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| 8/8/1983 12:00:00 AM

ENCUENTRO EN EL VACIO

Como se esperaba, la "cumbre" Kohl-Andropov no aportó nada a la distensión mundial

Pese a que en los días anteriores al encuentro Kohl-Andropov realizado, por fin, en Moscú la semana pasada, Washington fruncía el ceño, la verdad es que al regreso del canciller alemán a Bonn, los funcionarios de la Casa Blanca respiraron tranquilos y, por qué no, satisfechos. Lo que temían, un posible mejoramiento de las relaciones entre el bloque europeo y la nación comunista, en desmedro de la unidad de la alianza occidental, terminó con un endurecimiento en las posiciones de ambos bandos.
La manzana de la discordia esta vez fue la proyectada instalación de los misiles de la OTAN en Europa occidental para finales del año, en la que Alemania juega un papel fundamental. Los rusos, que ven con ella amenazada su seguridad, han acudido a todos los argumentos de la diplomacia para inducir al gobierno germano a cambiar la decisión, ratificada en Williamsburg, de apoyar la iniciativa de colocar los proyectiles Pershing y Cruise apuntando al suelo de la URSS.
La advertencia más severa del Kremlin se ha referido a aumentar sustancialmente el número de misiles SS-20, cuyo blanco serían ahora las principales ciudades del viejo continente.
Fiel a la amistad incondicional que le une al presidente Reagan, el canciller Kohl no se dejó impresionar por las promesas retaliatorias de Andropov, así el pellejo de los alemanes sea el que corra el mayor peligro en caso de estallar un conflicto. Por el contrario, el líder occidental se limitó a presionar en el sentido de que cualquier tipo de acuerdo sobre esos misiles se ha de celebrar en las negociaciones que llevan a cabo rusos y norteamericanos en Ginebra.
El visible enfriamiento entre Moscú y Bonn constituye un nuevo espaldarazo para la política de línea dura formulada por los Estados Unidos. En el caso de Alemania, el suceso merece singular atención no solo por la importancia militar germana, sino también debido a que la República Federal es la nación occidental que más exporta a la URSS. De tiempo atrás se viene mencionando la necesidad de limitar la trasferencia de tecnología a los soviéticos a través de las vías comerciales germanas. Las posibles restricciones que pueden surgir después de la "cumbre" del pasado 5 de junio significarán un fuerte revés a la diplomacia de Moscú que, poco a poco, ve cerrarse los canales de comunicación que tiene con Europa occidental.
Menos satisfechos que la Casa Blanca, los socialdemócratas de Alemania Federal, censuraron la actitud del canciller Kohl en la "cumbre", diciendo que éste se limitó a repetir en ella posiciones harto conocidas, en lugar de aprovechar la oportunidad para mejorar las posibilidades de lograr un acuerdo en Ginebra. "Este hecho -declaró el diputado Egon Bahr- demuestra hasta qué punto Alemania Federal ha perdido autonomía en el concierto de los países de Occidente, sumándose en forma incondicional a las posiciones norteamericanas ".
Empero, un suceso imprevisto se robo parte de la atención que recibió la reunión Kohl-Andropov: los trastornos de salud de este último. A escasos días de haber acumulado los máximos títulos en la jerarquía comunista, los observadores vuelven a preguntarse si la duración del líder soviético será lo suficientemente larga como para instaurar una política coherente para la URSS. En realidad, los quebrantos de salud de Andropov constituyen una larga lista, a veces imposible de disimular, que incluye arterioesclerosis, deficiencias renales, problemas en el equilibrio y disturbios hepáticos.
En resumidas cuentas, los escasos resultados de esta "cumbre" confirman la creencia sobre la conformación de dos áreas bien definidas en el escenario del poder mundial. Mientras en la pasada década las naciones europeas se mostraron partidarias de una postura independiente hacia el Kremlin, las circunstancias actuales indican que existe una situación de tirantez entre Oriente y Occidente que concentra las decisiones en Washington y Moscú.
Si bien Kohl, en un momento determinado, pareció querer propiciar un encuentro entre Reagan y Andropov, ninguno de los dirigentes tiene mayor interés para enfrentar al otro cara a cara.
Por ahora, la presión continúa subiendo a medida que el horizonte en Europa amenaza poblarse de ojivas nucleares.
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