi. El aspirante demócrata se negó, e influyentes diarios le tiraron las orejas a McCain porque, como editorializó The Boston Globe, “en política, como en Broadway, el ‘show’ debe seguir”. Al final, el dirigente republicano cumplió la cita.

El senador tampoco hizo aportes decisivos al plan de salvamento de Wall Street. McCain no asistió a algunas reuniones en Washington y no se opuso vigorosamente a la propuesta alternativa que presentó un grupo de republicanos que el viernes dio al traste con el plan inicialmente aprobado por Bush y los demócratas para inyectarle 700.000 millones de dólares al sistema financiero. La idea del Presidente y de la bancada contraria era que las firmas hipotecarias Fannie Mae y Freddie Mac, ahora en poder del gobierno, paguen las deudas con la venta de los inmuebles. La otra oferta era que ambas firmas salieran a flote con beneficios tributarios. Al cierre de esta edición persistían las discrepancias y lo único claro era que se necesita un plan.

Por si algo faltara, uno de los columnistas conservadores más reputados de Estados Unidos la emprendió el martes contra McCain en The Washington Post. Se trata de George F. Will, que criticó al republicano por haber dicho que al presidente de la Comisión de Intercambio, Chris Cox, había que “cortarle la cabeza” por la crisis. Según Will, esas palabras, en un hombre que aspira a gobernar Estados Unidos, demuestran que McCain no es un hombre centrado, y volvió a poner sobre el tapete los impulsos que le atribuyen al aspirante republicano. Will insinuó además que el senador de Illinois es un hombre más sensato. “Se puede argumentar que, por su falta de experiencia, Obama no está listo para ser presidente. Eso es posible de arreglar, incluso a un costo alto, a medida que se adquiere la experiencia”, escribió el columnista, que se preguntó luego: “Pero, ¿se puede corregir una falla temperamental?”.

McCain afronta cuatro problemas más. El primero es que ha apoyado a Bush, el presidente más impopular de la historia reciente. El segundo es la denuncia hecha la semana pasada por The New York Times, según la cual Homeownership Alliance, la firma en la que trabajaba su jefe de campaña, Rick Davies, recibió más de 30.000 dólares durante cinco años para evitar que el Congreso dictara leyes contra Fannie Mae y Freddie Mac. El tercero es que The Washington Post acusó el viernes a Sarah Palin de haber aceptado más de 25.000 dólares en regalos de empresarios privados. Y el cuarto es la propia Sarah Palin, que en las entrevistas concedidas últimamente no ha convencido. Sus respuestas permiten concluir que su falta de trayectoria y de contacto con el mundo exterior son preocupantes. La semana pasada, en una entrevista, la gobernadora patinó en repetidas ocasiones y llegó a decir que Rusia era “un país extranjero”.

Pero McCain confía en que la suerte estará de su lado y que en sólo cinco semanas se convertirá en el sucesor de George W. Bush. Como el viejo zorro de la vida pública que es, sabe que la opinión cambia por la razón menos esperada, por sorpresa y en un santiamén. Está claro que una semana, en política, es una eternidad. En el debate del viernes no lo hizo nada mal. Si alguien pensaba que Obama con su elocuencia lo iba a destrozar, se equivocó. Porque, como dijo David Gergen, el principal analista de la CNN, “el resultado es prácticamente un empate”. Faltan dos debates más, y muchos días, y la campaña está más caliente que nunca.
 
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