Miércoles, 26 de noviembre de 2014

| 1992/03/16 00:00

En tierra derecha

Con las primarias de New Hampshire a la vista, Bush se lanza, Clinton cae acosado por escándalos personales, y Tsongas asume el primer lugar.

En tierra derecha

ELEGIBILIDAD ES LA PALAbra clave entre los precandidatos demócratas que disputan la mominación a las elecciones de noviembre de este año. Esa palabra resume una tarea que siempre ha sido difícil -derrotar las aspiraciones reeleccionistas del presidente, en este caso George Bush.
Hasta la semana pasada el candidato "elegible" de los demócratas era el gobernador de Arkansas Bill Clinton, quien se mantenía en un cómodo primer lugar en las encuestas. Pero su estrella comenzó a descender cuando nadie lo esperaba. Primero se presentaron las acusaciones de una cantante de cabaret -recogidas por un tabloide de supermercado- según las cuales Clinton habría sido su amante durante 12 años. El periódico incluía descripciones tórridas sobre las relaciones sexuales del precandidato, en escenas ocurridas en la propia mansión oficial de la gobernación.
La estrategia de Clinton de negar el romance pero admitir que no es un ángel, pareció dar resultado durante varias semanas. El público parecía dispuesto a concentrarse en los temas que agobian a la nación: el desempleo, la recesión económica, hasta el sida. Pero Clinton y su equipo no contaban con un golpe que, combinado con el anterior, le aguaría la fiesta: el jueves de la semana pasada el periódico The Wall Street Journal reveló las maniobras que aquel hizo en 1969 para evitar ser reclutado con destino a Vietnam. Pocos días más tarde, el noticiero de la cadena ABC presentó al aire una carta dirigida a un oficial de reclutamiento, en la que el joven Clinton le agradece por haberle "salvado del servicio militar".
Los norteamericanos parecían dispuestos a pasarle a Clinton sus devaneos amorosos, pero el asunto de Vietnam fue el puntillazo. El 4 de febrero el gobernador se sostenía en un sólido primer lugar, con el 38 por ciento del favor de los encuestados. Su variación comenzó a decaer por momentos, y entre el 8 y el 9 se cruzó con la línea ascendente de su rival más cercano, el ex senador Paul Tsongas. Sólo cuatro días más tarde, el destino había cambiado. Tsongas, picando en punta, apareció con el 37 por ciento de las intenciones de voto, y Clinton quedó en un lejano segundo lugar con 22 por ciento.
Esa caída vertiginosa equivale en términos de aviación a una entrada en barrena. Por eso, no faltan quienes sin conocerse el resultado de las primarias de New Hampshire descartan del todo a Clinton. Eso puso de la noche a la mañana a Tsongas en el foco de la atención nacional.
El hombre de Massachussets fue el primer sorprendido con su delantera. Comparado con frecuencia con el fallido candidato Michael Dukakis (tiene impresionantes semejanzas en cuanto a su generación, su origen étnico y su estado natal), es un demócrata menos comprometido con las banderas sociales de su partido, y con una aproximación de centro-derecha a los problemas de la economía. Su nueva posiciónal frente podría, sin embargo, poner en primer plano su actividad de lobby en el Congreso, a la que se dedicó cuando, enfermo de cáncer, tuvo que retirarse de senador.
Las posibles incompatibilidades de ese período, sin embargo, no son lo más grave para los demócratas. Para muchos analistas, la caída de Clinton dejó a los demócratas sin un candidato de primera línea, pues la imagen de Tsongas no alcanza un nivel nacional. Todo indica que por ahora no es el hombre para derrotar al presidente Bush, quien, al proclamar oficialmente su candidatura, tenía a su contendor republicano, Pat Buchanan, lejos en las encuestas.

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