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| 12/26/1988 12:00:00 AM

EN LA OLLA

Nada parece suficiente para solucionar la crisis.


Dice una de las leyes fundamentales de Murphy que no hay situación mala que no sea susceptible de empeorar. Eso parece haberse demostrado en Perú, donde la situación económica y social ha llegado a extremos que se creían imposibles. El anuncio de un nuevo plan económico, diseñado a toda prisa para cubrir el fracaso del anterior, que debió ser reemplazado antes de terminar su vigencia, no hizo más que incrementar el descontento de una clase política que pide medidas de gran aliento y de la gente de la calle, que ya no tiene materialmente cómo subsistir.

La continuidad presidencial de Alan García sigue siendo cuestionada por los liberales y los centristas, junto con los radicales de izquierda. Igualmente se ha generalizado hablar abiertamente de la renuncia del jefe de Estado y, en sordina, del golpe de estado. La encrucijada política peruana se sostiene hoy en la urgencia de mantener el sistema democrático y el respeto a la Constitución, con las eventualidades y tropiezos de una aguda crisis económica como la actual.

Pero no sólo el plan antiinflacionario hizo agua, sino que la misma agua potable de la capital peruana está en entredicho desde el martes 22, conocido ahora aquí como "martes negro", cuando comenzó a fluir turbia y fétida. Después de cuatro días, las restricciones de agua y luz prosiguen en amplias zonas limeñas. La destrucción, en la misma madrugada del martes, de 10 torres de alta tensión por atentados dinamiteros, presuntamente producidos por miembros del proscrito grupo maoísta Sendero Luminoso, ha impedido el normal servicio eléctrico en Lima y la pestilencia del agua se debería al desgaste de los filtros o a la remoción de sedimentos por falta de electricidad o de caudal del río Rímac.

Las acciones violentas de los grupos rebeldes han aumentado con una ofensiva abierta, hace más de 10 días en provincias y en la propia capital peruana. Cálculos extraoficiales señalan que en las últimas cuatro semanas los muertos en acciones subversivas bien pueden superar los 200, y los daños materiales, por destrucción de las torres de alta tensión y de dos puentes ferroviarios, superarían los 50 millones de dólares.

Ahora el nuevo choque económico se suma al cuadro anterior, aumentando los servicios y precios en más de 100%, elevando los salarios en 40%, devaluando la moneda nacional peruana --el inti-- en algo más de 100% y remontando el costo de los combustibles por encima de los porcentajes anteriores.

Ya en septiembre, siempre buscando frenar una inflación desbocada y cerrar las brechas fiscal y cambiaria, los precios y servicios habían tenido aumentos entre el 100% y el 40%, los salarios subieron en un 60%, la moneda se devaluó en un poco más del 500% y los combustibles fueron más allá del 150%.

En estos dos meses y medio anteriores, la dureza del paquete económico desembocó en el récord histórico de este siglo, en cuanto a lo inflacionario, con un índice en octubre anterior de 114.1% y mostró el desgaste crítico de la economía peruana evidenciado por la falta de liquidez estatal y de divisas del Emisor, el retraso exportador, la acentuación de las brechas y dentro de la ciudadanía una sostenida escasez de alimentos de primera necesidad, carestía, especulación y acaparamiento generalizados.

Las colas hasta para adquirir pan y las amanecidas para abastecerse de productos se han hecho corrientes en estas dos semanas anteriores, en tanto que el movimiento laboral de protesta por mejoras salariales e indexación de ingresos continúa sobre todo en el sector minero, que lleva más de un mes de paro indefinido, así como el astillero naval Sima y los textileros. Otros sindicatos han entrado hace poco en la huelga indefinida--bancarios y empleados judiciales-- y las centrales gremiales realizan reuniones de coordinación para, en tal caso, realizar paros nacionales indefinidos previos a una mencionada huelga general. Aprovechando la ocasión, Sendero Luminoso ha declarado un "paro armado" indefinido que ya cumple cuatro días en Ayacucho.

Por el lado electoral, que prendió motores hace varias semanas con el lanzamiento tempranero de candidatos a las municipales de 1989, todo continúa en la antesala de próximos congresos partidistas y decisiones definitivas.

El famoso escritor Mario Vargas Llosa, quien fue el primero en comenzar una dinámica electoral dirigida a las presidenciales del 90, reparte su tiempo entre los mitines y las reuniones políticas en el Perú y las conferencias y encuentros en el extranjero. Sus posibilidades de candidatura están pendientes del consenso interno de los conservadores, de delimitar su perfil con la figura más relevante de esta tendencia, el dos veces presidente Fernando Belaúnde Terry, y para dirimir las justas presidenciales, alcanzar la popularidad y el sentido de voto del nombre más voceado como firme triunfador del 90, el líder socialista y ex alcalde de Lima, Alfonso Barrantes Lingán.

Por lo que parece, ni la presencia en el gobierno de un escritor de talla mundial como Vargas Llosa, cuya candidatura parece estar, por otro lado, bastante refundida, podría salvar al país. La gran pregunta que flota en el ambiente es si, finalmente, la continuidad institucional será posible en medio de una situación que se parece cada vez más al caos.
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