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| 8/18/2003 12:00:00 AM

Enfrentar el pasado

Argentina hace las paces con su historia. A tiempo que levantó el manto de impunidad de su guerra sucia reconoce que refugió a los nazis.

La Argentina ha resuelto revisar con valentía las peores páginas de su pasado. La anulación, la semana pasada, de las leyes que garantizaron la impunidad a los responsables de crímenes durante la dictadura militar, se unió a la decisión del presidente Néstor Kirchner, de abrir los archivos de los criminales nazis que se refugiaron en el país al finalizar la Segunda Guerra Mundial.

A fines de julio se conoció la ficha de ingreso al país de Joseph Mengele, el médico que experimentaba con sus víctimas en el campo de concentración de Auschwitz. Esta es apenas la punta del iceberg, pues todavía falta por abrir los expedientes de unos 300 criminales como Adolf Eichmann, el responsable del exterminio de siete millones de judíos, y Klaus Barbie, el 'carnicero de Lyon'.

Estos papeles empezaron a salir a la luz gracias al revuelo internacional causado por el libro La auténtica Odessa, del periodista argentino Uki Goñi, en el que relata la red tejida para la fuga de los más grandes criminales de guerra europeos y de miles de sus seguidores. Como dijo Goñi a SEMANA en su apartamento en Palermo Chico, a 20 metros de donde vivió Carlos Fuldner, el agente de las SS que coordinó la principal ruta de los nazis y que protegió a Eichmann, "en 1998 solicité a Migraciones ver 49 expedientes y se negaron. Cuando salió mi libro en Estados Unidos el centro Simón Wiesenthal me pidió la lista de los documentos y solicitó al gobierno abrir esos archivos", cuenta.

Ante el silencio oficial el diario The New York Times comenzó la presión.Y en mayo 22 legisladores del Congreso de Estados Unidos presentaron una resolución en el mismo sentido.

El punto de llegada, dice Goñi, era la Argentina de Juan Domingo Perón, donde una mezcla de cardenales, militares nacionalistas y emigrados europeos de militancia o simpatías fascistas tendieron una red de oficinas en Europa para garantizar el viaje -documentación, visados, pasajes- de los criminales y partidarios, cuyo vértice era la División de Informaciones que respondía a Perón. "Lo notorio del caso argentino -dice el autor- es la relevancia de los que vinieron: el croata Pavelic, la flor y nata de las SS, y los responsables de la 'solución final' al problema judío: Adolf Eichmann, Joseph Schwamberger, Gerhard Bohne, Erich Priebke". Esta Odessa era "imposible sin el Vaticano", que fue su principal promotor y ejecutor, dice Goñi. "Sólo la Iglesia Católica era capaz de tejer la trama de tan colosal tarea".

La 'Odessa' argentina

En efecto, la Odessa (la famosa novela de Frederick Forsyth) argentina confluye en la Ciudad Eterna. Goñi aporta documentación para demostrar la vinculación de Pío XII y de Giovanni Montini (futuro Pablo VI). Una de las claves fue el obispo austríaco Alois Hudal, que en 1948 escribió a Perón pidiéndole 5.000 visas para soldados alemanes y austríacos. Durante una celebración navideña en 1947 Hudal dijo a un grupo de 200 fugitivos nazis ocultos bajo su protección en el Vaticano: "Pueden confiar en que la policía no les encontrará: no es la primera vez que la gente vive en las catacumbas de Roma", según relata Goñi en su libro.

La operación era dirigida en Roma por el sacerdote y criminal de guerra croata Krunoslav Draganovic desde su iglesia de San Girolamo, donde daba refugio a los criminales croatas y alemanes. Del lado argentino, el cardenal Antonio Caggiano canalizaba solicitudes de visa. En el mismo barco en que Caggiano retornó a Buenos Aires, luego de su consagración en Roma, viajó el primer criminal de guerra al Río de la Plata, el francés Emile Dewoitine.

Al terminar la guerra, y al nacer la urgencia de frenar a los soviéticos, los ingleses y norteamericanos empezaron a utilizar, con el apoyo del Vaticano, a los antiguos criminales contra los nuevos gobiernos comunistas. Goñi relata que en 1947 se llegó a un acuerdo secreto entre el Vaticano, Londres y Washington para no extraditar más criminales a la Yugoslavia del mariscal Tito y enviarlos a la Argentina. Fue así como en 1951 Klaus Barbie fue entregado por los norteamericanos a Draganovic para ser enviado a Suramérica.

El mecanismo de la Odessa argentina era así: la Dirección de Migraciones otorgaba un permiso de desembarco al solicitante, con un nombre falso, con el cual el prófugo obtenía de la Cruz Roja un 'documento de viaje'. Luego solicitaba una visa en el consulado y una 'certificación' de identidad al llegar a Buenos Aires.

En 1949 Perón aprobó una amnistía mediante la cual los que ingresaron con nombre falso podían recuperar su identidad. Gracias a ello homicidas y colaboradores lograron vivir cultivando rosas, como vecinos ejemplares. Erich Priebke, agente de las SS en Roma, acusado de la matanza de 335 personas en las Fosas Ardeatinas, escapó bajo un nombre falso, recuperó su identidad en 1949 y vivió como ciudadano modelo en la idílica Bariloche, hasta que un equipo de la televisión norteamericana lo descubrió en 1995, luego de lo cual fue extraditado a Italia.

Por otro laso las as extradiciones de criminales fueron contadas. En 1959 Alemania pidió la extradición de Mengele y la Argentina tardó tanto que el médico asesino escapó a Paraguay, para morir 20 años después en una playa brasileña. El 7 de agosto falleció en Mendoza el italiano Bruno Caneva, de 91 años, campeón mundial de esquí, instructor de Perón, acusado de la matanza de 82 personas en 1945 en Pedescala, a pesar de lo cual vivió casi medio siglo practicando deportes en los Andes. Cuando el Centro Simón Wiesenthal se preparaba para pedir su extradición el viejo asesino supo convenientemente morir en su lecho.

Si del pasado se aprende, es de esperar que los culpables de crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura militar argentina en los 70 logren ser juzgados antes de morir tan apacibles.
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