Sábado, 21 de enero de 2017

| 1993/11/15 00:00

En blanco y negro

El Nobel de la Paz a Nelson Mandela y Frederick de Klerk impulsa y da brillo al proceso de Sudáfrica.

En blanco y negro


POCAS VECES EL PREMIO Nobel de la Paz había sido otorgado a antiguos enemigos irreconciliables. Pero la semana pasada la Academia Noruega se decidió por dos personalidades que desde tiempo atrás trabajan, desde dos extremos opuestos, por la "normalización", de su país. Sudáfrica, atravesado por los conflictos surgidos del régimen de segregación racial conocido como apartheid. Se trata de Nelson Mandela, el Iíder del Congreso Nacional Africano (CNA) y Frederick de Klerk, el presidente que podría convertirse, por virtud de su realismo político, en el ultimo mandatario blanco de la historia de su país.
Para algunos, el otorgamiento conjunto del galardón es una injusticia con Mandela, quien pasó 27 años de su vida en prisión, mientras De Klerk se ha paseado por los pasillos del poder, al que accedió con los votos del conservador Partido Nacional. Pero lo cierto es que al Presidente le corresponde el mérito. no suficientemente entendido, de haber sido pragmático ante la intensidad de la rebelión negra, y de haberse enfrentado a la no menos peligrosa actitud de los extremistas blancos.
La historia de los dos tiene un extraño paralelismo, porque ambos proceden de familias importantes. Aunque hoy es probablemente el político no gobernante más conocido del mundo, Mandela no ha podido votar en sus 75 años de vida. El líder del CNA nació el 18 de julio de 1918 en Guno, es hijo de Nonqaphi Nosokene y Henry Mandela, consejero del líder de la tribu Thembu. Realizó sus estudios cn la Universidad de Fort Hare en 1944 fundó la Liga Juvenil del CNA. en compañía de Walter Sisulu y Oliver Tambo.
En diciembre de 1952, en medio de una campaña de resistencia civil contra el apartheid, fue detenido en virtud de una ley de su presión del comunismo, pero ante la suspensión de su sentencia de nueve años de trabajos forzados, entró en la clandestinidad. De ese momento en adelante su activismo lo llevó a entrar varias veces a la cárcel, y su capacidad para desaparecer le granjeó el remoquete de "Pimpinela Negra".
Ese ciclo terminó en 1964, cuando fue capturado y condenado a cadena perpetua. Sin embargo, su movimiento no cejó en su compromiso, que sobrevivió a regímenes tan represivos como los de los primeros ministros Hendrik Vervoerd y Jon Vorster. La rebelión fue creciendo hasta que el 11 de febrero de 1990 Mandela fue sorpresivamente liberado por el nuevo presidente sudafricano, Frederick de Klerk.
De Klerk, elegido menos de un año antes en reemplazo de Pieter Botha, anunció en 1990 el cese de la prohibición del CNA, su aliado el partido comunista y otras organizaciones, a tiempo que llamó a ciudadanos de todas las razas a integrarse a su Partido Nacional.
Nacido en Johannesburgo hace 57 años, nada hubiera indicado en su origen familiar que De Klerk se convirtiera en el artífice del fin de la dominación blanca. Perteneciente a una familia ultraconservadora, estudió en la Universidad de Pochtefstroom y, tras ser elegido jefe de su partido en el Transvaal, alcanzó el liderazgo nacional en 1989,cuando ascendió a la presidencia del gobierno. De seguir el proceso iniciado con las conversaciones entre los dos líderes, lo más seguro es que entregará el poder a Mandela a comienzos del año próximo, cuando se celebren las primeras elecciones con sufragio universal.
Aún falta mucho camino hacia la paz, no sólo por la oposición de grupos extremistas de la minoría blanca, sino por la guerra que se libra entre el CNA y los zulues del líder conservador Mangosuthu Buthelezi. Pero el otorgamiento del Nobel a los dos gestores del acuerdo es visto como un paso más hacia la reconciliación de uno de los grandes conflictos del planeta.

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