Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1996/11/25 00:00

EN LA RECTA FINAL

Los últimos episodios de la campaña electoral estadounidense parecen haber sellado la suerte del candidato Bob Dole.

EN LA RECTA FINAL

A medida que se acerca el 5 de noviembre los contendientes en la carrera por la presidencia de Estados Unidos comienzan a mostrar su ansiedad por llegar a la meta. El casi seguro ganador, el actual mandatario Bill Clinton, tiene en el exceso de confianza a su mayor enemigo y ya sus asesores tomaban medidas para evitar que esepeligroso síndrome afectara la asistencia a las urnas de los demócratas el día de las elecciones. En contraste, el campo republicano de Bob Dole entró desde la semana pasada en un estado cercano a la desesperación ante la evidencia de que será prácticamente imposible que el candidato logre superar la diferencia que le separa de las preferencias por el presidente, que está entre 9 y 16 puntos según la encuesta que se mire.Varios aspectos evidenciaron que la situación de Dole se hace más crítica con cada día que pasa. El primero fue la escasa reacción del público estadounidense ante su nueva estrategia de atacar la ética de su adversario, la cual se hizo evidente desde el segundo debate por televisión. En especial tuvieron poco eco las denuncias sobre la contribución hecha a Clinton por parte de una familia indonesia con negocios en Estados Unidos, en parte porque los norteamericanos saben que Dole es un político de la vieja guardia, muy acostumbrado a recibir donaciones vinieran de donde vinieren. Pero eso no habría sido tan grave si no fuera porque sucedió lo que los estrategas republicanos más temían: que se acrecentara la reputación de Dole de ser un individuo pugnaz, más interesado en las acusaciones personales que en plantear temas consistentes de campaña. Como resultado, Dole perdió lo que era su ventaja más importante, su mayor confiabilidad ante el electorado. Una encuesta de CNNThe New York Times mostró una baja de 56 a 49 en los votantes que consideraban que Dole era una persona en quien se podía creer.El segundo aspecto que pareció demostrar que las elecciones ya están definidas corrió por cuenta del propio presidente Clinton, quien es ya consciente de que la mayoría de los gobiernos del mundo lo consideran un seguro ganador. Apoyado en esa certeza, Clinton hizo un pronunciamiento de la mayor importancia en el campo internacional cuando planteó la posibilidad de ampliar el número de países miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte _OTAN_ mediante la aceptación de un primer grupo de antiguos miembros del bloque soviético. Clinton tocó así un punto de enorme sensibilidad en las relaciones con la Federación Rusa y a tiempo que asumió de nuevo la posición de un estadista mundial demostró al mundo que tiene la casa completamente en orden.Pero las peores señas de derrota corrieron por parte del propio campamento republicano. El miércoles 23 se supo que el comité parlamentario nacional republicano está aconsejando a los candidatos de ese partido al Congreso separar en la medida de lo posible sus campañas del candidato. Se trata de una medida destinada a evitar que a la derrota en las elecciones presidenciales se sume un desastre parlamentario que significaría un 'cheque en blanco' para el segundo período de Clinton. Esa medida tiene que ver con encuestas que señalan una preferencia partidista que favorece a los demócratas por 47 a 39 por ciento, según las cuales estarían en condiciones de recuperar los 18 escaños necesarios para controlar la Cámara.Y la peor señal fue dada por Dole cuando envió a su director de campaña a pedirle al candidato independiente Ross Perot que se retirara de la contienda y le endosara sus votos. Perot no perdió la oportunidad de cobrarle a Dole el haberle negado su participación en los debates por televisión y respondió que "de ninguna manera quiero hacer algo que dañe la campaña constructiva de otro candidato. Estoy aquí para quedarme". La desesperación de Dole quedó evidenciada en el hecho de que aun si Perot hubiera decidido aceptar su petición, y en el caso improbable de que todos sus votos fueran para el republicano, eso cerraría la brecha a lo sumo en tres puntos, lo que sería insuficiente a todas luces para alcanzar a Clinton.Por eso la última campaña electoral estadounidense del siglo, caracterizada por la debilidad del candidato republicano, a la que se responsabiliza por la falta de temas de fondo, se acerca a lo que parece ser un final anunciado. Si por algo pasará a la historia será por haber sido una de las más aburridas, al extremo que es la que menos interés ha suscitado no sólo entre los electores sino entre los analistas del mundo entero. Como van las cosas, las únicas emociones correrán por cuenta de las elecciones parlamentarias. Y estas son, por definición, aburridas.

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