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| 4/1/2006 12:00:00 AM

Enigma en Lima

Nadie puede explicar por qué Humala llega en primer lugar a la recta final por la presidencia peruana. Y nada está escrito. , 78142

La elección presidencial del próximo domingo será crucial para Perú: Ollanta Humala, un candidato nacionalista que se confiesa cercano ideológicamente al presidente Hugo Chávez, lidera las encuestas y cada vez parece más cerca de alzarse con el triunfo para liderar una revolución que incluye, entre otros puntos, nacionalizar sectores estratégicos, revisar contratos de las multinacionales y controlar los medios de comunicación.

Su principal oponente, de una lista total de 20 candidatos, es Lourdes Flores, una mujer de 46 años, soltera y sin hijos, quien profesa una gran admiración por el presidente Álvaro Uribe, y que apuesta por el modelo neoliberal que ha llevado Perú a crecer anualmente más de 6 por ciento desde 2003, aunque sin reducciones en los altos niveles de pobreza. En este río revuelto podría sacar réditos el ex presidente Alan García, un candidato profesional y canchero que todavía tiene –según las encuestas– posibilidades de pasar a la segunda vuelta.

Humala, de 43 años, es un militar retirado que encabezó una rebelión contra el presidente Alberto Fujimori en 2000 –cuando éste ya estaba de salida– y que llega a esta elección sin ninguna experiencia política previa, lo que le convierte en un verdadero enigma.

Ollanta es hijo de Isaac Humala, quien inculcó a toda su familia su proyecto político nacionalista y autoritario, en el cual se plantea la supremacía de la raza indígena, una tesis de la que el aspirante se ha deslindado. El ex militar se ha convertido en un gran fenómeno político en el Perú rural y entre los pobres, y avanza a contracorriente de la gran mayoría de los medios de comunicación y los grupos empresariales, que advierten sobre los riesgos de un gobierno suyo.

Los analistas en Perú no tienen explicación del éxito de su campaña, que arrancó en agosto pasado con 4 por ciento de intención de voto y que ha crecido hasta 34 por ciento actualmente, contra 27 por ciento de Flores y 20 por ciento de García. Todos concuerdan, sin embargo, en que la figura de Humala calza perfectamente con esa propensión de los peruanos a elegir candidatos inesperados, como se vio en 1990, cuando Fujimori –en ese entonces un agrónomo desconocido– derrotó en un envión de última hora al escritor Mario Vargas Llosa, o en 2001, cuando Alejandro Toledo derrotó al propio García, quien en ese entonces parecía invencible.

Pero Humala carga con un pasado oscuro, y sus propuestas autoritarias –que ha moderado al máximo en la campaña– inquietan. Militar durante la guerra contra Sendero Luminoso, tiene acusaciones de violaciones a los derechos humanos que no se han podido comprobar. También preocupan a Estados Unidos sus vínculos fuertes con un sector cocalero que reclama la posibilidad de aumentar las siembras.

La preocupación que genera este hombre hizo que a mediados de marzo, cuando alcanzó el primer lugar en los sondeos, la Bolsa de Lima tuviera su peor caída del año, con 4,08 por ciento, y el riesgo país del Perú subiera de 195 a 228 puntos en Nueva York.

Consciente de las resistencias, Humala ha dedicado gran parte de sus esfuerzos del último mes a defenderse de los ataques que le llueven desde todos los flancos y tratar de convencer que su discurso es moderado. Es una “guerra sucia y asquerosa. La campaña es una verdadera cloaca”, definió el candidato. Las acusaciones de sus opositores no parecen haber hecho mella en su popularidad. En cambio, podrían hacerle daño las declaraciones de su entorno, un verdadero dolor de cabeza para él. Su madre, por ejemplo, dijo recientemente que “con dos homosexuales que sean fusilados ya no habría en la calle tanta inmoralidad”.

Su padre, mientras tanto, habló de amnistiar a los jefes guerrilleros, entre ellos el temido Abimael Guzmán, líder del sangriento Sendero Luminoso, mientras que su hermano Antauro dijo que la prensa debía ser estatizada, y uno de sus candidatos a vicepresidente señaló que la difamación en la prensa debía ser castigada con cadena perpetua.

Eso llevó a Ollanta a pedir a sus padres una “cura de silencio” y a decir que no sabía si Antauro Humala era su hermano o su enemigo.

Pero la declaración que rebosó la copa en el ámbito peruano fue la del vocero de Humala, Daniel Abugattás quien, en una entrevista al diario La República, dijo de la primera dama, Eliane Karp, esposa del presidente Alejandro Toledo, que era “una hija de puta”. Humala destituyó de inmediato a Abugattás (aunque lo mantiene como candidato al Congreso), pero el hecho acabó de exacerbar la campaña electoral.

El excesivo protagonismo de Humala ha opacado a la abogada Flores, una candidata convencional y poco carismática quien, sin embargo, podría convertirse en la primera mujer Presidenta de su país. Estudiosa, de honestidad reconocida, debió cambiar su estrategia de campaña (sacrificando, a su pesar, a su asesora colombiana Glorisa Ramírez) y entrar en la guerra de acusaciones planteada por sus rivales.

El problema de Flores es que, rodeada por los mismos medios de comunicación y empresarios que atacan a Humala, tiene dificultades para convencer a los peruanos de que no es la candidata de los ricos. En entrevista reciente, reconoció que en Perú hay una “frustración larvada” en los sectores populares y enfatizó en la necesidad de demostrar que ella puede canalizar de una manera ordenada esa “ira contenida” de la población. Pero los sondeos muestran que la gente de los sectores populares tiene más fe en Humala. Un reciente sondeo de Datum señala que en el sector más marginado (que correspondería a los estratos 1 y 2 en Colombia), por cada dos personas que voten por ella, tres lo harán por Humala. En cambio en los sectores más privilegiados (estratos 4 a 6), Flores se lleva el 47 por ciento de los votos, contra 10 por ciento del ex militar.

En este complejo panorama, el ex presidente García (1985-1990) todavía apuesta a colarse en la segunda vuelta. “Entre la derecha continuista de Lourdes y la horda aventurera de Humala, vengo yo”, proclama. Las encuestas muestran que su nombre genera un gran rechazo y que apenas se acerca a los punteros, pero nadie se atreve a descartarlo.
Puestas así las cosas, la carrera por la Presidencia de Perú se ha convertido en un duelo entre Flores, que busca convencer a los más pobres con su programa de gobierno, y Humala, esforzándose en mostrar que si gana, la economía no colapsará. El duelo Humala-Flores es presentado también como un enfrentamiento ricos vs. pobres, Lima vs. resto del país o blancos vs. mestizos.

Mario Vargas Llosa, quien llegó a Perú para celebrar su cumpleaños número 70, evitó hablar de política, pero finalmente no aguantó y se lanzó contra el proyecto Humala. “Cómo es posible que tras salir de 10 años de vergüenza con Fujimori, exista hoy por lo menos un tercio de la población que quiere volver a la dictadura, al autoritarismo, a la prensa sojuzgada, a la impunidad y al atropello de los derechos humanos”, dijo recientemente en una conferencia de prensa. “¿Qué está pasando en mi país para que cunda una ceguera política moral y cultural semejante?”, se preguntó el escritor.

Por su parte, el periodista Jaime Bayly, quien en varias ocasiones ha proclamado su bisexualidad, se preguntó con ironía si, en caso de ganar Humala, tendría que irse del país para evitar ser fusilado. Bayly, que conduce un programa llamado El Francotirador, invitó a Humala, pero –dijo– en la campaña del nacionalista le respondieron que no aceptarían una entrevista con un maricón.

Polarización e incertidumbre rodean la elección peruana, donde los caprichos y la volatilidad del electorado impiden hacer pronósticos. Hoy parece que Humala y Flores pasarán a una segunda vuelta, pero García les respira en la nuca y, se sabe bien, en términos de campañas políticas, el hombre sabe bien cómo es el negocio.
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