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| 1/11/2009 12:00:00 AM

En la frontera de plomo

El pedido de la ONU no consiguió detener la feroz ofensiva israelí sobre Gaza. SEMANA llegó hasta Erez, el cruce que divide a los dos bandos.

Es una mañana soleada de invierno y un avión de la Fuerza Aérea israelí aparece entre las nubes. De repente se ve un chispazo seguido de humo. Las paredes y el piso de Erez tiemblan. Un nuevo ataque aéreo ha sido lanzado contra Gaza, la franja dominada por el grupo palestino Hamas. Con millón y medio de personas, el escenario de la más reciente de las guerras en Oriente Medio es uno de los lugares más densamente poblados del mundo. Una en la que hasta los más curtidos representantes de agencias humanitarias están horrorizados por la matanza, que tuvo una de sus horas más siniestras con el bombardeo el martes de una escuela. Al final de la semana, la ONU suspendió su ayuda en Gaza e hizo un llamado al alto al fuego.

Erez es un cruce administrado por el Ejército israelí por donde suelen ingresar los corresponsales de prensa a Gaza. Ese corredor de casi seis metros de ancho y con paredes de cemento que parecen tocar el cielo, ha permanecido cerrado a los periodistas que han llegado hasta él y a sus alrededores para ver el avance de la operación 'Plomo Sólido' que lanzó Israel el pasado 27 de diciembre para detener el lanzamiento de cohetes contra su territorio. Minutos después, un cohete lanzado desde Gaza surca el cielo y deja trazado en las nubes su recorrido hasta descender y tocar suelo israelí.

"Estábamos almorzando y escuchamos una explosión -contó a SEMANA Khaled Ibrahim, profesor en una de las escuelas en Gaza-. Los vidrios de la casa se quebraron. Minutos después oímos que gritaban en la calle y entendimos que se trataba de un ataque del Ejército israelí. Permanecimos en la casa hasta que recibimos un letrero en el que el Ejército israelí nos pedía abandonar la casa porque iban a bombardear un edificio vecino propiedad de Hamas. Agarramos a los tres niños y salimos corriendo, sin preparar nada. Aquí estamos en casa de un amigo y no sabemos por cuánto tiempo".

 Y agrega: "Días después fui hasta la casa para ver cómo estaba. Se derrumbó en algunas partes pero a los vecinos les tocó la peor parte. Ellos no se fueron y cuando llegó el bombardeo, la casa se vino abajo. Algunos murieron de inmediato y otros fueron rescatados un par de días después. La abuela sobrevivió pero pasó varios días sentada en las ruinas, al lado de los cadáveres y de los heridos como ella".

 Un médico que vive en la franja y pidió mantener en reserva su nombre, se preocupa por un futuro de guerra permanente: "Los niños que viven aquí han pasado hambre, han sufrido los bombardeos y visto cómo muere gente en la calles. Incluso hemos encontrado a varios de ellos con los muertos. Esos niños crecerán con traumas o con un odio sin límites que pone en duda cualquier esperanza de paz". Este médico, que apoya a Al Fatah, (el grupo antagonista de Hamas por el liderazgo palestino) atribuye "una buena parte de la responsabilidad a Hamas por no medir las consecuencias del lanzamiento de cohetes y por traer más desgracia a Gaza".

"Sabemos que Israel ha ocupado sin consideración nuestras tierras, pero con el presidente Mahmud Abbas hay un poco más de esperanza. Los hombres de Hamas renuncian a dejar el control de Gaza y matan a los que consideran colaboradores de Israel o se manifiestan contra ellos. ¿Dónde están nuestros hermanos árabes en los países vecinos para ayudarnos? ¿Dónde está el mundo?", dice.

Pero mientras Gaza sufre los bombardeos, al otro lado de la frontera, en la ciudad israelí de Sderot, blanco de los cohetes Al Kasam lanzados por milicianos palestinos en Gaza desde hace ocho años, los habitantes viven en tensión. "Cuando lanzan más de 20 cohetes en un día, como ha ocurrido en las últimas semanas, muchas de las personas, especialmente familias con niños, deciden permanecer en los refugios gran parte del día.", contó a SEMANA Eyal Schffer, un joven de 23 años.

Respecto a la operación 'Plomo Sólido' que había causado al cierre de está edición cerca de 800 muertos en el lado palestino, 15 muertos israelíes y más de 3.000 heridos, dice que lamenta lo ocurrido en Gaza. "Me estremezco cada vez que veo la televisión. Lamento que tantos civiles tengan que pagar por el fanatismo de Hamas. También me parece lamentable que el mundo critique tanto a Israel, especialmente en Europa, que no saben que es vivir con constantes atentados terroristas y nunca en su vida han visto la caída de un cohete en su casa".

Aunque la mayoría de los israelíes apoyaron en un comienzo la operación militar, a medida que pasan los días aumentan las voces que piden su fin. El reconocido analista israelí Nahum Barnea, quien tiene línea directa con los principales líderes del gobierno, cuenta que la ministra israelí de Asuntos Exteriores, Tzipi Livni, y el ministro de Defensa Ehud Barack decidieron lanzar la operación teniendo en cuenta el reporte de la Comisión Winograd, que criticó los resultados de la guerra que libró el país en Líbano contra el grupo Hizbulá. Pero sobre todo, que Barak y Livni tienen presente que las decisiones que tomen ahora en lo referente a Gaza influirán sus resultados en las elecciones de febrero próximo.

Y las acciones de Israel se enfrentan a una gran paradoja: entre más fuerza y brutalidad empleen contra los árabes, mayor será la reacción de estos, con movimientos de resistencia más eficientes, más radicalizados y con mayor apoyo en la población. Los muertos engendran una mayor voluntad de lucha. Hamas, por ejemplo, no es sólo un grupo terrorista, como está etiquetado por varios países occidentales. También ejerce funciones de gobierno, servicios y asistencia social que los gobiernos laicos no supieron cumplir, además de proyectar una imagen de honestidad. Eso explica la popularidad que los llevó a ganar las elecciones en 2006 en Gaza.

Ghassam Khatib, ex ministro de Construcción de la Autoridad Nacional Palestina y actual vicepresidente de la Universidad de Birzeit, localizada a 20 kilómetros de Jerusalén, afirma que el objetivo de Hamas con esta guerra es afirmarse como el principal interlocutor de Israel en los territorios palestinos y desplazar al partido Al Fatah que lidera en Cisjordania el presidente Mahmoud Abbas, cuyo mandato se vencía precisamente en estos días. Su popularidad, según los observadores, se vio socavada por la tibieza de su reacción en los primeros días del ataque israelí.

 Lo trágico es que cada parte tiene sus objetivos propios que puede vender como triunfos. El profesor palestino Ali Jarbawi sostiene que "Israel se declarará victorioso si cesa el lanzamiento de cohetes contra su territorio. Pero Hamas se declarará ganador simplemente si no logra ser destruido -como seguramente ocurrirá- y se mantiene como movimiento de resistencia". En esas circunstancias, los "grandes perdedores son los civiles, la Autoridad Nacional Palestina y Egipto. Y ellos son el precio que Israel y Hamas están dispuestos a pagar por sus respectivas victorias".

Shlmo Ben Ami, ex ministro israelí de Asuntos Exteriores y Seguridad Interna, y actual vicepresidente del Centro Internacional Toledo para la paz, una de las voces moderadas más respetadas en Israel, ha afirmado en repetidas ocasiones que es necesario "dialogar con Hamas" si se quiere lograr algún día la esquiva paz entre israelíes y palestinos. Pero la actual cúpula del gobierno israelí parece muy lejana de esa percepción. De nuevo, el conflicto palestino-israelí se antoja como una guerra perpetua.
 
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