Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2007/04/14 00:00

En ascuas

En la recta final la incertidumbre domina una campaña presidencial con más favoritos de lo anticipado. Y el xenófobo Jean Marie Le Pen está de nuevo al acecho.

En ascuas

A una semana de la primera vuelta, el domingo 22, es difícil saber por quién poner las fichas sobre la mesa en las elecciones presidenciales francesas. Durante meses, la prensa publicó una y otra vez el libreto: un duelo de titanes entre la derecha, representada por Nicolas Sarkozy, y la izquierda, por Ségolène Royal. Dos atractivos candidatos que superaron paso a paso las resistencias de sus propios partidos para competir en un cabeza a cabeza. Incluso le puso cartel: 'Sarko' contra 'Ségo'. Pero con el paso de los días, la propuesta de centro de François Bayrou y la sombra del ultraderechista Jean Marie Le Pen cambiaron el escenario.

Sarkozy, que hasta hace un par de semanas se mantuvo como ministro del Interior del presidente Jaques Chirac, parece la única apuesta segura para la segunda vuelta, el 6 de mayo. En todas las encuestas aparece primero, con casi 30 por ciento de apoyo. La socialista Royal ronda entre el 22 y el 25 por ciento, Bayrou se acerca al 20 y Le Pen se queda, dependiendo del sondeo, rezagado entre 12 y 15 por ciento.

Pero para muchos analistas, el apoyo al xenófobo Le Pen puede estar subestimado, pues a la gente le avergüenza admitir que lo va a votar. Un fenómeno que ya se vivió en 2002, cuando sorpresivamente el líder del Frente Nacional dejó por fuera de la segunda vuelta al socialista Lionel Jospin y los simpatizantes de izquierda tuvieron que votar con la nariz tapada en el ballotagge para apoyar a Chirac. El mismo Le Pen ha asegurado que una gran parte de sus votantes están "escondidos entre la gente que dice que va a votar por Sarkozy".

Ese escenario reduciría aun más la distancia entre los cuatro candidatos que están corriendo su propio tour para alcanzar la Presidencia, dejando todas las definiciones para el sprint final. Y aunque casi nadie piensa que el Frente Nacional tenga posibilidades reales de llegar al Elíseo, bien podría repetir la historia y colarse en la segunda vuelta, lo que casi automáticamente garantizaría la victoria de su rival.

El resultado ha sido una derechización de la campaña. "La pregunta acerca de Le Pen todavía persiste. Ciertamente tiene más votos de los que muestran las encuestas y no todos son de la extrema derecha, dijo a SEMANA Arnauld Miguet, experto en política francesa de la London School of Economics. El Frente Nacional es hoy el partido de los trabajadores y obtiene también votos protesta de personas que solían votar por la izquierda".

Y es que después de 12 años de gobierno de Jaques Chirac, Francia no vive sus mejores tiempos. Su economía crece a paso de tortuga, el desempleo no ha bajado del 8 por ciento en 25 años y las banlieues, los suburbios habitados por minorías étnicas donde ocurrieron los disturbios de 2005, continúan siendo una bomba social, como demostraron los recientes desórdenes en una estación de metro de París. El descontento llegó a reflejarse en el 'non' de los franceses que congeló el proyecto para la Constitución Europea en 2005. Y sin embargo, los grandes temas económicos y sociales, así como la relación de Francia con Europa y el resto del mundo, estuvieron prácticamente ausentes de una campaña que ha sido calificada de mediocre. La inmigración, la identidad nacional y la delincuencia, los temas que llevaron a Le Pen a la segunda vuelta en 2002, han ocupado el debate en los últimos días. En ese contexto, la fama de autoritario no le ha venido mal a Sarkozy.

El ex ministro del Interior sabe que los franceses son caprichosos cuando se acercan a las urnas. No quiere ningún sobrepaso por la derecha y para defender su posición ha reforzado últimamente sus credenciales conservadoras y ha llegado a coquetear con los votantes tradicionales de Le Pen. "Para mucha gente, el Frente Nacional tiene buenas ideas. Sarkozy no puede ser elegido sin los votos de la extrema derecha y quiere conseguir tantos como pueda en primera ronda", explicó a SEMANA Philippe Herzog, ex europarlamentario francés y presidente del think tank Confrontations Europe.

La fotogénica 'Ségo' partió como favorita después de superar la resistencia de la vieja guardia de su partido, pero se ha ido desinflando en medio de una floja campaña. Además de sus metidas de pata en temas de política exterior, el que era su estratega económico, Erick Besson, se retiró hace dos meses, despotricó contra su programa y definió a la candidata socialista como "combativa, arrogante y engañosa". 'Ségo' habla de democracia participativa, pero para muchos observadores simplemente carece de ideas claras. Su campaña está llena de promesas, como aumentar el salario mínimo a 1.500 euros, pero nunca ha explicado cómo piensa pagar por ellas. Y aunque desde diversos sectores le critican sus ideas trasnochadas de izquierda, desde la extrema izquierda, que tiene sus propios candidatos minoritarios, las consideran demasiado tibias. Sin embargo, la presencia de Le Pen puede ayudarle, pues el recuerdo de la humillación de 2002 podría potenciar la disciplina de la izquierda y el concepto del voto útil. "Desde la primera ronda los franceses votarán por la persona que quieren en el Elíseo", asegura Miguet.

Bayrou, por su parte, aunque parece haberse estancado, fue la gran sorpresa de la campaña. A pesar de pertenecer a un pequeño partido, la Unión Democrática Francesa (UDF), que apenas tiene 27 de los 577 escaños de la Asamblea Nacional, conquistó electores con su discurso de 'extremo' centro y su promesa de superar la clásica rivalidad francesa entre izquierda y derecha. Los analistas y los sondeos coinciden en que si logra superar la primera vuelta, sería el candidato ganador en la segunda.

Pero más allá del sorpresivo ascenso de Bayrou, o del factor Le Pen, lo cierto es que el resultado de las elecciones es impredecible porque la incertidumbre supera a cualquiera de los candidatos. Una tercera parte de los votantes todavía está indecisa.

Mientras tanto, Bruselas observa con inquietud a Francia, pues el relanzamiento del proyecto europeo necesita del relevo en París. Entre las pistas que han dado los candidatos se sabe que Sarkosy privilegia reparar las deterioradas relaciones con Washington sobre el eje París-Berlín y se opone ferozmente al ingreso de Turquía en la Unión Europea. Sin embargo, por su pragmatismo, muchos lo ven como el candidato con más posibilidades de implementar necesarias reformas. "Sarkosy tiene una visión modesta de Europa. Busca un tratado simplificado acerca de las instituciones, sin un nuevo referéndum. Royal y Bayrou quieren una renegociación y eso es demasiado ambicioso. En este momento no se puede lograr unanimidad acerca en Europa", opina Herzog.

En una semana se sabrá quienes son los rivales del mano a mano final que saldrán entre la derecha, su versión extrema, el centro y la izquierda. De esa ecuación dependerá si el debate gana altura. Y si el anticipado cartel de 'Ségo' contra 'Sarko' tenía algún sentido.

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