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| 11/2/1998 12:00:00 AM

EN LA MIRA

Algunos comienzan a creer que Bill Clinton es víctima de una conspiración secreta para tumbarlo. ¿Qué tanto hay de cierto?

Cuando se escriba la historia del escándalo que afectó la presidencia de Bill Clinton uno de los capítulos tendrá que ser el de la conspiración. Muchos observadores, dentro y fuera de Estados Unidos, ya se atreven a hablar abiertamente de la posibilidad de que la denuncia hecha por Hillary Clinton en enero de este año seacierta. En esa ocasión la primera dama habló de una "vasta conspiración de la extrema derecha que ha estado conspirando (sic) contra mi esposo desde que anunció su intención de candidatizarse para presidente". Han pasado muchas cosas desde que la señora hizo sus denuncias, y a pesar de que las encuestas señalan que los norteamericanos no quieren que su presidente renuncie o sea destituido, también indican que sólo una minoría cree en la teoría de Hillary. Al fin y al cabo, como los colombianos lo saben en carne propia, no hay mejor manera de salir de un lío de semejantes proporciones que acusar a las "fuerzas oscuras". Pero que alguien sea paranoico no quiere decir que no tenga enemigos y la espontaneidad no parece ser la norma del comportamiento de las principales figuras de la historia. No es muy ingenuo que alguien, como hizo Linda Tripp, grabara las conversaciones en que una amiga le cuenta los detalles más íntimos de una relación sentimental, ni que ésta, Monica Lewinsky, guardara por meses enteros un vestido manchado con semen del presidente. Ni que una amiga de la primera, Lucianne Goldberg, anunciara con bombo y platillos haber sido quien la convenció de que grabara las conversaciones "porque le encantan los chismes". Sobre todo si en su oficio de agente literaria había intentado vender otros libros contra Clinton y tenía antecedentes de espionaje y vínculos con la CIA. No existen indicios, al menos por ahora, de que el romance presidencial haya sido en realidad una trampa ni de que Monica Lewinsky haya cumplido el papel de una Mata Hari dispuesta a pasar una vergüenza histórica para tumbar a Clinton. Pero muchos observadores norteamericanos reconocen que existe una red de enemigos jurados del presidente, quienes no sólo están dispuestos a aprovechar todas las brechas de su personalidad para hacerle daño sino que llevan años dedicados a difamarlo por todos los medios imaginables. Sus motivaciones son diversas y hay algunos que detestan a Clinton por razones personales, como haber sido destituidos por el entonces gobernador de Arkansas. Pero todos están arropados bajo el manto de la extrema derecha, y eso es lo que hace que Hillary hable con tanta seguridad de una conspiración de características políticas. Nada de ello disculpa a Clinton por un comportamiento que parece más el de un adolescente que el de un cincuentón que, por añadidura, es el presidente de Estados Unidos. Pero hay demasiadas coincidencias que merecen ser examinadas. Aquí están algunos de los protagonistas de la teoría de la conspiración. El escándalo Menal video Las crónicas de Clinton, realizado por sus archienemigos, tiene varios platos fuertes. Uno es la afirmación de que Clinton es adicto a la cocaína (su nariz roja es una muestra). Pero el más fuerte es la acusación según la cual el entonces gobernador de Arkansas se beneficiaba personalmente del tráfico de drogas por el aeropuerto de la pequeña localidad de Mena. En medio de la operación de la CIA, que se conocería como 'Irán-Contras', los aviones salían de Mena para Nicaragua con las armas para los 'Contras' financiadas mediante las ventas ilegales de equipos para Irán. Las investigaciones concluyeron que de regreso los aviones traían cocaína que ayudaba a financiar a los 'Contras'. Los enemigos de Clinton sostienen que éste recibía una parte por mantener la boca cerrada y que varias muertes se debieron a indiscreciones. Scaife gastó varios millones en diseminar la acusación por los medios de Estados Unidos.Sexo y chantajen este siglo la Casa Blanca ha estado plagada de historias de chantaje sexual. El legendario jefe del FBI, J. Edgar Hoover, se mantuvo en su puesto durante casi 50 años por cuenta de los expedientes que les tenía a la mayor parte de los políticos importantes. Su época de oro fue, por supuesto, durante la presidencia de John F. Kennedy, un famoso mujeriego. Se dice que fue Hoover quien, en una hábil maniobra, filtró a la prensa la relación del presidente con la espía alemana oriental Ellen Rometsch, quien también dormía con un general soviético. Según una reciente biografía de Hoover, igualmente le armó su expediente a Richard Nixon cuando era vicepresidente por una relación con la guía turística de Hong Kong Marianne Liu, supuestamente espía china. Pero como la vida da tantas vueltas, el homosexualismo de Hoover fue la causa de que éste estuviera durante años en las manos de la mafia. Por esa razón el todopoderoso director del FBI ni siquiera admitía su existencia.
Jerry Falwell
El televangelista Jerry Falwell es el principal promotor de un video llamado The Clinton Chronicles o Las crónicas de Clinton, en el que se acusa al entonces gobernador de Arkansas de tener conexiones con el narcotráfico (ver recuadro). Sus organizaciones, como Mayoría silenciosa y Ciudadanos por un gobierno honrado, contribuyeron económicamente a los gastos legales de Paula Jones. El esposo de ésta aparece en un promocional de las Crónicas.
John Whitehead
Es el fundador del Instituto Rutherford, filial de la Mayoría silenciosa de Falwell. El instituto tiene como objeto social "la defensa de la libertad religiosa y los derechos de paternidad". Sin embargo tiene a su cargo la defensa de Paula Jones. En su libro de 1982, La segunda revolución norteamericana, Whitehead propone la reorganización de la sociedad estadounidense según los lineamientos de la Biblia.
Richard Mellon Scaife
Scaife es un heredero de cuarta generación de una gran fortuna. Ha repartido millones a numerosas fundaciones conservadoras interesadas en tumbar a Clinton. Dueño del Pittsbugh Tribune-Review, cuyo reportero estrella, Christopher Ruddy, lanzó la versión de que Clinton mandó matar a su amigo Vincent Foster. Scaife financia a The American Spectator, la revista que lanzó la historia de Paula Jones. Otra de sus entidades, la Landmark Legal Foundation, tiene mucho que ver con James Moody, el abogado de Linda Tripp.
Paula Jones
Acusó a Clinton de hacerle proposiciones indecorosas cuando era gobernador. Su demanda intenta sacar millones de la 'angustia' causada por Clinton pero una investigación periodística descubrió que había tenido relaciones con 15 hombres antes de cumplir 16 años. Tiene montada una campaña para levantar fondos con destino a los gastos de su demanda, pero los dineros no han llegado a sus abogados del Instituto Rutherford. Parece que Paula se está quedando con la plata.
Kenneth Starr
Sus detractores afirman que es sospechoso que haya extendido la investigación por el asunto financiero Whitewater al caso Lewinsky. Antes de ser nombrado fiscal especial había trabajado en el equipo legal de Paula Jones pero asumió la investigación sin señalar el posible conflicto de intereses. Está muy vinculado por amistad con Richard Mellon Scaife, quien le consiguió un puesto académico cuya aceptación aplazó para después de terminado el proceso contra Clinton.
David Sentelle
Activista conservador y protegido del senador Jesse Helms, Sentelle es el miembro principal del panel de jueces que designa a los fiscales especiales. Se dice que tras un almuerzo con aquél y con el senador Lauch Faircloth su comité despidió al anterior fiscal especial, Robert Fiske, y nombró en su reemplazo a Kenneth Starr sin tener en cuenta sus inhabilidades. Al poco tiempo la esposa de Sentelle se convirtió en secretaria personal de Faircloth.
Lucianne Goldberg
Promotora editorial, convenció a Tripp de escribir sus memorias en la Casa Blanca. Pero en 1972 fue espía pagada de Nixon contra la campaña de George McGovern, posando como periodista de la North American Newspaper Alliance, un organismo semifantasma "infestado de conexiones con la CIA". Su esposo, Irving, fue cercano amigo del fallecido columnista de extrema derecha Victor Lansky, vinculado directamente con operaciones de la CIA.
Linda Tripp
Proveniente de la presidencia de George Bush, Tripp nunca ocultó su desprecio por Clinton y su gobierno. Varios factores, como el interés en escribir un libro, podrían haberla motivado a grabar las conversaciones con la Lewinsky. Antes de la Casa Blanca trabajó en el Pentágono y sus funciones tuvieron que ver con operaciones secretas de inteligencia, inclusive con la Fuerza Delta. Para algunos, pudo haber sido 'plantada' allí por algún organismo. Es un misterio porqué siguió trabajando en el gobierno a pesar de que se conocían sus opiniones sobre Clinton y su entorno.
Alfred Regnery
Es el editor estrella de los libros contra Clinton. Uno de los muchos títulos publicados es La vida secreta de Bill Clinton, en el que el autor británico Ambrose Evans-Pritchard plantea una serie de muertes inexplicables relacionadas con la Casa Blanca. Otro libro lleno de acusaciones no probadas es Acceso ilimitado, del ex agente del FBI Gary Aldrich. Regnery es muy amigo de Kenneth Starr y hace poco le reconoció al diario The New York Times que "somos amigos desde 1981. Lo veo varias veces al año".
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