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| 12/15/2011 12:00:00 AM

"En todo el mundo estamos empezando a compartir los mismos problemas"

Andrea Lucia, vive en Barcelona y estudia un doctorado sobre las posibilidades de apropiación y reinterpretación de la experiencia a través de la pintura. Así fue cómo se convirtió en una manifestante.

Semana: ¿En qué momento se unió al movimiento y cuál ha sido su rol?
Andrea Lucía:
El 15 de Mayo del 2011 con el llamamiento a la primera manifestación que luego se convertiría en lo que es el 15M. He estado vinculada a la asamblea de barrio, de mi facultad. Aquí creo que puedo aportar algo de mi experiencia o simplemente de mi fuerza de trabajo.
 
Semana: ¿Qué la impulsó a manifestarse?
A.L.:
La consciencia cada vez mayor de la vulneración de los derechos como ciudadanos que habían sido conseguidos por las generaciones anteriores: el empeoramiento de los convenios profesionales y por tanto de la contratación laboral, la privatización de los servicios públicos y por tanto el sometimiento a la ley de la oferta y la demanda de la salud, el conocimiento y la vivienda; la imposición a los ciudadanos de pagar la mala praxis de los bancos y Estados que les llevo a endeudarse.
 
Semana: Esa es la situación general, pero a nivel personal, ¿cuál fue el motivo de su indignación?
A.L.:
A nivel personal el empeoramiento de estas condiciones se manifiesta en el hecho de que la generación de mis padres pudo acceder a una vivienda sin estar hipotecado tantos años y bastaba con el sueldo de uno de ellos, mientras que ahora es necesario asumirla entre dos. En la generación de mis padres los estudios universitarios garantizaban una vida laboral más o menos estable dentro de la profesión que se había elegido, ahora es necesario recurrir a todo tipo de malabarismos multidisciplinares y aún los estudios doctorales, los conocimientos de otros idiomas no garantizan salir de la precariedad.
 
Semana: ¿Cómo ha afectado la crisis su vida personal?
A.L.:
De muchas formas: la matricula de la universidad aumento éste año un 7,6%, mientras que los salarios en vez de aumentar descienden; el número de becas es cada vez menor y ciertas asignaturas desaparecen; la burbuja inmobiliaria se estancó y aunque los precios de los alquileres no han aumentado tampoco disminuyeron. Pasé de pagar 130 euros en el 2000 a pagar 350 cinco años después por una habitación. La crisis vivida dentro del movimiento, ha afectado mi vida para entender que si los dirigentes de los estados siguen siendo sordos a las penas del cuerpo social, la solución a un escenario terriblemente duro de precariedad es solo posible de enfrentar a través del trabajo colectivo.

Semana: ¿Cómo ve su futuro más allá del movimiento?
A.L.:
Esperaría que los gobiernos europeos se dieran cuenta que si continúan con la política actual el escenario al que nos enfrentamos será menos saludable para todos, pero no veo que sus acciones acompañen ésta visión. Así que creo que mi futuro será más complicado económicamente, pero socialmente puede que esta crisis nos obligue a abordar definitivamente el deterioro de un sistema económico en declive. Creo que más allá del movimiento, la elección y consciencia de generar mecanismos que refuercen lo colectivo y colaborativo es muy importante para mí ahora.
 
Semana: 2011 fue un año histórico para los movimientos sociales. ¿Qué va a pasar durante el 2012?
A.L.:
En el 2012 se seguirá trabajando más para frenar la desigualdad cada vez más acentuada. Los movimientos sociales ayudan a convertir la frustración social de la imposición de la supervivencia en vivencia. El trabajo colectivo nos agrupa en torno a un proyecto común a pesar de las diferencias.

Semana: Cada país tiene sus problemas propios y esa fue la pólvora que encendió las protestas en cada uno de los lugares, pero ¿qué hizo que la protesta se volviera global?
A.L.:
En todo el mundo estamos empezando a compartir los mismos problemas, las imposiciones de acuerdos preferenciales para un grupo reducido de la población son globales. De ahí el éxito de “we’re the 99”, ese 1% que sale beneficiado interviene sobre la cuentas de todos los países. Los grandes capitales del mundo están comprando tierras y acciones desde la Patagonia hasta Vietnam y están empezando a decidir el precio de los alimentos en todo el mundo.


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