Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1996/09/02 00:00

EN BUSCA DE SI MISMO

Bob Dole, quien se convertirá la semana próxima en el candidato presidencial republicano, se debate entre su imagen anacrónica y su falta de propuestas.

EN BUSCA DE SI MISMO

La imagen de Bob Dole vestido con traje oscuro y corbata, y rodeado de personajes de la misma apariencia, hizo que sus asesores le aconsejaran cambiar un poco su presentación. Un atuendo tan formal y conservador, decían, le identificaba demasiado con la clase política deWashington, tantas veces criticada por su lejanía con el país 'verdadero'. Desde entonces el casi seguro candidato republicano a la Presidencia de Estados Unidos ha tratado de mostrar una imagen menos tiesa y más descomplicada, y ya no usa la corbata todos los días. Pero el resultado ha sido demoledor: en vez de proyectar una imagen más juvenil y desenvuelta, ahora parece un señor jubilado.Ese detalle anecdótico ilustra la calidad de los problemas que enfrenta Dole para construir una candidatura capaz de amenazar seriamente las posibilidades de reelección del presidente Bill Clinton en noviembre. Dole ha pasado los últimos 35 años en los pasillos del Capitolio y cuando se le confronta con el mundo real parece extrañamente fuera de foco, como si acabara de salir de un largo encierro. Con casi total seguridad, Dole es el último hombre de la generación de la Segunda Guerra Mundial que aspirará a la Presidencia, y por lo mismo la imagen que mejor evoca es la de un país que se desvanece rápidamente en el pasado. Como buen miembro de su generación, Dole se caracteriza a sí mismo como la personificación del ideal norteamericano, la prueba de que el trabajo duro y la voluntad férrea pueden llevar a un hombre desde sus orígenes humildes hasta la cima del éxito. Por eso sus valores fundamentales, la autenticidad, el respeto por las instituciones, el amor por la familia y el país, resultan devaluados en medio de una campaña como la actual, dominada por la televisión y la imagen, en la que pesa más lo que Dole no tiene: presencia telegénica, facilidad de expresión, desenfado juvenil.Eso puede ser injusto para un hombre que ha pasado la mitad de su vida acariciando la idea de llegar a ser presidente de su país, pero los hechos son escuetos. Una reciente encuesta de CNN-New York Times mostró que un tercio de los votantes considera que la edad de Dole podría ser un obstáculo para su desempeño como presidente.Pero lo cierto es que tener 73 años no ha sido jamás un problema para manejar un país, como lo demuestran desde Ronald Reagan hasta Konrad Adenauer (quien a los 80 inició el milagro alemán), para nombrar apenas dos ejemplos. Sólo que, en ausencia de un tema de campaña, esos detalles como la edad y la actitud asumen una importancia inusitada. Y es que detrás de la cuestión generacional (Clinton, con 50 años, podría ser su hijo) subyace el verdadero problema de Dole: su incapacidad para definir un objetivo de campaña que mueva verdaderamente a los norteamericanos a escogerlo como su presidente.Hace cuatro años a estas alturas el candidato Clinton había publicado ya un libro con sus propuestas de campaña. Dole, en cambio, se ha visto enredado en asuntos que parecen de poca monta pero que resultan fatales, como su insistencia en dudar del carácter adictivo de la nicotina, cuando todo el mundo sabe que Dole tiene cercanos vínculos con la industria de los cigarrillos. En un momento en el que Dole debía estar produciendo titulares en los periódicos, a una semana de la convención que lo eligirá como candidato oficial del partido republicano, es el presidente quien se roba el show al firmar una controversial ley sobre el sistema de seguridad social. Es por eso que, en el seno del partido republicano, crece una especie de crisis de identidad, liderada por el senador Alfonse D'Amato, un miembro del círculo más cercano al candidato, quien en entrevista con el periódico The New York Post clamó por la necesidad de que Dole defina su mensaje inmediatamente.Otros, como el senador Harry Pressler, de Dakota del Sur, piensan que hay que dejar a Dole ser Dole, y que él sabrá cuándo prender motores. En cualquier caso la situación calamitosa de su campaña podría llevar a que una convención como la que se inicia el lunes próximo sea más movida de lo esperado.

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