Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1995/09/25 00:00

EN EL MISMO LODO

Las denuncias del ministro de Economía de Argentina, Domingo Cavallo, refuerzan la sensación popular de que la corrupción campea en el gobierno.

EN EL MISMO LODO

CUANDO EL MARTES DE LA SEMANA PASADA el ministro de Economía de Argentina, Domingo Cavallo, comenzó a denunciar ante la Cámara de Diputados -y ante el país por la televisión- la corrupción gubernamental y la existencia de mafias que presionan al alto gobierno, muchos argentinos se dijeron para sí "miren quién habla".
La razón es que algo huele mal desde hace muchos años y el propio acusador, el hombre estrella del manejo económico del país, está bajo acusación por enriquecimiento ilícito y siendo investigado por la justicia.
Lo que sorprendió fue que en las fuertes declaraciones salieran a la luz pública personajes connotados a quienes hasta ahora no se había relacionado con manejos poco claros, entre ellos el vicepresidente de la República, Carlos Ruekauf, y el poderoso gobernador de Buenos Aires, Eduardo Duhalde, su más cercano competidor como candidato a la presidencia en seis años más.
Creado el clima de tensión, las denuncias de Cavallo no contribuyeron a aquietar los ánimos. Dos horas duró su intervención en la Cámara de Diputados el miércoles 23; en la larga exposición lanzó acusaciones a diestra y siniestra, pero su principal blanco fueron el empresario de correos, aduanas, aeropuertos y depósitos fiscales Alfredo Yabrán y los periodistas Daniel Hadad y Bernardo Neustadt.
Las acusaciones completas contra Yabrán (vinculado por algunos al narcotráfico) son el haber sobornado e intimidado interventores de correo, jueces, diputados de oposición y periodistas, para obtener licitaciones en la empresa de correos argentina, y de evadir impuestos a través de documentación falsa. En su alocución el Ministro dijo: "Hay minorías que han hecho del delito y de la evasión su modo de vida".
Desde las primeras intervenciones del ministro Cavallo se habló de las posibilidades de su remoción. En principio el presidente Carlos Menem, aunque molesto por el nuevo escándalo que desprestigia a su gobierno, decidió al menos de dientes para afuera, dar su apoyo al Ministro. Sin embargo. sectores cercanos al mandatario sostienen que hay una grieta en las relaciones Cavallo-Menen, e incluso el diario El Clarín publicó el viernes una crónica en la que sostuvo que Menem no sólo no contesta las llamadas de su Ministro. sino que tiene interés en que éste se entere. El país no entiende el silencio de su Presidente frente a una situación que está rnostrando toda la ropa sucia del sistema.
Para la oposición las denuncias del ministro Cavallo no son sino imputaciones reiterativas y escasos elementos para la justicia, destinadas, según algunos, a tender una cortina de humo sobre el desastroso balance social del gobierno, atenazado por la más alta rata de desempleo de la historia. Otros fueron más personales. El diputado radical Enrique Benedetti, acusado por Cavallo de ser "ariete de la mafia", dijo que el Ministro es el principal evasor de impuestos y lo acusó de haber comprado un apartamento en 500.000 dólares y haberlo escriturado en 225.000 dólares, además recordó las acusaciones contra un hermano del Ministro por fraudes al Estado. No faltó quien dijera que si el Ministro sabía tanto, no haberlo revelado antes lo convertía en un encubridor.
El Frente por un País Solidario -Frepaso- fue más duro en sus aclaraciones. El diputado Carlos 'Chacho' Alvarez, aunque su aliado circunstancial en el tema del correo, advirtió que no se puede luchar contra la corrupción desde el gobierno, porque las mafias están enquistadas en todos los ámbitos del poder y que la no revelación ante la Cámara de Diputados del nombre del funcionario que frenó la investigación sobre Hadad está demostrando que hay revelaciones a medias y que algo turbio se esconde.
Quienes más molestos se sienten son los empresarios. Para ellos las declaraciones de Cavallo han aportado poco y solo han logrado complicar más al país. El primer impactó que se recibió fue la caída de las acciones argentinas que se transan en la bolsa de Nueva York; según el Banco Central la crisis ha producido una pérdida superior a 1.500 millones de dólares.
Esa podría ser la razón para que Cavallo haya permanecido en su cargo. La respuesta de la bolsa y de los indicadores económicos muestran que un cambio en la política económica o el retiro de la confianza presidencial a su gestión sería un golpe más duro a la economía argentina y significaría la retirada de importantes capitales extranjeros.
Esa sería la explicación más razonable. Pero otra, que se maneja a nivel popular, sostiene que Cavallo ha tocado fibras sensibles para una dirigencia que tiene rabo de paja, y que por ello es más fácil comprar su silencio manteniéndolo en el gobierno que exponerse a tenerlo como rucda sueltan denunciando a todo el mundo a diestra y siniestra.
En cualquier caso, Cavallo se confirmó la semana pasada como el superministro, alguien a quien Menem debe estar mirando como a un monstruo estilo Frankenstein, capaz de matar a su creador. Al punto que el calor del debate, las acusaciones mutuas entre el gobierno y la oposición y la preocupación por los resultados económicos que tendrá la crisis política, han opacado todo el resto de los sucesos en Argentina; incluso la denegación por parte de la justicia argentina de la extradición a Italia de Erich Priebke, un carnicero nazi que vive en Bariloche, pasó sin pena ni gloria.

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