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| 11/19/1990 12:00:00 AM

En la cuerda floja

Presionado por la crisis, Gorbachov se decide por un plan moderado de transición a la economía de mercado.

Uno de cada cuatro soviéticos vive por debajo de la línea de pobreza. La dramática revelación fue hecha la semana pasada por la Dirección Soviética de Estadisticas. Y coincidió con el anuncio oficial del "Plan de estabilización de la economía nacional y de transición a la economía de mercado", presentado por el presidente Mijail Gorbachov.
El plan busca superar las rigideces de la economía centralizada y aumentar la productividad del pueblo soviético mediante la introducción gradual de los principios que rigen las economías de mercado, incluida la privatización de la mayoría de las empresas que hoy están en manos del Estado y la adopción de la libertad de precios como mecanismo regulador de la actividad productiva. Sólo así, de acuerdo con los expertos, se podría superar la profunda crisis económica que vive la URSS en la actualidad y mejorar el nivel de vida de la mayoría de la población.
El texto final del programa, sin embargo, es mucho menos radical de lo que se esperaba. Más de un mes de violentos debates, combinados con el empeoramiento de la situación económica, llevaron a Gorbachov a moderar sustancialmente su posición, aun a riesgo de agudizar el enfrentamiento con sus opositores, encabezados por el presidente de la República Federativa de Rusia, Boris Yeltsin.
Hace apenas un mes, Gorbachov se había mostrado partidario de un programa radical de instauración de la economía de mercado en la Unión Soviética, conocido como "Plan de los 500 días", el cual pretendia eliminar todos los vestigios de planificación central para fines de 1991. Finalmente, sin embargo, el presidente se acogió a un esquema mucho más moderado.
El "Plan de los 500 días", elaborado por el académico Stanislav Shatalin, era considerado por la mayoría de los observadores como la única oportunidad para que la economía soviética, gravemente enferma, recobrara la salud. Pero existían serias dudas el tomo de la capacidad de un organismo tan debilitado como la economía soviética para soportar una terapia de choque. Y Gorbachov decidió no corre riesgos.
El documento final recoge mucho de los puntos del programa de Shatalin paso de la propiedad estatal a manos privadas, eliminación de los controles de precios y traslado de muchas decisiones económicas a los gobiernos de las 15 repúblicas federativas de la Unión. Pero elimina el plazo de los 500 días y propone una transición mucho más gradual a la economía de mercado.
La última versión del plan, como era de esperar, no satisfizo a los críticos de Gorbachov. El más encamizado de ellos, el popular presidente de Rusia Boris Yeltsin, aseguró que el plan de Gorbachov es una retirada táctica que le pemmitirá a la burocracia instalada en el gobiemo central retener indefinidamente su monopolio del poder.
Andrei Orlov, analista intemacional de la agencia Tass, aseguró sin embargo, que la decisión de Gorbachov obedeció a "la clara inconveniencia de permitir, en una circunstancia de creciente inestabilidad política, la destrucción radical de las estructuras administrativas del país, inevitable en el caso de haberse aprobado el plan de los 500 días.

LOS DOS PLANOS

El plan presentado por Gorbachov contempla, como el programa de Shatalin, una serie de pasos previos a la instauración de la economía de mercado. Pero a diferencia del plan radical no define un cronograma para su ejecución.
El primer paso, de acuerdo con los dos programas, es la estabilización de la economía, en la cual el gobiemo tendra una gran responsabilidad en cuanto al manejo del dinero en circulación y la reducción del gasto público. Para lograr esto último, el plan de Shatalin contemplaba un rápido traslado a manos privadas de un numeroso grupo de activos estatales cerca del 90 por ciento de la industria debería ser de propiedad privada antes de 1992-. El programa de Gorbachov, en cambio, considera que la privatización debe hacerse, pero no de manera tan acelerada.
Otro punto en el cual difieren sustancialmente es en el relacionado con la liberación de precios. Shatalin proponía congelar los precios de 100 productos básicos y dejar los demas al libre juego de las fuerzas del mercado. Gorbachov piensa que es necesario mantener congelado un número muy superior de precios, y que sólo en 1992 se podra pensar en una liberación masiva, que incluya cerca de las dos terceras partes de los productos que se negocian en ese país.
Otra diferencia radica en el tratamiento que piensa darsele a las grandes empresas estatales, tanto en el sector industrial como en el agrícola. Shatalin proponía un rápido recorte de todos los subsidios estatales, mientras Gorbachov promete que solamente las empresas más ineficientes dejaran de recibir el apoyo oficial. Según uno de los asesores del presidente, "una quiebra masiva de empresas conduciría al rompimiento de los lazos existentes entre los diferentes sectores económicos y podría llevar a un caos total".
En materia de privatización de la tierra también hay una marcada diferencia entre los dos programas. Mientras el de los economistas radicales proponía que todo miembro de una granja colectiva tenía derecho a reclamar para sí la propiedad sobre un pedazo proporcional de la tierra y convertirse en productor independiente, el programa del presidente deja la decisión en manos de cada una de las granjas.
Finalmente, y éste es quizas uno de los puntos más sensibles del debate, mientras Shatalin proponía la constitución de una confederación voluntaria de repúblicas soberanas, el plan de Gorbachov es mucho menos claro en materia de autonomía de las repúblicas federativas y los gobiernos locales. En este punto el presidente ha recibido el apoyo de un creciente número de legisladores, que veían en la posición de Shatalin una quiebra inmediata de la autoridad central.
Pero es también en este punto donde las críticas de Yeltsin y de sus seguidores han sido más fuertes. A tal punto que el presidente de la República Rusa llegó a sugerir la posibilidad de una secesión. Aunque despues dijo que lo mejor sería acompañar el programa de Gorbachov hasta su fracaso final, el cual previó para un período no superior a seis meses. Sabe que de cumplirse su pronóstico, su popularidad alcanzarla niveles nunca imaginados.
Las cosas, pues, no aparecen nada fáciles para el presidente Gorbachov. A pesar de su éxito en el exterior, refrendado por el otorgamiento del premio Nobel de la Paz, su prestigio entre el pueblo soviético está en la cuerda floja.
Y es que, en últimas, lo que está en juego es la situación de 280 millones de Soviélicos, entre quienes la pobreza es casi un denominador común. Ellos serán los verdaderos jueces al hacer el balance de su obra. Y si su plan económico fracasa, lo demás no pasará de ser un abalorio.

EL GORBA-NOBEL
El premio Nobel de Gorbachov no produce entusiasmo en su país, que permanece más interesado en el nuevo plan económico.
"Durante los últimos cinco años, han tenido lugar cambios dramáticos en las relaciones entre Este y Oeste. La confrontación ha dado paso a la negociación. Viejas naciones-estado europeas han recuperado su libertad".
Con esas palabras, el comité del premio Nobel describía los efectos de la acción de Mijail Gorbachov para la paz del mundo, desde cuando, en 1985, ascendió al poder del Kremlin. El anuncio le daría la vuelta al mundo: Gorbachov, premio Nobel de la Paz 1990.
Dos rusos han ganado el premio Nobel de Paz, y sólo una cosa les identifica: la ausencia casi total de entusiasmo de parte de sus compatriotas. Pero los motivos en cada caso son diferentes. Cuando Andrei Sakharov fue declarado ganador en 1975, por su campaña de defensa de los derechos humanos en la URSS, el régimen de Leonid Brezhnev cubrió al laureado con agravios que iban desde llamar al premio "pornografía política", hasta acusar a Sakharov de haber vendido su país a la CIA. Quince años más tarde, cuando el ganador ha sido precisamente un sucesor de Brezhnev, su país recibió la noticia con indiferencia y hasta con hostilidad.
Ello no debera extrañar a nadie, pues al fin y al cabo, para el Kremlin los premios de la Academia sueca habían sido siempre una manipulación política de occidente. Pero esa no parece ser la única razón. Lo cierto es que el premio a Gorbachov fue la culminación de un año en que Gorbachov ha sido aclamado en occidente como la gran superestrella, la figura histórica por excelencia, el hombre del año, el hombre de la década, etc. Sin embargo, en su propia patria, la popularidad y la aceptación de Gorbachov anda por los suelos. Muchos soviéticos no entienden cómo se le pudo entregar el premio de la paz a quien no ha sido capaz de manejar los problemas étnicos entre las repúblicas, como por ejemplo el que enfrenta a los armenios con los azeríes, o los kirghizios con los kadzhaquistanos. El escritor exiliado en Roma, Vladimir Bu kovsky, pareció hacer eco de esa postura cuando declaró que "no entiendo como le dan el Nobel de la paz al hombre que avaló la matanza de Tblisi", refiriéndose a la acción de las fuerzas de seguridad en la capital de Georgia en abril de este año. Y el académico Georgi Arbatov, refiriéndose a las largas colas que tienen que hacer los soviéticos para adquirir los angulos de primera necesidad, dijo que Gorbachov no hubiera merecido el Nobel de Economía.
Lo cierto es que Gorbachov se convirtió en el personaje clave de la última parte del siglo, y ello es algo que la historia probablemente no dejará de reconocerle. Pero también es cierto que su mayor virtud no se ha cifrado en su capacidad para manejar los problemas, sino en su realismo para entender los procesos de la historia. Si se puso a la delantera de su tiempo en los asuntos mundiales, en casa su plan económico es criticado por no responder inmediatamente a las expectativas creadas en la población. Con el glasnost pretendió exponer las debilidades del sistema, pero terminó exponiendo las suyas propias, evidentes frente a las pretensiones de independencia de las repúblicas secesionistas y a las pugnas étnicas-. Promovió la democratización para vencer a sus oponentes ortodoxos en el Soviet, pero ahora la democracia se usa para derrotarle a él mismo. La perestroika, o reestructuración, estaba destinada no a eliminar al comunismo, sino a reformarlo y perfeccionarlo, pero ahora es el camino para su eliminación pura y simple.
Por eso se dice que Gorbachov no ha manejado los hilos de la historia, porque más bien ha sido manejado por ellos. Nadie sabe cómo terminará tarea. Pero en el proceso, el abogado-agrónomo hijo de una familia campesina de las cercanías de Stavropol, fue capaz de desafiar la inmovilidad de un sistema destinado a perpetuarse por la fuerza de las armas y eso, a los ojos del mundo entero, le merece el premio Nobel de la Paz, y mucho más.
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