Miércoles, 18 de enero de 2017

| 1994/10/31 00:00

EN LOS RINES

La situación toca fondo en Cuba, y los opositores aspiran a que el gobierno los escuche. Mauricio Sáenz, de SEMANA, visitó la isla y habló con ellos.

EN LOS RINES

CUANDO CAYO EL BLOQUE SOCIALISTA DE Europa del Este, y cuando la Unión Soviética dejó de existir, la reacción de los periodistas del mundo capitalista fue la de correr a reseñar los estertores del gobierno comunista de Cuba. Uno tras otro han visto la luz libros más o menos elaborados, que anuncian para cualquier momento el derrumbe apocalíptico del único experimento socialista que sobrevive fuera de Asia. Pero lo cierto es que ese momento, tan esperado por los sectores de ultraderecha del mundo entero, no se decide a llegar.

Comparada con la última visita de SEMANA a Cuba, es evidente que la situación sigue en proceso de deterioro, y la reciente crisis de los balseros no es sino un síntoma más de ello, Fidel Castro, con su acostumbrada habilidad para superar a sus contrapartes estadounidenses, logró capitalizar el hecho, al punto de que consiguió sentar una delegación suya con los gringos, para dialogar sobre temas de emigración y aledaños, lo que quiere decir, palabras más, palabras menos, que dio un paso gigante hacia el levantamiento de lo que en Cuba se considera oficialmente como la causa principal de todos los males: el "embargo" comercial establecido de modo unilateral por Estados Unidos en 1961, en venganza por la nacionalización de las empresas norteamericanas en Cuba. Ese embargo impide que los cubanos puedan vender sus productos o comprar lo que necesitan en Estados Unidos, y mediante una adición reciente llamada Ley Torricelli, prohibe que las subsidiarias extranjeras de empresas estadounidenses comercien también con Cuba.

Para la mayoría de los observadores, no obstante, es claro que el embargo puede ser una de las causas de la situación cubana, pero no es la única. Otra es la falta que le hace a la economía de la isla la desaparecida ayuda de sus aliados comunistas, en particular la Unión Soviética, que hasta 1989 compró más del 70 por ciento de los productos cubanos y proveyó el mismo porcentaje de sus compras, con un resultado de más de 5.000 millones de dólares anuales en subsidios. Esa ayuda contribuyó indirectamente a la situación actual, porque el gobierno cubano, tal vez convencido en el fondo de que el apoyo comunista nunca faltaría, dejó el desarrollo de los medios de producción para un después que, por lo visto, nunca llegó.

CADA DIA MENOS
Por eso, con cada día que pasa hay menos petróleo, menos transporte público, menos alimentos, menos de todo, mientras el turismo, encargado de salvar parte de la economía, tiende a producir nuevas tensiones. Ese panorama económico conduciría en cualquier parte a un estallido social, pero en Cuba existe aún una gran mayoría que apoya al gobierno de Fidel Castro. La gente sigue viéndolo como a un padre severo de quien uno puede quejarse, pero a quien en el fondo se adora. Pero ese barril del apoyo popular sí tiene fondo. Porque también es fácil detectar en las conversaciones con la gente en La Habana, que las cosas tienen que comenzar a cambiar.

No puede ser de otra forma, porque la gente está sometida a demasiados sacrificios a cambio de retribuciones cada vez más escasas. Un profesional de La Habana, persona de alto nivel intelectual, le contó a SEMANA que su sueldo, decoroso en términos cubanos, era equivalente, al cambio de la calle, a tres dólares. Ese no sería problema si la libreta de racionamiento incluyera suficientes alimentos, o si estos estuvieran siempre en las bodegas. Lo malo es que para completar la compra en el mercado negro, muchas veces hay que tener dólares.

El gobierno parece haber adquirido conciencia de que si no hay alguna apertura hacia la economía de libre mercado, la desesperanza se apoderará de los cubanos. En ese sentido, permitió desde el año pasado la venta de algunos servicios personales (siempre que no haya empleados privados, porque eso es la explotación del hombre por el hombre) y el mes pasado revivió un viejo programa de 1986, por el cual los agricultores podrán vender libremente los excedentes que les queden después de vender su cuota al Estado.

Esas señales de flexibilidad, si bien resultan escasas para la magnitud de las expectativas, resultan muy dicientes en un régimen de gran ortodoxia marxista como el cubano. Y junto a ellas, el gobierno de La Habana parece comenzar a mostrar alguna tolerancia para los grupos opositores internos. En ese sentido, hace dos semanas se reunió el canciller Roberto Robaina en Madrid (España) con algunos representantes de esos grupos, en lo que fue considerado como un reconocimiento tácito de su existencia.

SEMANA entró en contacto en La Habana con varios representantes de esos grupos, que podrían dividirse en dos grandes categorías: los que promueven el diálogo y tienen su apoyo en Europa Occidental, y los que sólo se transan por el derrumbe inmediato del gobierno, cuyo soporte proviene de la Fundación Nacional Cubano-Americana, que funciona desde Miami bajo la dirección de un rico hombre de negocios llamado Jorge Mas Canosa.

POR LA PAZ
A la primera de esas categorías pertenece Vladimiro Roca, un economista y antiguo piloto de MIG que se crió en medio del poder, porque su padre, Blas Roca, fue presidente del Partido Comunista antes de la revolución y, luego de ésta, miembro por muchos años del Buró Político.

Roca es el presidente de la Corriente Socialista Democrática Cubana, ha sufrido los "actos de repudio" del régimen en su casa de Altos del Vedado, en La Habana, y afirma ser un socialista convencido. Pero en cuanto a las materias económicas, tiene sus propias ideas. Sostiene que el embargo comercial norteamericano no es el problema, sino la ineficiencia del modelo marxista, que según él "no ha sido capaz de superar los indicadores de producción agrícola azucarera que existían en 1958". Para Roca, "si el gobierno hubiera aprovechado bien los subsidios soviéticos, los 50.000 tractores anuales, o el petróleo a descuento que reexportábamos, estaríamos como uno de los países más ricos de América Latina".
Roca resulta radical cuando se trata de las conquistas de la revolución, las que defiende pero considera manipuladas y sobredimensionadas: "es realmente falso eso de la educación y la salud gratuitas, porque se usaron recursos como del Primer Mundo para la construcción de hospitales, pero con una base productiva del Tercer Mundo. Se partió de premisas falsas, porque si hay salubridad, buena alimentación y vivienda, los enfermos son un porcentaje muy pequeño de la población. En educación es lo mismo, porque aunque es mucho mejor que la del Tercer Mundo, no hay suficiente oferta de puestos de trabajo. Y los sacrificios hechos por cuenta de eso, nos indican que nada es gratis".

A pesar de la crudeza de sus argumentos, Roca cree en el diálogo. "Nuestro planteamiento no ha sido nunca pedir la exclusión de Castro del gobierno, ni del Partido Comunista, porque sería poco constructivo y nadie se sienta a conversar con quien está pidiendo su cabeza ".

Roca va mucho más allá, "nosotros lo que planteamos es que la mejor forma de garantizar que el tránsito sea pacífico y ordenado sería que el propio Castro promueva y maneje esos cambios".

Elizardo Sánchez Santacruz probablemente es el disidente interno más conocido en el exterior. Antiguo profesor de filosofía y disidente desde 1972, comenzó a adquirir notoriedad por unas declaraciones dadas a la cadena norteamericana CNN, que le valieron su primer carcelazo, porque ha estado preso en cuatro ocasiones, por un total de seis años. Los investigadores de American Watch le consideran una fuente confiable, y tiene el aval de Amnistía Internacional. Sánchez, presidente del Comité Cubano de derechos humanos y reconciliación, dijo a SEMANA que la situación de derechos humanos empeora en cuanto a los derechos sociales y políticos, porque "hay que aclarar que no es posible una comparación con América Latina, en la medida en que aquí en Cuba no hay desapariciones ni ejecuciones extrajudiciales". Lo que sí hay es violencia sicológica, como el confinamiento solitario, en celdas oscuras sin agua y en medio de una suciedad insoportable. Por otra parte, dice Sánchez con modales de político a la occidental, "en Cuba la defensa del acusado es difícil, sobre todo si se trata de asuntos políticos, porque todos los abogados son empleados del Estado ".

Sánchez sostiene que su oposición es de izquierda, y que su actitud conciliadora se estrella "contra la intransigencia de la extrema derecha de los poderosos de Miami, cuyo poder es el dinero, y la del fundamentalismo comunista de La Habana, cuyo poder es la represión". Pero se reafirma en su actitud hacia la reconciliación. Diferente es la historia de otros grupos, con los cuales también dialogó SEMANA. Sectores como el "Movimiento Pacifista Cubano Solidaridad y Paz", guerreristas a despecho del nombre y patrocinados por Mas Canosa. Su presidente, Ernesto Elías González Londres no niega su vinculación con los grandes capitales de Miami. Como tampoco lo hace Juan Fajardo González, quien estaba más interesado en que su jefe de Miami tuviera una copia del trabajo, que en el contenido del mensaje. Lo cierto es que los opositores internos se encuentran tan divididos como sus colegas del exilio en Miami (ver recuadro), lo cual significa nuevos problemas para el futuro de la isla.

Para describir lo que sucede en Cuba se pueden usar muchos calificativos y todos pueden ser, en un momento dado, válidos. Visión histórica o terquedad, heroísmo o pasividad, fuerza o debilidad, idealismo o quimera, todos contribuyen, con su extraña aplicabilidad, a confundir aun más a quien llega a esa isla donde, más que en ningún otro lugar, los actos de la vida diaria son una declaración política, y la dignidad asume un papel vital.-

HUBER MATOS: "A CASTRO HAY QUE SACARLO A LA FUERZA"
Huber Matos fue compañero de Fidel Castro en la sierra Maestra. Era profesor de bachillerato cuando se inició en la revolución en contra de Fulgencio Batista. Convertido, según él para su sorpresa, en comandante Matos, estuvo en la victoria, pero pronto cayó en desgracia. Tras más de 20 años en las prisiones de Cuba, salió del país con un mensaje radical de venganza y muerte.
SEMANA: ¿Qué opina del bloqueo económico que recae sobre la isla?
HUBER MATOS: Nosotros, Cuba Independiente y Democrática, apoyamos el embargo. Creemos que la comunidad internacional debiera aplicar algún tipo de sanción económica y política al régimen castrista, y lo lamentable es que sea solamente Estados Unidos quien mantenga la política de presión sobre el régimen para inducirlo a que democratice la isla. No vemos diferencia entre las presiones de la comunidad internacional aplicadas a Haití, de las que debieran aplicarse a Cuba.
SEMANA: ¿Usted cree que ese tipo de sanciones tienen efecto?
H.M.: Imagínese usted qué valor puede tener la presión de un gobernante latinoamericano en lo que diga, si despúes se abraza con Fidel Castro y se reúne de igual a igual con él. En las cumbres iberoamericanas de presidentes, no hay moral para hablar de democratización en Cuba, si cuando se encuentran con Fidel Castro, se vuelven hasta gente zalamera, como si algunos estuvieran enamorados de sus barbas, como si asumieran el problema de Cuba con una actitud femenina. Hay algunos que el pueblo cubano conservará bien en la memoria para en su día, decirle a cada uno en su cara lo que les corresponde.
SEMANA: ¿Cuál es su estrategia para la transición de Cuba?
H.M.: Desde cuando salí de mi país, vivo dedicado a esto de ayudar a mi pueblo a reconquistar sus derechos, a ayudar a mi pueblo a zafarse del régimen castrista. Estoy convencido de que nos aproximamos a la meta, pero la última etapa hay que realizarla en suelo cubano, es decir, nosotros no nos vamos a quedar esperando que Castro caiga, a Castro hay que echarlo del poder a sangre y fuego. Y es parte del esquema nuestro de lucha regresar a Cuba, sin permiso de Fidel Castro, para ayudar a nuestro pueblo a romper todo este terrible monopolio represivo y ultrajante que vivimos, en nuestro momento más difícil de nuestra historia.
SEMANA: Eso significaría la explosión de la violencia....
H.M.: Estamos en un punto de caída, en el punto más bajo de nuestra historia. Siempre fuimos una gente decidida, valiente, y hoy somos un pueblo aturdido, que se tira al mar sin darse cuenta de que deberían haberse tomado las calles al grito de libertad. Pero eso debemos entenderlo con base en que 35 años de inoculación del miedo, de manipulación sicológica, crean en la mente una grave confusión, tanto que las pobres juventudes cubanas prefieren lanzarse al mar, al menos por ahora. Porque estamos convencidos de que la lucha termina en las calles y en los cuarteles, porque los militares tendrán que sumarse a la rebelión del pueblo.
SEMANA: Esa posición suya no es compartida por todos los exiliados, pues muchos prefieren el diálogo y la aproximación pacífica. Específicamente alguien que ha pasado pruebas tan duras como la suya, el señor Gutiérrez Menoyo...
H.M.: Yo no quisiera hablar mal de quien ha sido un compañero de las prisiones, pero él nunca tuvo una posición tajantemente vertical y creo que ahora está en un juego que yo no entiendo. Aquí habrá que ver el final, con la desaparación del régimen, para que el pueblo le dé su regreso a unos y a otros. Porque uno puede hablar con cierto oportunismo.
SEMANA: ¿Pero no le preocupa que pueda haber un derramamiento de sangre? Porque es evidente que Castro tiene un gran ascendiente entre la población.
H.M.: Yo no conozco a nadie que haya hundido a su pueblo en el totalitarismo y después haya regresado a la democracia. Porque en el caso de Chile, no había totalitarismo sino dictadura militar. Nosotros no usamos para el caso de Cuba la palabra guerra, sino rebeldía popular, que es lo que viene. Y si ese es el recurso que le queda al pueblo, lo consideramos completamente justificable. Así muchas personas inocentes pierdan la vida.


ELOY GUTIERREZ MENOYO: "SOLO EL DIALOGO PODRA SALVAR A CUBA"
Eloy Gutiérrez Menoyo, "Menoyo" para sus amigos y adversarios, participó en la toma del palacio del dictador Fulgencio Batista. Pero cuando Fidel Castro evidenció sus intenciones de establecer una dictadura del proletariado, "Menoyo" emigró a Miami, donde participó en la fundación del grupo extremista "Alfa 66". Regresó como contrarrevolucionario, fue capturado y pasó 22 años de su vida como prisionero político. Al cumplir su condena salió de nuevo del país, y fundó "Cambio Cubano", organización dedicada a promover el diálogo entre los cubanos, como medio para superar la crisis en que vive el país.
SEMANA: ¿Qué puede contar sobre sus contactos con el gobierno cubano?
ELOY GUTIERREZ MENOYO: Bueno, la aproximación comenzó en la reunión de abril de este año, en que se congregaron miembros del exilio y el gobierno en La Habana. "Cambio Cubano" participó con una delegación que incluyó a mi hija, quien llevaba un carta para Fidel. Ella se la entregó en una reunión de más de dos horas, que se convirtió en la primera vez que Castro recibe a una delegación opositora.
Sobre esta reunión más reciente que se ha celebrado en Madrid, en la cual yo he participado, a puerta cerrada con el canciller de Cuba, Roberto Robaina, te puedo decir que ha sido como una continuación del encuentro de abril; se celebró en forma muy cordial, no se profundizó en ningún tema, pero lo más importante ha sido el establecer canales de comunicación, y demostrarle a mucha gente que piensa lo contrario, que el gobierno de Cuba sí tiene voluntad de hacer cambios.
SEMANA: ¿Cuál podría ser el proyecto para la Cuba que ustedes sueñan en el futuro?
E.G.M.: El camino es muy espinoso, pero a medida que se recorre, se va entendiendo la necesidad de entrar en una economía de mercado, y se va tomando conciencia de que no puede haber paz sólida si el camino no lleva a un estado de derecho. Creemos que cuando se habla por ejemplo del embargo norteamericano, que evidentemente existe, hay que hablar de otro embargo, el aplicado a la libertad y a los derechos del pueblo de Cuba. Es éste quien tiene que tomar las riendas de su destino y elegir su camino.
SEMANA; ¿Qué plantean ustedes en cuanto a la propiedad de los bienes en una Cuba posrevolucionaria?
E.G.M.: En el presidio yo perdí la visión por un ojo y la audición por un oído. Esa era una propiedad que yo tenía y me la quitaron. Sin embargo, ese es mi problema personal y sobre ello yo no estoy reclamando nada. Yo también tenía mi casa en Cuba, y la que allá vive actualmente estuvo hace poco aquí en Miami, y yo me dediqué a que su estancia fuera lo más agradable posible. Y realmente es su casa, la ha vivido durante 30 años, la ha pagado, el gobierno le ha dicho que es suya, entonces no tiene sentido que el día de mañana yo vaya a reclamarla. En un punto de partida donde la Nación está por encima de todo, a mí me luce que la mejor actitud no sería exigir la devolución de los bienes prerrevolucionarios, sino más bien obtener el derecho a tener una nueva casa en Cuba.
SEMANA: ¿Qué pasó con "Alfa 66", la organización más radical y, según dicen, más peligrosa de combatientes anticastristas?
E.G.M.: Bueno, no es que sea la más peligrosa, sino la que más habla. Aparte de que yo tengo muchos amigos allá, ya no tengo nada que ver con "Alfa 66", porque cuando salí de prisión y vine a Miami, me encontré con que seguían como si no hubiera pasado un minuto. Siguen como si la Guerra Fría estuviera vigente y la amenaza soviética pendiera desde Cuba.
SEMANA: ¿Cómo logró la reconciliación en su interior?
E.G.M:: En el cautiverio entendí que uno no puede guardar dentro de sí el rencor y el odio, porque eso contribuye a destruirte a ti mismo. Entonces tienes que ponerte por arriba de todas esas etapas que estás viviendo tan crudamente. Porque si bien es cierto que eso que viví no era justo, no sería humano ni correcto que aspiráramos a sustituir ese sistema por otro que usara los mismos procedimientos. Eso no llevaría a la paz, y lo que nosotros queremos es sembrar rosas blancas de un extremo a otro de la isla.-

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