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| 7/5/2011 12:00:00 AM

"En México, el problema de la violencia no se limita al narcotráfico"

De acuerdo con el diario Reforma, la violencia ligada al crimen organizado dejó en México 6.645 muertos en el primer semestre de 2011. Semana.com habló con Eduardo Guerrero, analista político y experto en seguridad, sobre las salidas a esa cruda situación.

México cumple cuatro años y medio de guerra contra el crimen organizado y se registran más de 40.000 muertos. Sólo hace unos días, el diario Reforma aseguró que la violencia ligada al crimen organizado dejó en México 6.645 muertos entre enero y junio de 2011.

¿En qué está fallando el gobierno de Felipe Calderón? ¿Es la estrategia antidrogas? ¿Es la dependencia de Estados Unidos?
 
Semana.com habló con el analista político y experto en seguridad, Eduardo Guerrero, de nacionalidad mexicana, sobre la fragmentación del crimen organizado y las tendencias de la violencia. Guerrero explicó además cuáles estrategias servirían de salida a la situación.
 
Semana.com: ¿Por qué se opone a la estrategia antidrogas?
 
Eduardo Guerrero: En México hay coincidencia en que el problema de la violencia y la inseguridad no se limita al narcotráfico. Yo no me opongo al objetivo de limitar la capacidad de operación de los carteles dedicados al narcotráfico, ni descalifico todos los aspectos de la política de seguridad del gobierno federal. En lo que he sido crítico es en que en un periodo muy breve se han realizado de modo indiscriminado demasiadas operaciones, sin que las precedan los preparativos y las labores de inteligencia necesarias. Lo anterior ha generado costos humanos que, en mi opinión, pudieron evitarse.
 
Semana.com: ¿Cree que será fácil que el gobierno federal asuma la responsabilidad política sobre los efectos de la estrategia antidrogas actual?
 
E.G.: Difícilmente el gobierno asumirá públicamente su responsabilidad política por los costos que han tenido algunos aspectos de la estrategia de combate al crimen organizado. Por otra parte, sería deseable que al menos se reconociera la necesidad de realizar algunos cambios de fondo, y que se trabajara en ese sentido.
 
Semana.com: ¿Por qué es distinto desmantelar los carteles de Sinaloa y del Golfo y Los Zetas, y reducir la violencia?
 
E.G: Si desmantelar a los carteles implicara arrestar de forma simultánea a todos sus líderes, operadores y sicarios, y decomisar todo su armamento, no habría diferencia. Sin embargo, tanto por los límites reales que tienen las capacidades de nuestras instituciones de seguridad, como por una decisión del gobierno federal, en México nos hemos enfocado en capturar capos. El resultado es que las estructuras de los carteles conservan una enorme capacidad para la violencia; con el agravante de que, en ausencia de sus líderes principales, tienden a fragmentarse. En este escenario, las facciones de la organización entran en conflicto entre sí y las organizaciones adversarias aprovechan la coyuntura para agredirla, lo que genera una enorme ola de violencia.
 
Semana.com: ¿A qué se refiere cuando dice que el Gobierno ha desatendido el rescate de los espacios públicos del control criminal?
 
E.G.: La “recuperación de espacios públicos” es una frase que el propio gobierno mexicano acuñó para hacer referencia a la seguridad en los espacios en los que la población desarrolla sus actividades cotidianas -las calles, las carreteras, los parques, los restaurantes, etc-. Sin embargo, en este componente de la estrategia, que muchos en México consideramos debería ser el prioritario, es en el que observamos los peores resultados. De hecho, durante los últimos años lo que ha ocurrido es una pérdida de espacios públicos a un ritmo alarmante.
 
Semana.com: Para usted, el camino correcto es modificar el comportamiento criminal a través de una estrategia con carácter disuasivo, ¿en qué consiste?
 
E.G.: Las estrategias disuasivas son muy variadas. La idea central de la disuasión es reconocer que castigar a los criminales es muy costoso y que generalmente no es posible hacerlo de forma sistemática. Por lo tanto, hay que identificar prioridades, actuar de forma selectiva y utilizar el castigo de tal modo que cambie el comportamiento de los otros criminales para volverlo menos dañino.
 
Para que esto suceda es fundamental que la autoridad comunique a los criminales que el castigo que reciben o recibirán está asociado directamente con su conducta delictiva. Otra idea central es que el crimen y la violencia tienen un carácter epidémico. Por lo tanto, una acción en el momento indicado y en contra de los individuos indicados pueden tener un efecto mucho mayor que decenas de acciones indiscriminadas. Actualmente estoy trabajando en una serie de propuestas para poner en práctica acciones disuasivas concretas en ciudades mexicanas.
 
Semana.com: ¿Qué salida existe ante la expansión geográfica de la violencia?
 
E.G.: Un primer paso es contener esta expansión. La violencia vinculada con el crimen organizado tiene un carácter marcadamente epidémico. Tenemos que aprender a identificar en dónde se está detonando una epidemia de violencia y a actuar de forma preventiva. Es mucho más eficaz concentrar recursos en ciudades que muestran una tendencia preocupante que esperar a que las epidemias se detonen para posteriormente atenderlas, a un costo altísimo, como actualmente ocurre en Ciudad Juárez.
 
Otra solución, que ya es un lugar común en México pero que no deja de ser necesaria, es insistir en el fortalecimiento y profesionalización de nuestras policías estatales y municipales. La fragmentación de las organizaciones criminales y la dispersión geográfica de la violencia indican que en el futuro el gobierno federal ya no podrá actuar simultáneamente en todos los frentes y que las fuerzas locales serán las que desarrollen la mayor parte de las acciones en contra del crimen organizado.
 
Semana.com: ¿Cree que el gobierno federal logrará desmantelar a las tres grandes organizaciones delictivas del país: Cartel de Sinaloa, Cartel del Golfo y Los Zetas?
 
E.G.: Estas organizaciones siguen siendo muy sólidas. Sin embargo, hay capacidad para golpearlas. Lo importante es qué entendemos por “desmantelarlas”. Si sólo se fragmenta a las organizaciones sin reducir su capacidad para la violencia y se modifican los incentivos para ejercer tal violencia, el efecto puede ser similar al que se observó en el caso del Cartel de los Beltrán Leyva.
 
En el mediano plazo, lo ideal sería desarrollar una estrategia que permitiera disminuir la capacidad de violencia, de reclutamiento y de soborno a las autoridades por parte de los miembros de estas organizaciones, independientemente de que estas organizaciones sigan cohesionadas bajo el mismo nombre.
 
Semana.com: ¿A qué se refiere cuando dice que el gobierno debe actuar con base en prioridades?
 
E.G.: Este punto se relaciona con el carácter limitado de los recursos en materia de seguridad pública. Podemos avanzar más con los recursos que tenemos si nos enfocamos en disminuir aquellas actividades que más dañan a la sociedad -la violencia y la extorsión- que son también aquellas que generan un clima de miedo e impunidad, que facilita la operación de todas las actividades en las que participa la delincuencia organizada, e incluso varias de la delincuencia común. Por el contrario, si diluimos los recursos entre un gran número de objetivos, es posible que no avancemos en ninguno.
 
Semana.com: ¿Qué obstáculos tienen las autoridades federales para fortalecer su capacidad de inteligencia?
 
E.G.: En términos generales, los recursos en materia de inteligencia siguen siendo limitados, y no es fácil desarrollarlos de forma rápida, incluso si hay una inversión importante en este rubro (por ejemplo, el personal altamente capacitado es crítico en materia de inteligencia).
 
Semana.com: ¿Cómo se pueden integrar los equipos policiales y militares para reducir la violencia?
 
E.G.: Más que una integración de equipos policiales y militares, en México hay un consenso de que es importante avanzar en el fortalecimiento de las policiales (sobre todo las de estados y municipios). En cuanto se tengan los avances suficientes, la reducción de la violencia, y las actividades de seguridad pública deben ser una responsabilidad fundamentalmente de las policías, con intervenciones del ejército sólo en operaciones de alto perfil.
 
Semana.com: ¿A qué se refiere cuando habla de las “palancas e intervenciones disuasivas”?
 
E.G.: Son acciones de autoridad, que pueden tomar formas muy distintas. Pueden ser arrestos, pero también la incautación de bienes, la clausura de negocios, y en general todas las medidas que contempla el marco jurídico mexicano. Si se utilizan como una respuesta rápida a las actividades de los criminales que más daño infligen a una comunidad (que también pueden variar según el contexto, desde un enfrentamiento armado hasta la colocación de una “narcomanta”), estas acciones señalan a los criminales qué conductas no van a ser toleradas y sirven para establecer límites y reducir progresivamente sus márgenes de maniobra. Es importante destacar que en una estrategia disuasiva el gobierno nunca “negocia” ni se compromete a dejar impune ningún delito. Simplemente hace saber cuáles son sus prioridades y concentra sus recursos para hacerlas respetar.

Semana.com. ¿Cuál es el papel de la sociedad civil ante las salidas a la violencia?

E.G.: Conforme la violencia ha aumentado y se ha dispersado geográficamente, las voces críticas, principalmente de víctimas de la violencia, han llamado la atención sobre los costos de la estrategia. Creo que una contribución de la exigencia social es llevar el tema a la agenda pública y propiciar un necesario ejercicio de rendición de cuentas, manifestar que el gobierno no tiene un “cheque en blanco” en materia de seguridad, y que se deben valorar cambios para minimizar los costos que se desprenden del combate a las organizaciones criminales, así como alinear mejor los objetivos de la estrategia con las prioridades de los ciudadanos.

Semana.com: ¿Depender de Estados Unidos en la capacidad de inteligencia es más un contra que un pro de México?

E.G.:
El apoyo que Estados Unidos brinda es positivo. Sin embargo, las prioridades de los dos países no son idénticas. Aunque las autoridades mexicanas tienen la facultad para actuar o no con base en la información que Estados Unidos les proporciona, es muy importante que México destine más recursos a aumentar la capacidad de las fuentes domésticas de inteligencia, con el propósito de generar información para atender las prioridades domésticas de forma más eficaz.

Semana.com: ¿Cómo el Gobierno podría identificar las acciones de autoridad más eficaces para disuadir la violencia criminal?

E.G.:
Es necesario intensificar las labores de inteligencia, sobre todo en el ámbito local. Tenemos que desarrollar la capacidad para monitorear de cerca a las organizaciones, conocer su estructura, saber de dónde provienen sus ganancias y también observar cómo reaccionan ante distintos castigos.

Semana.com: ¿México necesita un programa antiviolencia como los implementados en EE.UU.?

E.G.: Sí, si no queremos que el costo de combatir al crimen organizado siga creciendo indefinidamente y que tardemos varios lustros en ver resultados. Por supuesto, será necesario hacer muchas adecuaciones e, incluso, innovar. En términos generales las organizaciones criminales son un enemigo mucho más sofisticado que las pandillas de Boston o Chicago, y nuestras policías tienen mucho menos recursos así como una mayor penetración del crimen.
 
Sin embargo, también tenemos algunas ventajas. Por ejemplo, al hacer frente a las organizaciones criminales, que tienen activos y una estructura jerárquica, es posible recurrir a muchas otras herramientas disuasivas (incautación de bienes, extradiciones, clausura de los negocios en los que invierten sus ganancias, etc.)
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