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| 6/21/2009 12:00:00 AM

En pie de lucha

Desde Teherán, Catalina Gómez, corresponsal de SEMANA, cuenta cómo vivió las mayores protestas que han sacudido el país de los ayatolas desde el ascenso de la Revolución Islámica.

Hace dos semanas Teherán vivía una fiesta callejera sin precedentes en los 30 años de Revolución Islámica. Decenas de miles de personas se tiraban a la calle hasta la madrugada para apoyar a uno de los cuatro candidatos que participaban en las elecciones presidenciales del pasado 12 de junio. Para una ciudad donde la diversión está prohibida, lo que estábamos viviendo era casi un milagro y había que aprovecharlo. Cada día a partir de las 8 de la noche la gente empezaba a bailar en las esquinas y a gritar consignas a favor de su favorito. Corrían por la calle, se hacían bromas de un carro a otro. Era maravilloso.

Este furor callejero tenía como principal responsable al candidato moderado Mir Husein Musavi, que creó furor en el país con su ola verde y sus propuestas de cambio. Poco a poco, sus simpatizantes empezaron a exhibir objetos de ese color. Pero el sábado pasado, el día siguiente de las elecciones, Teherán y las demás ciudades iraníes dejaron la fiesta y pasaron a convertirse en un campo de batalla.

El aire de frescura que invadió el país dio paso a la rabia y la indignación de muchos iraníes que salieron desde entonces a protestar por el resultado que dio como ganador al presidente, Mahmud Ahmadineyad, con 24 millones de votos, el 63 por ciento de la votación. "¿Dónde esta mi voto?", decía la pancarta más frecuente en las calles de Teherán. La mayoría de estos iraníes indignados es seguidora de Musavi, que oficialmente sacó 13 millones de votos, o del otro candidato reformista, Mehdí Karrubi, que sacó apenas 290.000 votos. Un gran diferencia si se tiene en cuenta que hace cuatro años obtuvo cinco millones. El mismo Karrubi denunció que eran menos votos que la suma de los miembros de su equipo y de su partido.

Desde entonces, las noches se convirtieron en caos donde se dan enfrentamientos entre los diferentes cuerpos de seguridad del Estado, que apoyan en su gran mayoría a Ahmadineyad, y millones de personas que se manifiestan. Las consecuencias han sido calles bloqueadas por inmensas hogueras, ataques indiscriminados en residencias particulares, redadas en las residencias universitarias, controles policiales con graves consecuencias en diferentes barrios de la ciudad y multitudinarias marchas pacíficas de protesta donde han llegado a salir más de tres millones a la calle en total silencio, como sucedió el lunes pasado en la avenida Enquelab de Teherán, donde se llevaron a cabo las manifestaciones en la época de la Revolución.

Ese día, cada opositor llegó hasta el lugar sin tener la certeza de si iba a haber marcha. Al fin y al cabo, el Ministerio del Interior la había declarado "ilegal", y Musavi había dicho que era peligroso asistir. Pero pudieron más las ganas de protestar y cada persona terminó asistiendo bajo su propio riesgo a uno de los actos más bonitos de los que muchos tenemos memoria. Tres millones de personas en silencio y con los brazos alzados en señal de victoria. Desde entonces, casi todos los días se repite una marcha igual en un lugar diferente de la ciudad.

Una semana que no tuvo fin

Cuando Teherán se levantó el sábado 13 con la noticia de que Ahmadineyad había ganado, el ambiente se empezó a enrarecer. Los perdedores alegaban fraude, y los ganadores se felicitaban en las esquinas con cara de orgullo. Recuerdo un joven que se encontró con una amiga en la calle y lo primero que hizo fue decirle: "Gané yo", mientras le mostraba el periódico del día. La otra, que se cubría la cabeza con un pañuelo verde, no tuvo otra opción que decirle "mubarak" ("felicitaciones") y seguir su camino. Y es que hasta los seguidores más acérrimos de Ahmadineyad habían dudado de la victoria ante el aumento de popularidad de Musavi, de quien creían que pasaría a segunda vuelta. Esta puede ser una de las razones por las cuales los ánimos se caldearon tan rápidamente.

Y es que esa mañana, al salir del Ministerio del Interior, donde esperé por largo rato el resultado de las elecciones sin éxito -los dieron en horas de la tarde a pesar del anuncio de que se darían temprano-, me encontré con cientos de agentes de seguridad alrededor de la glorieta de Fatemí, una de las más importantes de la ciudad. Más de 200 hombres estaban ubicados al frente del edificio y unas 50 motos estaban estacionadas al empezar la calle. De repente, una mujer vestida de estricto chador empezó a gritar muy duro.Un grupo de policías le pegaban frente a todo el mundo. "Les dijo que no estaba de acuerdo con el resultado de las elecciones y le pegaron", contó luego una señora que corría para huir del lugar. "Esta gente está loca. Váyase de este lugar, que se va poner feo".

Tuvo razón, de inmediato los guardias revolucionarios se montaron en las motos y empezaron a perseguir a la gente que caminaba por el lugar y que corría para meterse en los almacenes que abrían las puertas para que se escondieran. Había una rabia infinita en sus actuaciones. Estas imágenes fueron la introducción perfecta a la semana de angustia y presión que ha vivido Teherán desde entonces.

Hasta ahora se conoce que unas 15 personas han muerto y cientos han quedado heridas. También cientos de políticos, periodistas, activistas femeninas han sido detenidos en los últimos días. La situación es tan particular, que los periodistas ya casi no tenemos fuentes; todas están presas o tienen miedo de hablar y no contestan al teléfono. Cada día me entero de que una persona con la que había hablado días antes acaba de ser detenida. Un amigo periodista reformista, por ejemplo, me dijo tranquilamente al comienzo de la semana que lo que había pasado era un "golpe de Estado" por parte de un sector del gobierno, incluidos militares, que quería reafirmar el poder que había ganado con el presidente Ahmadineyad durante estos cuatro años. Se dice en Teherán que lo que ha sucedido en estas elecciones es una pelea entre dos maneras de concebir el Estado islámico que tiene como fundamento, en cierta medida, la religión.

Ahmadineyad, que es apoyado por el Líder Supremo (el ayatola Alí Jamenei), los guardianes revolucionarios y uno de los ayatolas más importantes de Irán, llamado Mesbah Yazdi, defiende el "Islam original" apegado a las tradiciones más acérrimas. Musavi, que es apoyado entre otros por clérigos y ayatolas importantes como Hashemi Rafsanjani, Mohammad Montazeri y más, defiende un Islam más pragmático, menos pegado a la política, con mayor participación de Irán en el mundo y mayores libertades sociales. Estas dos posiciones se ven reflejadas en las marchas de unos y otros. Mientras las del Presidente son la mayoría de gente trabajadora, humilde y muy tradicional, las de Musavi son más inclusivas donde caben todos los sectores de la sociedad. Esta la mujer de chador que no cree en el Islam que defiende Ahmadineyad, como el joven de clase alta que busca mayor libertad.

Un ejemplo de esta pluralidad son las mujeres políticas reformistas, todas bastante islámicas, que fueron detenidas el viernes pasado y que están acusadas, junto a los otros detenidos, de estar liderando las multitudinarias marchas que se hacen diariamente en Teherán. "En un partido de fútbol el que pierde siempre sale bravo. Entonces es muy normal que por estar disgustado se cruce el semáforo en rojo y por eso el policía de tránsito le tiene que poner una multa", dijo Ahmadineyad en una rueda de prensa para explicar las detenciones. "Los alborotadores no son nadie. No son parte de la sociedad iraní", afirmó en otro momento. Lo interesante de estas acusaciones es que hablando con los participantes a las marchas, ellos no tienen un líder diferente a Musavi, que hace sus anuncios a través de su página web. Y ya está. Pero sin embargo, se sigue encarcelando gente.

Nadie conoce en realidad lo que está pasando, especialmente en otras ciudades del país de donde algunas veces llegan informaciones esporádicas que no se pueden verificar. Esto se debe a que los medios de comunicación extranjeros no podemos salir de Teherán -ya prácticamente no podemos salir de las casas para trabajar, pues nos prohíben reportear en la calle sin un permiso especial, que llega en contadas excepciones-, los medios locales están censurados, y la Internet o está muy lenta o las páginas están bloqueadas.

La cantidad de información que circula por la web con videos y fotos sobre lo que pasa en Irán es casi imposible de ver para las personas que están en el país. Si se tiene un buen programa para desbloquear páginas, como Facebook, Twitter o páginas webs informativas que sirven como material de apoyo para los periodistas, nadie asegura que la velocidad de Internet sea lo suficientemente buena. A pesar de todas estas dificultades, los iraníes se las han ingeniado para subir sus videos y fotos a la red, y han podido mostrar al mundo aquellas marchas a las que los corresponsales extranjeros no tenemos acceso.

Adelante

A pesar de las dificultades de estos últimos siete días, los iraníes saben que la situación puede empeorar si la oposición no para sus protestas. El líder supremo de la Revolución, Ali Jameinei, durante la plegaria del viernes pasado, en la universidad de Teherán, les advirtió a Musavi y a los millones de personas que han participado en las protestas de los últimos días, que detengan las manifestaciones.

"De lo contrario ellos -por los candidatos opositores que también incluyen a Mehdí Karrubi- van a ser responsables de las consecuencias", dijo Jamenei, que se caracterizó por las palabras contundentes. "Si hay un derramamiento de sangre, ellos serán los responsables directos", reafirmó la máxima autoridad iraní frente a miles de personas, entre las que estaban las principales personalidades oficiales del país, con excepción de los candidatos opositores. "La República Islámica nunca traiciona los votos de la gente", dijo, y anunció que el resultado de las elecciones estaba cerrado.

Los candidatos opositores acudieron este sábado al Consejo de Guardianes de la Revolución para explicar ante sus 12 miembros sus denuncias de fraude durante las elecciones. Sin embargo, las declaraciones de Jamenei, que el viernes ratificó que la gran participación de ciudadanos era una reafirmación a la República islámica, no ofrecen muchas esperanzas.

Falta saber cuál es la posición de la oposición y si continúan la protestas. Varias personas consultadas por SEMANA a última hora del viernes dijeron que no estaban dispuestas a parar, lo que deja más tensión en el ambiente. "No hemos puesto muertos para aceptar urnas trucadas", decía el cartel de un simpatizante de Musavi el jueves, el sexto día consecutivo en que se echaban a la calle. Para miles de iraníes, la pregunta de las pancartas sigue abierta: "¿Dónde está mi voto?". No son buenas épocas las que se viven en Teherán.
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