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| 6/26/2013 12:00:00 AM

En la cancha los goles, en la calle las pedreas

Los manifestantes se enfrentaron a la Policía mientras se jugó el Brasil-Uruguay.

A pesar de los triunfos de su amado equipo y de haber asegurado su pase a la final de la Copa Confederaciones, los manifestantes siguen siendo los protagonistas de los intensos días que vive Brasil. Así, por ejemplo, un grupo de manifestantes provocó un incendio en una concesionaria de vehículos en la ciudad de Belo Horizonte, en dondea la misma hora Brasil y Uruguay se midieron por semifinales de la Copa Confederaciones.

Según imágenes de helicóptero emitidas por televisión, el grupo logró entrar en el edificio y provocó el incendio con objetos inflamables que encontró dentro y en los alrededores, en la región de Pampulha.

La prensa local también informó de saqueos y de otros focos de fuego en la zona. Previamente un grupo de manifestantes apedreó a la policía y lanzó cócteles molotov en las inmediaciones del estadio Mineirão.

Los agentes, ubicados en un cerco para proteger el partido de fútbol, los dispersaron con gases lacrimógenos. “Un manifestante está grave tras caer de un viaducto”, según la policía.

Al mismo tiempo unas 2.000 personas se congregaron sin incidentes frente al Congreso en Brasilia, donde los edificios públicos están protegidos por unos 4.000 policías.

La semana pasada un grupo atacó con piedras el Palacio de Itamaraty, la sede del Ministerio de Asuntos Exteriores, y provocó pequeños incendios al lado de sus columnas externas.

También hubo una manifestación pacífica hoy en Recife, en la que participaron tan solo unas 500 personas. En Belo Horizonte unos 50.000 asistieron la protesta, según datos oficiales.

La policía del estado de Minas Gerais, donde se ubica Belo Horizonte, montó un cerco en un perímetro de 3 kilómetros alrededor del Mineirao e instaló bloqueos en las calles del acceso al estadio, que sólo podían superar las personas que portasen ingreso para el partido.

Ante la multitudinaria manifestación que pasaría próxima al estadio a la hora del partido, la policía organizó un riguroso esquema de seguridad que movilizó a 5.567 agentes y que fue reforzado por 1.500 soldados del Ejército.

El cordón de seguridad y la decisión de la FIFA de abrir las puertas del estadio cuatro horas antes del comienzo del compromiso permitieron que los aficionados que habían comprado ingresos para el Mineirao llegaran sin dificultades al estadio.

Numerosos locales comerciales en el entorno de la Plaza Sete, el local de concentración de los manifestantes, y en las avenidas que se dirigen al Mineirao instalaron tablones de madera en sus fachadas para evitar actos de vandalismo.

Antes del inicio de la marcha, la policía arrestó a ocho personas que portaban en sus mochilas máscaras y objetos que supuestamente serían lanzados contra los uniformados.

El sábado pasado, cerca de 60.000 personas, según la policía, participaron en una manifestación en Belo Horizonte que también marchó próxima al Mineirao y que acabó con disturbios, en los que ocho manifestantes y seis policías resultaron heridos.

Las protestas que se repiten diariamente en Brasil comenzaron el 10 de junio en Sao Paulo exclusivamente por el aumento de las tarifas de transporte público, pero se extendieron a todo el país y ganaron nuevas reivindicaciones, como exigencias de mayor inversión pública en educación y salud, y críticas a la corrupción.

Otro de los motivos que ha llevado a millones de brasileños a salir a la calle son los elevados gastos del Gobierno en la organización del Mundial de 2014, por lo que muchas de las marchas de protesta han tenido como destino estadios en los que en ese momento se disputaban partidos por la Copa Confederaciones.
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