Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2006/11/25 00:00

En esta esquina...

Hugo Chávez se encamina a una victoria más competida de lo que anticipaba.

Hugo Chávez compensa el descontento por la gestión de gobierno con las misiones sociales

El miércoles pasado, una docena de chavistas desencantados exhibieron frente a las cámaras de televisión el carné que los acreditaba como simpatizantes del oficialista Movimiento Quinta República (MVR). Acto seguido, expresaron su decepción con la gestión del gobierno y reemplazaron sus camisetas rojas, el color de la revolución bolivariana, por unas blancas. El acto simbólico buscaba sellar su cambio de bando, de cara a las Presidenciales del 3 de diciembre, y manifestar su respaldo al candidato opositor, Manuel Rosales.

Hasta hace pocos meses, Hugo Chávez no tenía rival visible. Pero desde cuando la oposición se agrupó para escoger un candidato de unidad, en agosto, la campaña de Rosales ha despegado. El de las camisetas era apenas el último de una serie de golpes mediáticos del rival del ex coronel golpista. En el reciente concierto de Shakira en Caracas, la multitud comenzó a corear "atrévete", el lema de la campaña opositora. Lo mismo ocurrió cuando Rosales se asomó a las gradas en el clásico beisbolero entre los Leones de Caracas y los Navegantes de Magallanes, el evento deportivo más popular del país. Y sin embargo, los pronósticos dan ganador a Chávez. Si Rosales está perdiendo, ¿por qué lo corean en los estadios?

La oposición ha demostrado una impresionante capacidad de movilización, con marchas multitudinarias en diferentes ciudades del país que han convocado a decenas de miles de seguidores. Pero el oficialismo también ha hecho lo propio. Durante el fin de semana, los dos bandos se preparaban para medir sus fuerzas en la capital. Rosales convocó la "gran avalancha de Caracas" para el sábado y el oficialismo tenía programada el domingo "la toma de Caracas" para mostrar el músculo. Al popular "atrévete", el oficialismo contesta con el "uh, ah, Chávez no se va", reciclado de los tiempos del revocatorio de 2004. "Son indicadores de entusiasmo, pero no se puede cuantificar en intención de voto. Ambos candidatos están llenando las calles y tienen fuerte presencia en medios, dijo a SEMANA Andrés Stambouli, director del centro de estudios de gobierno de la Universidad Metropolitana de Caracas. Los dos están movilizando a sus electores y la respuesta hay que buscarla en los estudios de opinión pública, pero el problema es que los hay para todos los gustos", aseguró.

Hay un descontento palpable con la gestión de gobierno, que la oposición ha tratado de explotar. La inseguridad, que ha producido unas 90.000 muertes violentas desde cuando Chávez llegó al poder, es una preocupación agobiante, y el 82,6 por ciento de los venezolanos raja al gobierno en el tema, según un estudio de la encuestadora Datanálisis. Los venezolanos también manifiestan su descontento por cuenta del desempleo, la corrupción y el déficit de viviendas. La oposición también critica el costo de la agresiva política exterior de Chávez: según los cálculos de Primero Justicia, uno de los 41 partidos reunidos en la candidatura de Rosales, el gobierno ha gastado casi 22.000 millones de dólares en otros países, con Argentina y Cuba a la cabeza. Pero después de ocho rounds ganados a la oposición, Chávez sigue luciendo, hasta el sol de hoy, indestronable en las urnas.

"La ineficiencia es reconocida y castigada por la población, pero no ha generado una ruptura con su líder, explicó a SEMANA Luis Vicente León, presidente de Datanálisis. Chávez compensa con otros temas, como salud y alimentación, donde hay alta satisfacción. Las famosas Misiones que favorecen a los más pobres le garantizan popularidad. "La gente lo quiere por la relación utilitaria. Es un amor comprado", añade León. A ese pragmatismo se suma que el liderazgo cálido y carismático de Chávez produce un apego afectivo en sus seguidores.

En ese contexto, a pesar del innegable crecimiento de Rosales, los sondeos dan ganador a Chávez, aunque unos le atribuyen una clara victoria, por unos 20 puntos porcentuales, y otros, haciendo proyecciones, un margen estrecho. Hay un grupo importante de indecisos, entre 15 y 20 por ciento, y las hipótesis sobre lo que van a hacer cambian dramáticamente el panorama. Los opositores, que en las últimas elecciones legislativas decidieron retirarse y promovieron la abstención para deslegitimar al gobierno, ahora buscan que los votantes alcancen una cifra parecida a la del revocatorio, que pulverizó el récord histórico.

Rosales está en una carrera contrarreloj para superar el techo de 40 por ciento que ha tenido la oposición y entrar en un cabeza a cabeza con Chávez, pero a medida que se acerca la elección, la remontada parece improbable. Sus posibilidades se concentran en tres variables: que los abstencionistas se decidan a votar, y voten mayoritariamente por él; que los indecisos también se decidan por él y que algunos chavistas no voten. El panorama no parece muy prometedor. Cerca de la mitad de los electores desconfían del Consejo Nacional Electoral (CNE), y el famoso tema de las máquinas capta huellas, que supuestamente permitirían violar el secreto del voto, ayudó a inspirar temor. La oposición las atacó en el pasado, pero hoy, aunque pide que las retiren, las juzga inofensivas. El miedo de los venezolanos está justificado en la discriminación a la que fueron sometidos los firmantes del referendo revocatorio. A eso se suman las presiones a los empleados públicos para votar por el Presidente en un país petrolero donde el Estado es el mayor empleador.

Chávez se siente ganador, pero ha perdido terreno. Al comienzo de la campaña, los 10 millones de votos que sus simpatizantes pregonan con los dedos de la mano parecían al alcance, pero hoy se antojan lejanos. El mismo Presidente ha bajado el listón a seis millones, mientras hace énfasis en el futuro del proyecto revolucionario, que incluye partido único y reelección indefinida. Rosales también promete la victoria y se promueve como el candidato de los 26 millones de venezolanos para subrayar el carácter sectario de la revolución bolivariana.

Los dos bandos se proclaman victoriosos en una campaña polarizada. "Este proceso no se compara a los del resto del continente, pues la discusión no está centrada en quién va a ganar, sino en si se va a reconocer el triunfo del otro", asegura el analista Alberto Garrido, autor de una docena de libros sobre la revolución bolivariana. La victoria de Chávez por un margen estrecho podría abrir un ciclo de tensiones y movilizaciones si la oposición decidiera sacar a sus simpatizantes a la calle.

Pero Rosales también podría convertir esa eventual derrota en un triunfo político si saca un número respetable de votos. Hace tres meses la oposición no existía y ahora va a tener la capacidad de articularse, pero eso depende del comportamiento tras las elecciones. Incluso en la derrota hay nuevos frentes de lucha. Hace pocos días se cumplió el plazo legal que permite abrir referendos revocatorios a los gobernadores y alcaldes. Los sondeos muestran que los votos de Chávez no se pueden endosar, y el descontento sí maltrata a sus lugartenientes. La oposición podría comenzar a recuperar los espacios que ha perdido. La creación de una verdadera alternativa al chavismo puede tomar tiempo pero, como afirma León, "que Chávez vaya a ganar no significa que Rosales no haya ganado".

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